La Costumbre del Poder: Ley, libertad, empatía, sociedad: ¿actitud o compromiso? III/V

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*Terminan por ver de lejos a esa sociedad que les parece un río caudaloso, cuya fuerza y poderío les impide nadarlo. No es abandono, es agotamiento. El cuerpo y la mente rindieron lo suyo

Gregorio Ortega Molina

Cuál es la pregunta correcta: ¿qué es vivir, o cómo hacerlo? Sólo hay una respuesta, y es que debe salirse al mundo si deseas respirar.

     Pienso en los anacoretas y místicos de antaño, en los 40 días con sus 40 noches en el desierto, Cristo conversando con él mismo y dirigiéndose a su Padre; o en los lamas, o en esas órdenes contemplativas, cuyo fin es retirarse del mundo y encerrarse en la oración. ¿Es vida?

     Los milagros suceden, tan es así que esas órdenes religiosas llevan siglos tras las puertas de sus santuarios; en algunas ni siquiera conversan entre ellos. El silencio lo llena todo. Es una actitud, es una decisión libre, en la que la voluntad se subordina a la necesidad de dejar de ser, para serlo de otra manera, en la oración y por el desbordado deseo o la incontrolada necesidad de vivir para otros, los de afuera, los que necesitan de la fuerza de sus rezos.

     ¿Se someten a las normas legales civiles? Con toda certeza no las conocen ni les interesan, pero conservan y fortalecen su actitud de servicio a la sociedad, a los que no conocen. ¿Se enclaustran por empatía, o por temor a vivir en el mundo del hedonismo, la publicidad, la violencia, el narco, los gobiernos y la imposición de normas legales, no respetadas precisamente por quienes vigilan su cumplimiento?

     En el tráfago de la vida cotidiana hay otra vertiente: la soledad entre la multitud, la de los ancianos, la de los hospicios y casas de retiro, la de los enfermos en los hospitales o en sus hogares. La hay por voluntad propia y también por consecuencias de abandono, tragedia o el simple ritmo vital, que cesa cuando la compañera o compañero de vida dejan de estar y se sueltan de las manos del cónyuge.

     ¿Qué saben del mundo los que tiraron a la basura los calendarios, porque dejó de importarles qué día viven? ¿Dónde y cómo la empatía con esos humanos cuya decisión fue y es entregarse a la soledad, en la que rumian lo que fue su vida, porque carecen ya de ánimo para llenarla?

     Terminan por ver de lejos a esa sociedad que les parece un río caudaloso, cuya fuerza y poderío les impide nadarlo. No es abandono, es agotamiento. El cuerpo y la mente rindieron lo suyo.

www.gregorioortega.blog                                                   @OrtegaGregorio

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