CIUDAD DE MÉXICO.- Cada conflicto bélico inicia con el mismo patrón: shock, incertidumbre y pérdidas. El mercado reacciona rápidamente, reflejando en precios el costo potencial del conflicto y asumiendo, de inicio, un impacto más profundo de lo que termina siendo. Es el momento donde domina la emoción y las primas de riesgo se ajustan de forma agresiva.
Sin embargo, la evidencia histórica es más contraintuitiva. En la mayoría de los episodios, a 3 meses el S&P 500 ya muestra avances, incluso mientras el conflicto sigue abierto. El caso reciente de la guerra en Irán apunta a un alza de 8.6% a tres meses, reforzando este patrón. A medida que el mercado incorpora escenarios y reduce la incertidumbre, lo que inicialmente es percibido como disrupción estructural se transforma en un evento que puede ser modelado, absorbido e integrado en las expectativas.
Hacia los 6 meses, este proceso se consolida más: el mercado ya no reacciona al evento, sino a sus implicaciones. Existen excepciones, siendo la más clara la invasión de Ucrania en 2022, donde el S&P 500 registró pérdidas tanto a 3 como a 6 meses. Sin embargo, ese episodio se distingue por ser el más extremos de los últimos 76 años, tanto por su magnitud como por sus implicaciones geopolíticas y económicas.
Las guerras pueden prolongarse, pero para los mercados, su impacto rara vez lo hace.
AM.MX/fm
