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CIUDAD DE MÉXICO, 29 de abril (Al Momento Noticias).-El pasado lunes se dio a conocer la esclavitud y maltrato que padeció una joven de 22 años que fue encadenada para trabajar en una tintorería de Tlalpan, un caso de miles ocurridos en el mundo entero. La esclavitud sigue siendo un gran problema, y esto también se ha comercializado por medio de la música como el blues.

ssLa historia de la esclavitud es ambigua, y cabe destacar que en Estados Unidos y varios países americanos se podría decir que la esclavitud era un tema tabú, algo olvidado que se rompió a través de los combates por los derecho civiles y con la recuperación de la memoria que propició el “black power”. Al menos, eso informó Bruno Blum, compilador de Slavery in America (Frémeaux).

Blum explicó que la mayor presencia de la esclavitud en el cancionero caribeño, es superior al porcentaje de población con raíces africanas, y sin olvidar lo tardío de su emancipación incluso política, señalando que Jamaica sólo alcanzó la independencia en 1962. Mientras que en Estados Unidos, el fin de la esclavitud fue traumático, y a consecuencia de la guerra civil.

Asimismo, se destaca que los periódicos de la época contaron la alegría de los esclavos recién liberados, los desfiles jocosos con que desafiaron a sus antiguos amos. No obstante, la risa duró poco, pues las Leyes Jim Crow,  reforzadas por la intimidación violenta, convirtieron a los negros en ciudadanos de segunda categoría, solo aceptados como iguales en el mundo del espectáculo y, con retraso, los deportes.

Sin embargo, en el Estados Unidos segregado, no se recibían las canciones sobre la esclavitud o sus consecuencias, y solo podían ser tomadas en cuenta si tenían la forma de evocaciones poéticas, y sí éstas venían firmadas  por profesionales blancos como los Gershwin o Hammerstein-Rodgers. 

Por otro lado, el mercado negro aceptaba canciones de queja si venían envueltas en jerga o sazonadas con humor,  mientras que los guetos urbanos rechazaban las crónicas de penalidades, recordatorios de tiempos infames y supuesto lastre para el ascenso social. Sin embargo, el blues evocaba los horrores sureños, las prisiones como Parchman o Angola.

No obstante, la antología Slavery in America habría sido imposible sin la labor de etnomusicólogos como Harold Courlander, el cual es representado por sus grabaciones en Haití, y los Lomax, John A. (padre) y Alan (hijo). Comprometido con la izquierda, Alan tenía suficiente labia para conseguir que the man (el amo, el capataz, elsheriff, el director de cualquier institución) le diera permiso para grabar en plantaciones y penitenciarias.

Dicho interés fue debido a que intuyó que en las penitenciarias y plantaciones se cantaba algo muy similar a lo que sonaba en los campos de algodón del siglo XIX y así comenzó a inmortalizar a hombres que habían perdido hasta la dignidad del nombre y quienes habían quedado registrados como 22, Little Red o Hard Hair. Los cuales se habían convertido en verdaderos y modernos esclavos: éstos eran cedidos por Luisiana o Misisipi a hacendados locales, que disfrutaban así de peones baratos, frecuentemente encadenados y siempre bien vigilados.

Por tales motivos y para dejar una huella de dicha esclavitud, algunos musicólogos como Alan Lomax decidió inmortalizar en plantaciones y prisiones a hombres que habían perdido hasta la dignidad del nombre 

Asi es como Alan Lomax decidió ir en busca de comunidades aisladas de afroamericanos, viajando a Georgia, donde grabó a coros religiosos encabezados por extraordinarios intérpretes como Bessie Jones y John Davis. Además, entre las iglesias negras se articularon los anhelos de los esclavos, y se reforzaron la solidaridad de los segregados  lo cual serían catalizadoras del cambio.

Los cantos que utilizaba personas y episodios bíblicos llegaban nítidamente a los interesados: spirituals como ‘Go Down Moses’ o ‘Wade in the Water’ éstas funcionaron como consignas en los tiempos del Underground Railway, aquellas redes clandestinas que facilitaban la evasión de los esclavos.

Slavery in America salta entre países y épocas donde plasma documentos sonoros abarcados desde 1914 (una kalenda de Trinidad y Tobago) a 1972 (una quadrille en Guadalupe). Históricamente, esta antología cubre desde música hecha en el Congo colonial a canciones del movimiento que predicaba el retorno, físico o metafórico, a África.

Con sus 92 cortes, Slavery in America no es apto para una escucha trivial,  más bien, es una medio que permite imaginar una serie de ventanas que invitan a profundizar mediante la música realidades sociales que generalmente han sido ignoradas.

Como ejemplo está Louis Armstrong, quien podía contar historias terribles con una sonrisa. Slavery in America es un álbum que habla de los tiempos tormentosos de las batallas contra la discriminación racial, además recoge la radicalización de los músicos de jazz, como refleja We insist! Max Roach’s Freedom Now Suite, publicado en 1963, para conmemorar el centenario de la proclamación de emancipación.

Asimismo, Roach contó con el refuerzo del gran Oscar Brown, Jr., cantante y letrista que supo recrear las vivencias de los años terribles con palabras frescas. También destaca su texto para ‘Work Song’, de Nat Adderley, donde retrata a un hombre negro y pobre, condenado a cinco años de trabajos forzados tras un atraco con violencia.

A través de esto, se difundió una adaptación hecha a la medida por Raphael, con la canción del trabajo, la cual es una grosera manipulación que pretende tranquilizarnos ya que todos somos penados: “El trabajo nace con la persona / va grabado sobre su piel / y ya siempre le acompaña / como el amigo más fiel”.

Entre las grabaciones incluidas en Slavery in America se encuentran Oscar Broewn Jr con Bid ém in, Max Roach  (Driva´man), Duke Elligton (Song of the cotton fiel),  The mighty sparrow ( The slave), Clancy eccles, (Freedom) entre otras.

AMN.MX/lfj

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