Andy S. K. Brown*
Trump: Segunda llamada, segunda…
AIFA: Otra derrota de Sheinbaum
“El Cero Votos”: de NXIVM al ocaso
Significativo es que el Orange Trump haya escogido el festejo del Día de las Madres organizado por la Casa Blanca para anunciar que, si Claudia Sheinbaum no hace su chamba de combatir verdaderamente a los narcos y a los políticos que los protegen, él le dará en la madre a la 4T.
La obra está a punto de iniciar. Tras la primera llamada que ha sido el indictment en contra de Rubén Rocha y su banda de narcofuncionarios, la segunda llamada acaba de escucharse: si el gobiernito de México no cumple con la labor de atacar el tráfico de drogas a través de la vía terrestre, Estados Unidos hará el trabajo por sí mismo, tal como lo ha hecho con los bombardeos en contra de supuestas narcolanchas en el Caribe y en el Pacífico.
Y es que para Trump, lo mismo que para muchos mexicanos, la situación ya debe ser desesperante. Por eso advirtió en dicho evento la existencia de gobiernos “cómplices”, como sin duda catalogan al instaurado por AMLO y que dócilmente hoy continúa con CSP.
¿Va a esperar doña Claudia el bombardeo de la residencia en la que supuestamente tienen arraigado al gobernador sinaloense con licencia o ya lo va a detener, como se lo piden las autoridades judiciales del vecino del norte?
En este maternal mayo ¿ya se habrá dado cuenta Sheinbaum de que su discurso soberanista, el de la “cooperación y no subordinación” también vale madres en Washington?
Segunda llamada, segunda…
No esperen a que Trump diga “empezamos”.
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Vaya contando todos los pleitos con Estados Unidos que han perdido Claudia Sheinbaum y su gobiernito de la 4T.
El más reciente fue el frustrado acuerdo para que las autoridades aeronáuticas del vecino del norte reconozcan a la “terminal avionera” cuyas siglas son AIFA, como una terminal internacional, categoría que perdió por uno más de los caprichos de AMLO.
Y es que la 4T accedió finalmente a alinearse a los términos del Acuerdo Bilateral en Servicios Aéreos firmado en 2015, lo mismo que a cesar prácticas calificadas como anticompetitivas por el Departamento de Transporte de Estados Unidos.
La bronca inició cuando López Obrador redujo abruptamente de 61 a 52 y luego a 44 los slots (número de despegues y aterrizajes por hora) de las aerolíneas de pasajeros en el AICM y obligó a las aerolíneas de carga a reubicar sus operaciones al AIFA.
Sean P. Duffy, titular del Departamento de Transporte de la Administración Trump, escribió en un memorándum dado a conocer aquí por la Cancillería y por la SCT que “al restringir los slots y exigir que las operaciones de carga se trasladaran fuera del AICM, México rompió su promesa, perturbó el mercado y dejó a las empresas estadounidenses con millones de dólares en costos adicionales”.
Y condicionó el reconocimiento al “Felipe Ángeles” a que Sheinbaum regrese a 2022 cuando los vuelos de carga llegaban al AICM y que vuelva a haber el número de slots que se tenían antes de la mala decisión de AMLO.
Otra derrota. Y se siguen acumulando.
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En la política mexicana, hay personajes que confunden la cercanía con el sol con la capacidad de iluminar ellos por cuenta propia. Arturo Ávila, el empresario de los blindajes que saltó de las filas de Vangard de NXIVM a los templetes de la Cuarta Transformación, parece haber descubierto que, en el tablero del poder real, el oportunismo tiene una fecha de caducidad muy temprana.
La salida de Luisa María Alcalde de la dirigencia de Morena no es solo un reacomodo estratégico hacia la Consejería Jurídica; es el epitafio de una ambición mal calculada. Ávila, con una ingenuidad política que raya en la torpeza, apostó a que el acceso personal le otorgaría, por ósmosis, la gubernatura de Aguascalientes y un pasaporte para llenar los garajes de los nuevos gobiernos con sus “cochecitos” blindados.
Sin embargo, el cálculo falló. El “paladín” resultó ser un lastre reputacional que la narrativa de la austeridad ya no pudo cargar. No se puede predicar la “honestidad valiente” mientras la prensa documenta un estilo de vida que incluye una mansión de **4.8 millones de dólares en Rancho Santa Fe, California, (revelada por investigaciones de Latinus y Reforma). Ese contraste no solo ofendió a las bases; encendió las alarmas en Palenque, el centro del poder.
Lo que Ávila no previó fue que su pasado no se borra con un chaleco guinda. Su nombre quedó grabado en el juicio de Nueva York contra Keith Raniere, donde testimonios y registros lo señalaron como parte del círculo que operó para la secta NXIVM en México. Al intentar infiltrarse en el linaje morenista, se topó con muros institucionales. En el complejo entramado de poder y familia, chocó con figuras como Zoé Robledo, un político de carrera que entiende que las instituciones se cuidan y que los expedientes se guardan para el momento preciso.
Hoy, el panorama para el empresario es gélido. Sin el cobijo de Ricardo Monreal, experto en soltar lastre antes de que el barco se incline, y con su pareja fuera de la estructura de mando del partido, Ávila ha quedado en la orfandad. Su destino parece estar lejos de las boletas de 2027 y peligrosamente cerca de las páginas de los pasquines de chismes de bajo mundo.
Pasar de pretender ser el “estratega de seguridad” y el vocero oficial de Morena, a ser carne de cañón para revistas de espectáculos es el descenso más humillante para quien soñó con gobernar.
Arturo Ávila es hoy el recordatorio de que, cuando intentas usar el poder como escudo para tus negocios y tus sombras, terminas siendo el blanco perfecto de los reflectores que tanto buscaste. El experimento ha terminado; solo queda el costo político de una incongruencia que ya no tiene quién la defienda.
@AndySKBrown*
*Pseudónimo bajo el que se redactan informaciones comprobadas que son enviadas por lectores y colaboradores del portal Índice Político.
