jueves, abril 18, 2024

La derecha mexicana: muy sopita pero ternurita

El zócalo es de todos
“…En todo caso es increíble que a la hora de la verdad hasta los más liberales sean tan conservadores…”
Gabriel García Márquez

Por Rafael Serrano


La marea rosa en el zócalo protestando contra la “Dictadura”

Una multitud llenó el zócalo el pasado 18 de febrero. No era una multitud variopinta, era una multitud conservadora, rencorosa, escondida en “su” mundo. Se sentían heridos, amenazados o destruidos y se apropiaron del discurso democrático. El orador “único” nos habló de que no se está contra ningún partido ni contra ningún gobierno pero luego le endilga al presidente la “destrucción” de las instituciones que “tanto trabajo nos han costado”… mientras una rabiosa multitud gritaba “Fuera López… narco presidente… dictador…”; sin “odio”, pura libre expresión y decencia. No son pocos los conservadores de derecha: estudios empíricos calculan que son entre 15 y 17 millones de personas. Es el tamaño del bloque conservador. Su cúpula es dueña del poder económico y mediático. Sin ofender, son objetivamente una oligarquía y tienen algunos seguidores que no son ni serán oligarquía: grupos de la clase media o pobres que padecen el síndrome de Estocolmo.

Atrás o en frente de este discurso del zócalo, “neutro y objetivo”, aparecían los bustos heriáticos: herméticos, inexpresivos, fríos, inalterables, severos, solemnes, distantes de personajes como Roberto Madrazo, Beatriz Pages, Alito Moreno, Marco Marko Cortés , Carlos Alazraki, Carlos X, Manlio Fabio Beltrones, Chucho Zambrano, Enrique Krauze, Amparo Casar, Soledad Loaeza, Margarita Zavala, Santiago Creel , Claudia Ruiz Massieu, Lily Téllez, Denise Dresser, José Woldenberg, Héctor Aguilar Camín y toda la inteligencia del establecimiento que, dicen, forjaron la democracia “sin adjetivos”. La Plaza de la República se pobló de estos herederos del legado conservador. Una rotonda alternativa de los hombres/mujeres ilustres del México que queremos ser. Con cara circunspecta , de novedad, de olvido y desprecio defendían y excluían. Una voz conservadora y muy mexicana señalaba: “ a esta marcha no vienen los ignorantes”, la chiruza morena está excluida y “comprada”. Muy sopitas buscan restaurar el viejo régimen vestidos de demócratas neoliberales; ahora arropando las imposturas y ocurrencias de su candidata (ternurita). Bienvenidos a la democracia que tanto y tanto tiempo nos conculcaron.

Este domingo, 18F, un grupo de mexicanos se sintieron “pueblo” y criticaron a los que los “excluyen y los discriminan”: AMLO y su “pandilla” morenista. Afirman que son mexicanos, ergo son “pueblo”: los fifís, aspiracionistas, intelectuales buena ondita, narcos de verdad, saqueadores priistas/panistas, empresarios filantrópicos, empresarios y los ladinos mezclados con hombres/mujeres de buena voluntad. Así es, son mexicanos. El domingo tuvieron su tercer baño de pueblo y nadie los reprimió. Nadie los excluyó. En realidad nadie los excluye, ellos se excluyen y claman por volver al statu quo y evitar “la destrucción de México” reviviendo instituciones corruptas y decrépitas . Los que no pensamos como ellos los soportamos y aguantamos vara y les replicamos. De eso va la libertad de expresión y la democracia.

Como deseo tramposo, los conservadores que tomaron el zócalo para defender la “democracia amenazada” quieren ser pueblo. Pero lamentablemente no lo son. Ontológicamente estos manifestantes desprecian al pueblo llano, lo odian: son “ciudadanos” de una República que inventaron en sus cubículos o en sus cofradías empresariales y mediáticas. Ya lo dijo Ciro Murayama: “el pueblo no existe”. Sin embargo, a este fantasma le llaman “nacada·, “chusma empoderada”, “chairos fanatizados”. Confunden la exclusión con el debate y la crítica a sus posiciones. A la crítica dura e incluso ofensiva le llaman “dictadura”· y cuando ellos critican y ofenden le llaman “libertad” privatizada que contrarresta la “lógica” chaira: “Yo tengo la razón y te callas y no ofendas, chairo ignorante…”. Son reaccionarios libres y nadie los persigue. Los morenistas y lopezobradoristas responden igual; tal vez con menos fobia y más ironía/sarcasmo.

Es propio de la democracia que haya confrontación e incluso violencia simbólica entre intereses opuestos, siempre y cuando no llegue la sangre al río (como sucedió con el asesinato de Colosio). Y afortunadamente no ha llegado. Por supuesto que se aspiraría a una democracia en que se debata para que el mejor argumento, el racional/verdadero/justo, se imponga como Voluntad General. Pero eso es todavía un ideal por alcanzar; incluso en las democracias que llaman “maduras” la violencia simbólica es la materia prima de la lucha electoral. Lo que llama la atención es que la derecha mexicana habla y discursea sobre la pérdida de la libertad de expresión y la restauración de una dictadura y la “necesidad de conciliarnos” (¿?). Discurso y narrativas basados en bulos financiados por oligarcas de viejo y nuevo cuño . Rara dictadura que no ejerce el monopolio de la violencia ni saca los tanques o los garrotes para perseguir a sonrosados manifestantes que descubren en un domingo que existe la democracia: hablan y expresan lo que quieren y como quieren.

El 18F, los derechistas y los supremacistas éticos (eclécticos del Himalaya intelectual) salieron de sus colonias amuralladas, islas-paraísos urbanos, de sus empresas florecientes, de sus cubículos inmaculados y convocaron a los que tienen miedo de que vayamos al infierno venezolano, estatista y colectivista. Hablaban de “la dictadura” y de “la destrucción de las instituciones” que al parecer son totémicas, olvidando que muchas de ellas son estructuras invadidas por la corrupción y los privilegios. Se revive el “peligro para México” con la narrativa de que AMLO y “su” candidata “son narcos” (sin pruebas) y que “todos los políticos son lo mismo”. Tal y como se observa en el tsunami de bots pagados desde oscuras plataformas tipo Guacamaya affaire que ahora sabemos patrocina Atlas Net Work. La propuesta o la contrapuesta de la derecha es el no-proyecto de nación; piden la restauración del modelo neoliberal. Pero esta propuesta la encubren como “novedad” en manos de una candidata artificial llena de ocurrencias e imposturas. Una hipocresía.

La derecha ha sido clasista, racista y manipuladora, a veces demócrata. Pero como lo señalaba Carlos Monsivais. siempre hipócrita. El domingo 18 de febrero de 2024 , quedará grabado en los libros de historia, como una parte del “pueblo inexistente” dejó de auto-excluirse y se expresó: “no queremos el comunismo que nos quitará nuestras casas” gritaba una señora mientras, con gran autoridad moral, el “el ex-árbitro de la transición democrática” en “retiro” se mordió la lengua para repetir que la democracia “no se toca”. Y después de tan encendido y refutable discurso, volvió a su cátedra en esa cueva conservadora que habita en Ciudad Universitaria.

Un poco de historia: la derecha de siempre y renovada

Como decía Gastón García Cantú en su “Pensamiento de la reacción mexicana”: en 200 años la derecha o las derechas han tenido ideas fijas que han contemporizado según los cambios socio-históricos. Ha prevalecido un imaginario catastrófico donde sus narrativas nos hablan que pueden “desaparecer la sociedad, sus costumbres, sus creencias y libertades”. Encuentra su némesis en la o las izquierdas, a quien (es), se le considera agentes “destructores” y obturadores el “cambio verdadero”. Ayer como ahora, el discurso repite el mantra de “una sociedad a punto de desaparecer”: en el siglo XIX por el liberalismo, el comunismo y el federalismo sajón; y en el siglo XX, por una revolución sangrienta que impuso el estatismo, el colectivismo, el corporativismo y que terminó ahogada en corrupción y que, haciendo amnesia (el período fallido de 2000 al 2012) lo transfieren, hoy (2018) al ascenso de la izquierda al poder, hablan de una “vuelta al pasado estatista y colectivista”.

Después de una larga travesía, la derecha, o una versión lograda de ella, alcanzó el poder (2000-2012). Pero el panismo y ahora sus aliados de paso (PRI y PRD) ya no son lo que intuyeron o soñaron sus padres fundadores (Gómez Morín o Calles). Fueron absorbidos por el pragmatismo capitalista, un individualismo anticristiano y un nacionalismo edulcorado por la globalización. La derecha pagó un alto costo y ahora carga un costal de contradicciones que debilitan y ponen en riesgo su permanencia. Surgen nuevas versiones de la derecha y se puede hablar de derechas así como también es dable hablar de izquierdas. El futuro es incierto pero la derecha mexicana está perdida, vaga en un México que desconoce acompañada del cadáver priista. Como cuando Juana La Loca paseaba el cuerpo muerto de Felipe el Hermoso preguntándose por “la conspiración” que se lo había cepillado. Sí, la historia no se repite pero replica como farsa.

¿Y el odio?: ¿de dónde viene?

Zizek y Lacan nos advierten que el odio es ontológicamente conservador y reaccionario. No solo en la vida pública sino en la opaca vida privada. El predominio de Tantos sobre Eros. Puede expresarse también en la izquierda bajo el manto del “odio de clase”. Es una especia que baña las ideologías. En su Estrategia y Plan de Acción de la ONU para la lucha contra el discurso de odio dice: “… la expresión “discurso de odio” hace referencia a un discurso ofensivo dirigido a un grupo o individuo y que se basa en características inherentes (como son la raza, la religión o el género) y que puede poner en peligro la paz social.” Y lo caracteriza como “cualquier tipo de comunicación ya sea oral o escrita, —o también comportamiento—, que ataca o utiliza un lenguaje peyorativo o discriminatorio en referencia a una persona o grupo en función de lo que son, en otras palabras, basándose en su religión, etnia, nacionalidad, raza, color, ascendencia, género u otras formas de identidad”. [Ver en https://www.un.org/es/hate-speech/understanding-hate-speech/what-is-hate-speech#:~:text=En%20el%20lenguaje%20común%2C%20la,en%20peligro%20la%20paz%20social]
Como siempre la ONU hace metafísica, finalmente es una organización metafísica e inocua. Su definición es ambigua. Se puede utilizar el término desde la perspectiva que sea: si soy de derecha, AMLO se la ha pasado “insultando y atacando ” a sus adversarios y descalificando a los “mensajeros” de los medios de comunicación, por tanto tiene un “discurso de odio” (sic). La derecha se martiriza aunque ofenda, agreda e insulte, pero tiene derecho ante “tanto” poder presidencial que la inhibe y la menosprecia… entonces puede y “debe” injuriar y mentir porque hay una razón éticamente superior: “la libertad”. Si hacemos un despliegue de los dichos y ramalazos derechistas, AMLO es un “ agresor” de “libertarios” como Carlos Marín, Héctor Aguilar Camín, López Dóriga o Ricardo Alemán o de los amasijos de rencores como Javier Sicilia, Lily Téllez, Quadri, Silva Herzog hijo y un largo etcétera. Pero si soy de izquierda, acuso a los del bloque opositor de ladrones, entreguistas, racistas, clasistas, supremacistas (“una mafia del pasado”) y bautizo a Felipe Calderón como “Borolas”, a Fox como “cabeza hueca” y a Xochitl como “botarga mentirosa” y endilgo a algunos periodistas el término de manipuladores corruptos señalando como ejemplo paradigmático a Carlos Loret de Mola (ahora sabemos financiado por Atlas Net Work y por el mercader del Big Pharma, Roberto Madrazo). Es el “odio” de la “zurdería” como diría el patricio libertario Javier Milei. La Santa ONU nos ofrece un menú para escoger: platos para la derecha y platos para la izquierda. La ambigüedad convertida en objetividad salomónica. Podemos concluir: una mentada de madre o descalificaciones o bulos son violencia sin duda pero virtual. Una mentada de madre no mata a nadie.
Así las cosas, ¿vale la pena tirarse al piso democrático para evitar que el odio prime sobre la racionalidad? Maquiavelo y sus seguidores se morirían de la risa. La democracia es confrontación y es, por si misma, conflictiva. Claro que divide, confronta y es violenta (simbólicamente). No es el camino alegre del consenso sino un método para evitar la violencia física y una forma de vida basada en la tolerancia. Los marchistas del 18F mexicano piden conciliación, unidad y dejar de dividir. Parecen los ecos del pasado cuando se pedía “unidad nacional”, “orden y Ley” suplicando a los monarcas europeos y gringos su intervención o “vigilancia”. Ahora se modernizan con una jerga ideológica sobre el consenso, la conciliación y el derecho de las minorías a ser contrapeso de las minorías. Sopitas pero ternuritas. La democracia es un mal método pero el único que nos salva del desastre de una guerra civil.

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