LA COSTUMBRE DEL PODER: Del Oráculo de Delfos a las estadísticas IV/V

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*El tiempo real modifica la percepción del instante y también transforma la duración del pasado, que se aleja porque quieren, insisten, necesitan alargar el presente ante la incertidumbre de un futuro en el que los recursos económicos y la inteligencia brillan por su ausencia

 

Para Malena Mijares y José Manuel Cuéllar Moreno

Gregorio Ortega Molina

La comprensión del pasado no es propiedad exclusiva del estudio de la Historia. La novela, el cine, el muralismo, la arquitectura, el arte sacro y otras manifestaciones artísticas abrevaron en su entorno y en su momento, lo mismo para nuestro solaz como para nuestra formación como mexicanos.

     La época de oro del cine mexicano rescató para nosotros el sueño de la clase media -que procede del más clásico porfirismo-, alargado hasta el fracaso económico del conocido como “milagro mexicano”; el modernismo irrumpe en México con el 68, pero es sacrificado en la Plaza de las Tres Culturas. Allí, lo que fue la clase media perdió su brújula, su identidad, su idea de patria. De otra manera el neoliberalismo como proyecto económico y de reingeniería social no hubiera arraigado como lo hizo. Que no han sabido administrarlo, es otro problema.

     Tampoco somos ahora -¿lo fuimos alguna vez?- como nos describieron en sus ensayos Octavio Paz, Luis Villoro, Emilio Uranga, Salvador Reyes Nevares; los que actualmente incursionan desde la antropología, la sociología y la filosofía para desentrañar el ser del mexicano, tampoco aciertan a dar pie con bola, porque las políticas públicas y la anomia de la sociedad nos han colocado a medio camino entre el umbral del Primer Mundo y la ausencia de identidad nacional, perdida entre la necesidad de hablar inglés y hacer negocios -con o sin aranceles-, el tiempo real, y la exigencia de ser fieles a un proyecto histórico anidado en la reforma del Estado, que está en proceso de conceptualización, pero que impiden los que no quieren que México eclosione y tenga futuro.

     Pensé, en algún momento, que sembrar la inquietud para saber dónde estamos parados como proyecto de nación, pudiera hacerse con un cuestionario único sobre nuestras referencias culturales e históricas, dirigido a personas de diversa formación profesional, para intentar desentrañar el verdadero sentir sobre el pasado inmediato y el futuro incierto. Una misma pregunta con múltiples respuestas.

     Lo propuse así porque el tiempo real modifica la percepción del instante y también transforma la duración del pasado, que se aleja porque quieren, insisten, necesitan alargar el presente ante la incertidumbre de un futuro en el que los recursos económicos y la inteligencia brillan por su ausencia.

     Un cuestionario así es ineludible, sobre todo por la presión que ejerce en el curso del tiempo el resultado de la revolución cibernética: ¿cuándo el presente deja de serlo para convertirse en pasado? ¿Cuándo el futuro adquiere la calidad de presente?

www.gregorioortega.blog             @OrtegaGregorio

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