fbpx La “literatura tlatelolca”, clave para entender la matanza del 68

CIUDAD DE MÉXICO, 2 de octubre (Al Momento Noticias).- El escritor y periodista Gonzalo Martré (Metztitlán, Hidalgo, 1928) afirma que luego que el periodismo fuera incapaz de denunciar la matanza de estudiantes el 2 de octubre de 1968 en Tlatelolco, la literatura es la única opción que las nuevas generaciones tienen para conocer lo que sucedió.

“La literatura propagó entonces y desde entonces, lo que la crónica periodística, amordazada por la autocensura convencional, no pudo consignar en las páginas de la historia”, afirma Martré, autor del libro El movimiento popular estudiantil de 1968 en la novela mexicana (UNAM), a 46 años de la tragedia.

PUB-000144Apuntala: “Si los jóvenes van a la hemeroteca se van a encontrar con que las noticias sobre el movimiento y la matanza, además de sucintas, fueron hechas con información alterada. Así que el que quiera enterarse de lo sucedido tiene que ir a la literatura”.

TESTIMONIO, ENSAYO Y POESÍA

En su libro, Martré hace un estudio puntual de estas obras, que ha bautizado como “literatura tlatelolca” y que van del testimonio, el ensayo y la poesía, al cuento y la novela.

Justo en novela —el género más prolífico junto con el de testimonio—, analizó las treinta más representativas que se escribieron sobre el tema, incluyendo la que él mismo hizo: Símbolos transparentes.

Dividió las 30 obras en tres apartados: las que abordan todos o algún aspecto del movimiento del 68; las que se ubican en aquel momento histórico, y aquellas en las que, aunque no sea abordado el tema directamente, sí es mencionado por alguno de los personajes.

“Esta estructura era necesaria, porque muchos lectores se confunden. Algunos dicen: ‘Esta novela es del 68 porque es de jóvenes y transcurre en ese año’. Pero resulta que al leer la novela, los protagonistas no se metieron a las protestas estudiantiles para nada.

“El ejemplo típico es Compadre Lobo, de Gustavo Sainz. Casi al último, a sólo cuatro páginas del final, describe el momento en el que todos sus personajes están en una exposición en avenida Juárez, cuando de pronto ven pasar una marcha. Eso es todo”.

Entre las novelas que sí tocan el tema, Martré destaca cuatro: El gran solitario de Palacio, de René Avilés Fabila; La Plaza, de Luis Spota; Muertes de Aurora, de Gerardo de la Torre, y Los octubres del otoño, de Martha Robles.

Sobre la novela de Avilés Fabila, opina Martré que aunque “es de indispensable lectura en la saga del 68, no logra ser una buen producto literario”. Afirma que “siendo El águila negra (como se autonombraba René Avilés) un gran escritor, se precipitó, le falta trabajo a esta novela. Quería escribir sobre el tema y que apareciera lo más pronto posible.

“Es verdad que es la única que trata con gran nitidez la personalidad de Gustavo Díaz Ordaz, y que la sátira de un presidente que siempre es el mismo y nada más se hace cirugía estética, es muy buena; lamentablemente en donde falla es en la figura de sus personajes estudiantes que no están bien dibujados”.

Ya encarrilado, aprovecha para descabezar el texto de Spota: “La Plaza no es más que una diatriba en contra del movimiento. Lamentablemente para Spota, ahí se exhibió como un novelista a sueldo del sistema; tal vez creía en lo que estaba escribiendo, pero toda la gente que lo leyó pensó que fue pagado”.

diazordazEn el caso de Muertes de Aurora, de De la Torre, describe la influencia del movimiento estudiantil sobre los trabajadores petroleros, la única, a decir del escritor y crítico literario Alejandro Toledo, que estudia la participación de los obreros en dicho proceso.

Los octubres del otoño, en tanto, es una descripción del movimiento estudiantil a través de los jóvenes personajes que protagonizan la historia: Sebastián, Jacinto, Ángel, Berenice y Natalia, quienes viven con intensidad el momento histórico que les tocó vivir.

Otras novelas sobre el movimiento son: Los días y los años, de Luis González de Alba; Regina: el dos de octubre no se olvida, de Antonio Velasco Piña; y Amuleto del narrador chileno Roberto Bolaño.   

“PONIATOWSKA ME PLAGIÓ”

De los siete libros de testimonio que existen, Martré pone especial atención en dos: ¡El Móndrigo! (anónimo), el primer libro editado tras la matanza, en el que se hace una denuncia en contra de los estudiantes, y La noche de Tlatelolco, la obra sobre el 68 con el mayor número de ediciones, escrita por Elena Poniatowska.

Sobre esta última, asegura Martré que “es un fusil de notas” que Luis González de Alba utilizó para su libro Los días y los años.

“Por razones muy personales —expresa Martré— Luis calló durante 30 años que La noche de Tlatelolco había sido escrito luego de que Poniatowska le plagiara un sinnúmero de textos. Después de 30 años Luis lo reveló pero ya nadie le hizo caso. El peso de 20 ediciones ya era mucho. Si no lo dijo en su momento, más valía que hubiera callado, porque ya nadie se lo creyó”.

Al respecto, la misma Poniatowska en entrevista por separado ha dicho: “Eso es totalmente falso. De hecho todavía guardo las grabaciones de las entrevistas que realicé. Además, publiqué La noche de Tlatelolco antes que González de Alba publicara su libro. ¿Cómo entonces pude haberlo plagiado?”, alega.

Muy diferentes son las novelas enumeradas en este texto. De distinta calidad literaria e incluso, algunas de ellas, con posturas políticas encontradas. Sin embargo, algo las une estrechamente: su vigencia. A 46 años, se trata de un capítulo ominoso, del cual aún desconocemos mucho.

Sirva la literatura para no olvidar lo ocurrido no sólo el dos de octubre de 1968, sino todos los días que le antecedieron. La literatura como gozo estético, sí, pero también como constructora de la memoria histórica.


AMN.MX/jca/jmg

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