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Luis Alberto García / Moscú

*Asia Central, zona geopolítica clave, situada en medio de un continente.

*La presencia de Moscú es desigual, pero determinante.

*Para el poder ruso, es “patio trasero” de su estabilidad fronteriza al Sur.

*La autonomía y los lazos estrechos con el Kremlin son inevitables.

*Región con las mayores reservas de hidrocarburos en el mundo.

*Hay un importante porcentaje de población de etnia eslava.

Los Estados de Asia Central se independizaron de la Unión Soviética en la década de 1990; pero Rusia sigue teniendo un papel importante en la región, y aunque las repúblicas centroasiáticas cada vez son más autónomas respecto a la Federación Rusa que preside Vladímir Putin, siguen existiendo lazos estrechos.

Y pese a que una nueva potencia ―China― está adentrándose con fuerza en esa “esfera de influencia” rusa, el papel principal, por ahora, sigue en manos de Moscú, con un mandatario que refrendó y consolidó su poder en las elecciones del 17 de marzo de 2018, luego de alternarse con Dimitri Medvedev en la Presidencia como Primer Ministro, pero con el mando del país

Asia Central es una zona geopolítica clave -con países territorialmente enormes y recursos petroleros vastísimos- al situarse justo en medio del continente euroasiático, algo que serviría como eslabón a Pekín hacia Oriente Medio y Europa, como hace siglos hizo la antigua Ruta de la Seda, resucitada en términos modernos de ambición desmedida.

Para Moscú, se trata de un “patio trasero” decisivo para la estabilidad de su larga frontera en el Sur, y a pesar del avance chino, Rusia sigue siendo la potencia más influyente en Asia Central, en especial en lo militar, político y cultural, y en algunos casos el económico.

Y aunque si se mira de cerca a las cinco repúblicas ex soviéticas que componen esta región ―Kazajistán, Turkmenistán, Uzbekistán, Kirguistán y Tayikistán, ordenadas de mayor a menor superficie, la primera de ellas superior a los dos millones 500 mil kilómetros cuadrados― la influencia de Moscú es desigual, aunque determinante.

“La influencia rusa es heterogénea, está mucho más presente en Kirguistán o Tayikistán, que en Uzbekistán o Turkmenistán; pero si hacemos un análisis en conjunto, la influencia de Rusia en el Asia Central postsoviética sigue siendo fuerte”, asegura el Grupo de Estudios de Europa y Eurasia (Geurasia).

Uno de los ámbitos en el que Rusia ejerce más peso en Asia Central es el militar: Moscú posee bases militares en Kazajistán, Kirguistán y Tayikistán, esta última de especial importancia, por tener fronteras con Afganistán y China, y porque la venta y donación de armamento ruso a los ejércitos de esos Estados centroasiáticos sirve para influir en el ámbito de la seguridad.

Desde 2001, los contactos militares se han estrechado a través de organizaciones regionales, algunas de ellas promovidas por Moscú, que agrupan a Rusia y a los países de Asia Central.

Rusia también proyecta su influencia a través de organizaciones multilaterales como la Unión Económica Euroasiática, la Organización de Cooperación de Shanghai o la Organización del Tratado de Seguridad Colectiva.

“Eso facilita reuniones frecuentes entre funcionarios -de Rusia y de países de Asia Central-, ejercicios militares conjuntos e intercambio de inteligencia”, explican los estudios del Kennan Institute de Londres.

Otro de los factores que liga Asia Central con Rusia es la energía, en una región que contiene una de las mayores reservas de hidrocarburos en el mundo, aunque de manera desigual entre los cinco Estados que la integran.

Kazajistán, por ejemplo, es el líder en reservas de petróleo, conteniendo 30 mil millones de barriles de este recurso, lo que lo sitúa en el décimo segundo puesto a escala mundial, además de que esta república es la mayor productora de uranio del mundo, mientras Turkmenistán tiene la cuarta reserva más importante de gas natural del planeta.

En el contexto de reserva y productor de importantes materias primas, y aún con la inversión que está desplegando China, Rusia posee buena parte de la infraestructura que necesitan estos Estados para enviar sus preciados recursos energéticos a los mercados internacionales, factor que refuerza su importancia y voz en la zona.

Moscú también tiene una posición comercial destacada, a pesar del creciente peso económico chino; pero los rusos siguen siendo el socio comercial más destacado de Tayikistán, y el segundo en el caso de Kirguistán, aunque Rusia ya no es el gran importador de materias primas de la zona, y su exportación a esta región se ha estancado.

Si se toma en cuenta estos importantes vínculos militares y económicos entre Rusia y Asia Central, parece que el factor que va a jugar un papel más importante y duradero en esta relación va a ser el “poder blando” ruso; es decir, la capacidad de unir y seducir mediante la cultura, las relaciones personales y otros valores no materiales.

“Todavía hay una amplia presencia de la lengua rusa entre la población centroasiática, especialmente entre las élites y los migrantes. El ruso sigue siendo la lengua para la comunicación interregional, entre algunos ciudadanos del mismo Estado y entre ciudadanos de países distintos de Asia Central, además de en las altas esferas políticas”, explica Slavomír Horák, profesor de la Universidad de Praga.

La amplia variedad étnica y lingüística que hay en Asia Central ―incluso dentro de los países que la componen― ha hecho que florezca un sistema cultural y de medios de comunicación propio en las lenguas locales.

No es de extrañar que el ruso todavía se escuche ampliamente en la televisión o en la radio, a través de, por ejemplo, la música, algo que no sucede con otros idiomas externos como el inglés o el chino en cualquiera de sus variantes.

Las clases locales más educadas suelen hablar ruso y, además, existe, en varias de estas repúblicas, un porcentaje importante de la población que es de etnia eslava, y el caso más destacado es el de Kazajistán, con un 20 % de rusos, en tanto en Uzbekistán y Kirguistán el porcentaje baja al 6 %.

Otro factor que une especialmente esta región con Moscú es la migración, considerando que en 2018 había cinco millones de inmigrantes de Asia Central que viven en Rusia, de tal suerte que el centro del que fue el antiguo imperio soviético es visto como el destino natural para los jóvenes centroasiáticos, quienes legítimamente y en su derecho, aspiran a mejores salarios y condiciones de vida.

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