Kremlin / Casa Blanca: opciones diplomáticas y amenazas atómicas

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Luis Alberto García / Moscú

* Putin y Trump insinúan que firmarían acuerdos entre potencias nucleares.

* China posee arsenales en desarrollo y dentro de los parámetros proscritos.

* John Bolton arremete y se opone a la “teología del control de las armas”.

* Potencial de una nueva escalada con países involucrados en el tema.

* Sin el Nuevo START, el planeta estaría ante un eventual cataclismo.

Numerosos internacionalistas ya daban por muerto el Tratado para la Eliminación de Misiles Nucleares de Medio y Corto Alcance (INF) firmado entre la Unión Soviética y Estados Unidos en 1987; pero hay otros politólogos y analistas, quienes, en su derecho, sostienen un diferente punto de vista.

Y pese a las críticas, las acusaciones de incumplimiento y lamentos públicos, ambas naciones deseaban abandonarlo y librarse de las limitaciones que les obligaban a mirar con preocupación a China.

El gobierno de Xi Jinping tiene en 2019 un arsenal en rápido crecimiento de más de dos mil misiles; el 95% dentro del rango prohibido por el INF cancelado por Moscú y Washington el 2 de febrero de 2019, declaró John Bolton, consejero de seguridad nacional de Donald Trump, halcón entre los halcones del Pentágono.

“Sin duda existe el potencial de una nueva carrera armamentística con otros países implicados en este caso”, explican expertos del Centro para el Control de Armas y No Proliferación de Washington.

“La inversión militar que hace China es una razón para la preocupación; pero dejemos algo claro, Estados Unidos y Rusia poseen entre ellos el 90% de las armas nucleares que hay en el mundo”, argumentan los científicos estadounidenses.

Donald Trump y Vladímir Putin han insinuado que el ideal ahora sería poner frente a frente a jugadores globales con armas nucleares para negociar otro acuerdo; pero ni Pekín ni el resto de países emergentes con armas nucleares están por hacerlo si Washington y Moscú no reducen antes el tamaño de sus arsenales para que las fuerzas estén más equilibradas.

Hay opciones diplomáticas –no agotadas- ante las amenazas atómicas, aunque las probabilidades de que Moscú y Washington se reconcilien son escasas y, por efecto dominó, el fin del INF podría sentar las bases para no prorrogar el tratado Nuevo START de desarme nuclear, dl más importante del mundo, firmado en 2010 por la Casa Blanca y el Kremlin y que expira el 5 de febrero de 2021.

Sin el INF y sin el Nuevo START, alertan expertos, el mundo estaría ante un eventual cataclismo, pues el desmantelamiento por parte de Trump de décadas de control armamentístico coincide con la llegada de Bolton a la Casa Blanca, opuesto a la desnuclearización de Estados Unidos en abril de 2018.

Con apenas un mes como asesor de Trump y con influencia de Bolton, Washington abandonó el acuerdo nuclear con Irán que había negociado la Casa Blanca con Barack Obama en el poder, tomando en cuenta que el libro de cabecera del asesor presidencial en política exterior es “Rendirse no es una opción: Defendiendo América en Naciones Unidas”, mal escrito por él mismo.

En páginas y páginas, Bolton arremete contra lo que él denomina “la teología del control de armas” que “meticulosamente se fue desarrollando durante la Guerra Fría y se mantuvo en estado vegetativo durante la presidencia de William Clinton, más por devoción y oración que por coherencia con la realidad”.

John Bolton, con apariencia física de morsa polar por su hirsuto bigote y su desmesurado cuerpo de largo y anchura desmedidos, es considerado un creador de polvorines bélicos que han desembocado en guerras, como la de Irak al iniciar el siglo XXI.

Además hay el convencimiento generalizado de que –situado en el cargo desde la primavera de 2018- es un sicópata anticomunista, ultraconservador, reaccionario, un peligro no solamente Rusia sino para el mundo y naciones que no accedan a las paranoias de su jefe Trump.

El 27 de junio de 2019, al recibir a Bolton en Moscú, Putin dijo que esperaba que su visita supusiera el “primer paso” hacia un acercamiento entre Estados Unidos y Rusia.

Según la Casa Blanca, Bolton estuvo en Moscú para acordar una posible reunión entre el presidente estadounidense Donald Trump y su homólogo ruso: “Su venida a Moscú nos da la esperanza para establecer relaciones completas entre nuestros Estados”, declaró Putin, al inicio de la entrevista con el promotor de Trump.

“Desgraciadamente las relaciones ruso-estadounidenses no están en el mejor nivel, como resultado de la dura lucha de política interior en Estados Unidos”, afirmó el mandatario ruso, quien añadió: “Rusia nunca deseó el enfrentamiento. Espero que podremos hablar de lo que podemos para restablecer relaciones completas, sobre la base de la igualdad y el respeto “.

Bolton apuntó que Donald Trump mantiene contactos, incluso con países como Irán, con los que mantiene serias diferencias: “Nuestros líderes y consejeros se han reunido para garantizar la estabilidad en el mundo”, dijo el enviado estadounidense, quien antes de llegar al Kremlin estuvo una hora y media con el ministro de Asuntos Exteriores ruso, Serguéi Lavrov.

Bolton también se entrevistó con el asesor de Putin para Asuntos Internacionales, Yuri Ushakov, y con miembros del Consejo de Seguridad de Rusia, en momentos en que la Casa Blanca y el Kremlin no ocultaban que el objetivo de la visita de Bolton fue para preparar la cumbre bilateral entre Putin y Trump, celebrada a mediados de julio en Helsinki.

“Bolton se ha reunido con el presidente Putin y con otros altos cargos para hablar sobre la posibilidad de una reunión entre los presidentes”, adelantó la portavoz de la Casa Blanca, la robusta y poco amigable Sarah Sanders.

Putin y Trump se reunieron por primera vez en julio de 2017 durante la cumbre del G20 en Alemania y desde entonces han mostrado disposición a un encuentro bilateral más amplio, y se esperaba que la reunión entre los dos jefes de Estado se celebrara inmediatamente después de la visita de Trump al Reino Unido.

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