*¿A dónde se fueron esos economistas mexicanos que tuvieron autoridad profesional y el deseo de servir a los gobernados y, en consecuencia, a la patria? Está bien, el mundo se globalizó, muchas naciones encontraron respuestas para insertarse en otras dinámicas del desarrollo, pero hoy están empeñados en transformarnos en Cuba y repartir libretas de racionamiento. ¿Lo permitiremos?
Gregorio Ortega Molina
Imposible regresar al México de ayer, al poder adquisitivo del peso de los años sesenta, antes de la devaluación de Luis Echeverría, que cerró se sexenio con un dólar a veintidós pesos y un poder adquisitivo que deformó totalmente el proyecto de nación.
No es exagerado afirmarlo. Si la población total de México era inferior a los 40 millones y las hipotecas rondaban el cuatro por ciento, mientras para acudir al cine de estreno, con palomitas y refresco lo solucionabas con cinco pesos, hoy ni soñarlo.
Nuestro gran problema es que el crecimiento poblacional de México rompe todas las referencias. Pasamos de 35 millones de patriotas a 125 millones, de los cuales -es posible- el ochenta por ciento no tiene oficio ni beneficio, salvo soñar con la copa Jules Rimet y, como lo narra Roberto Saviano, la juventud sólo busca hacerse de dinero pronto, a costa de su vida. Fomenta -la política económica gubernamental- el reclutamiento del narco.
Regresamos a la carta de la ASOCIACIÓN NACIONAL DE EMPRESARIOS INDEPENDIENTES, A.C., donde puntualizan: “Ni siquiera la erosión total del capital contable del Banco de México —que, conforme a su balance al cierre de 2025, registró un capital contable negativo cercano a los 320 mil millones de pesos, como consecuencia de pérdidas de operación por aproximadamente 410 mil millones de pesos en el ejercicio, las cuales además dejaron al gobierno federal sin remanente de operación por segundo año consecutivo— ha motivado una reflexión urgente sobre la necesidad de apartarse de los dogmas monetaristas que rigen estas políticas, ni ha originado acciones de política pública orientadas a eliminar o reducir los efectos cambiarios de la actual política monetaria antiinflacionaria, basada en mantener tasas de interés extremadamente altas, con diferenciales históricamente superiores a los sostenidos por la Reserva Federal estadounidense.
“La rigidez teórica de la Junta de Gobierno del Banco Central impide el análisis sereno y pragmático de opciones que permitan mantener una política monetaria restrictiva para combatir la inflación, sin generar los desequilibrios cambiarios mencionados ni afectar tan gravemente a la planta productiva nacional, hoy aprisionada por la apreciación cambiaria así generada”.
Advierten cinco puntos de alarma que se deben resolver:
- La tendencia a desindustrializar la economía se acelera, pues se ha privilegiado históricamente a las importaciones sobre la producción nacional al utilizar el tipo de cambio para contener los precios de los bienes sujetos a competencia, sin afectar los precios de los oligopolios.
- Se desincentiva la inversión competitiva, tanto por lo anterior como por los persistentemente altos costos de financiamiento.
- Se mantiene una baja inversión por empleo, lo que impide aumentar la productividad de la mano de obra y, en consecuencia, los salarios promedio.
- Se lastra la productividad nacional al concentrarse la inversión en sectores protegidos, de baja productividad relativa frente a la manufactura; e
- Impide el restablecimiento de las cadenas productivas nacionales y motiva el abandono de la inversión en las actividades primarias, como la agricultura.
¿A dónde se fueron esos economistas mexicanos que tuvieron autoridad profesional y el deseo de servir a los gobernados y, en consecuencia, a la patria? Está bien, el mundo se globalizó, muchas naciones encontraron respuestas para insertarse en otras dinámicas del desarrollo, pero hoy están empeñados en transformarnos en Cuba y repartir libretas de racionamiento. ¿Lo permitiremos?
@OrtegaGregorio
