CIUDAD DE MÉXICO.- “En esta calle se establecieron en el siglo XVI las primeras casas de tolerancia de la Ciudad”. A poco de haber destinado un sitio para la cárcel, la horca y la carnicería, los fundadores de la ciudad Colonial requirieron el establecimiento de una casa pública de mancebía que redujera peligros y ayudará a salvaguardar la honra de las mujeres decentes.
De acuerdo con el usuario de Facebook, “El México que se fue”, en 1538 una cédula que terminaba con la frase ,”Yo, la Reina”, se autorizó el funcionamiento del primer prostíbulo de la ciudad constituido por mujeres españolas recién desembarcadas.
Cuatro años más tarde, en 1542 la ciudad concedió cuatro solares de la calle Mesones porque se instalarían varias mancebías, la entrada de esas casas debería colocarse una rama de árbol que indicaba su carácter , de ahí deriva la palabra “ramera”.
Aunque el público prefiero referirse a estas con una batería de nombres despectivos: bagazas, huilas, leperuzas,cuscas, mesalinas.
Aquel tramo de Mesones recibió desde entonces un nombre encantador: “Calle de las GALLAS” es decir calle donde están las alegres, las ligeras.
Felipe ll reglamentó en 1572 la existencia de las casas públicas, a cargo de estas debería estar un “padre” o una “madre” (de ahí los términos “madrota y ” padrote”).
Las gallas tenían que ser mujeres huérfanas o abandonadas por sus padres, estaba prohibido enrolar vírgenes o menores de 12 años, mujeres casadas o que debieran dinero.
De acuerdo con Josefina Muriel, aquellas prostitutas novohispanas, fueron ampliamente vestidas, alhajadas y recomendadas por sus clientes, llegaron a derrochar lujos tan inmoderados, que se encendió contra ellas una airadisima protesta por parte de la sociedad.
Según una ordenanza encaminada a distinguirlas de “las personas de calidad”, se les prohibió usar vestidos de cola y andar con mozas que se las levantarán, se les prohibió también, usar tacones altos, arrodillarse sobre cojines en la misa y portar en la Calle oro, perlas y seda.
Serge Gruzinsky afirma, sin embargo, que mucha de ellas circulaban en carroza, y tenían criados de librea.
En 1670 un decreto de la audiencia enumero a algunas de las gallas más famosas, sus apodos resultan inolvidables, la Chinche, la Sedacito, la vende barato, las Priscas ( las ingenuas) y la Manteca.
Desde el año 1525, en que Pedro Hernandez Pan y Agua solicitó permiso para establecer un mesón en que pudiera acoger a los viajeros y brindarles ” carne, pan e vino”.
Mesones se erigió, paulatinamente, como calle de hospederías, en la que a toda hora rondaban arrieros, comerciantes, buscavidas y también nobles, aristócratas novohispanos que también cierta denuncia entraban a los burdeles con la cara tapada.
Fray Juan de Zumarraga no tardó en denunciar ante el rey a dos sacerdotes a Rebollo y Torres, que salían en la noche con pretexto de buscar de “ir a buscar ídolos” para destruirlos y que en realidad iban a meterse en los concurridos prostíbulos.
Se decía que en La Calle de las Gallas, “Los pecados andaban por el cielo y las virtudes por el suelo”.
A finales del siglo XIX los hoteles arrebataron a los Mesones sus antiguos prestigios.
“Nadie que se tiene en algo los habita; los pobres y las bestias son los únicos que buscan su abrigo. Pronto tal vez desaparecerán”, escribió Luis González Obregón.
La profecía se ha cumplido, murieron los Mesones, y de la calle de las Gallas, sólo una placa de recuerdo queda.
AM.MX/fm
