La Costumbre del Poder: Propaganda política no suple a la realidad

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*Lo de hoy es aprender a sobrevivir a pesar de nuestros gobernantes, y quienes pueden modificar nuestro presente y futuro inmediato, no desean comprometerse. Estamos ante la disyuntiva irrevocable de aclimatarnos o aclichingarnos, con los pobres primero

Gregorio Ortega Molina

Andrés Manuel López Obrador y su equipo de publirrelacionistas -desde su paso por el gobierno de la Ciudad de México- lograron lo que los nazis dejaron establecido como requisito para guiar al pueblo: hicieron de la política un espectáculo.

     Hace tiempo superaron el concepto de propaganda, e hicieron de Palacio Nacional, el Zócalos, el Salón de la Tesorería y toda plaza pública donde el Ejecutivo perora, el escenario idóneo para presentar su show, en el que los pobres son -de puro pico- los actores principales, y las garantías constitucionales el pañuelo desechable para enjugar las lágrimas de cocodrilo o algún otro dolor dejado por su acción de gobierno, léase muerte y hambre y dolor y enfermedad e ignorancia.

     Todo indica -en la información que ellos conducen- que obtuvieron un éxito rotundo, y Omar García Harfuch borró, con una sonrisa en los labios y una cara bonita, los crespones que suelen adornar esos hogares mexicanos donde las víctimas no son sustituidas por las cuentas alegres de la presidente de México, que pregona, a voz en cuello, el descenso de los homicidios dolosos. La realidad señala que los deudos tienen otros datos.

     Pero no son únicamente los muertos contantes y sonantes, está la alarma de la ONU por los desaparecidos, los que son tragados por los gusanos bajo la tierra de las fosas clandestinas, y aparece de la chistera de la presidente, el decreto por el cual se logra, como por ensalmo, esa salud que todos merecemos, pero que se fue al caño mucho antes del ridículo esfuerzo de una vacuna “patria” inexistente. Y mueren de inanición los extorsionados, que entregan a los delincuentes además de su vida la de sus descendientes, porque dieron todo en esa ilusión ofertada por una cuarta transformación.

     Ante la insistente estupidez de lograr que 130 millones de mexicanos vivan como 10 millones de cubanos, 30 de venezolanos y un puñado de nicaragüenses, asistimos inermes a la destrucción de conceptos básicos para vivir en sociedad: civismo, empatía, patria, nación, respeto a la ley, cumplimiento del mandato constitucional, salud. Lo de hoy es aprender a sobrevivir a pesar de nuestros gobernantes, y quienes pueden modificar nuestro presente y futuro inmediato, no desean comprometerse. Estamos ante la disyuntiva irrevocable de aclimatarnos o aclichingarnos, con los pobres primero.

@OrtegaGregorio

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