JUEGO DE OJOS: Manuel Buendía, in memoriam

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Miguel Ángel Sánchez de Armas

Cada año, en la misma fecha, publico la misma columna. Sólo actualizo el tiempo transcurrido. Es la machacona esperanza de que algún día sabremos la verdad: quién tomó la decisión, quién organizó el operativo, quiénes consiguieron el arma, planearon la emboscada y jalaron el gatillo; quiénes protegieron –o eliminaron- a los pistoleros.

¿Los que purgaron condenas por el homicidio son realmente los responsables? Un sistema judicial ineficaz y torcido así lo consideró. Fue un asesinato que permanece no esclarecido e impune, igual que otros cientos de miles que manchan el rostro de México. El sentido común dice que Manuel Buendía fue ejecutado. Qu cayó víctima de un complot para silenciarlo y que el o los autores intelectuales burlaron a la justicia igual que en los casos de otros cientos de comunicadores silenciados.

Es asombrosa la estupidez de quienes creen que con la eliminación de periodistas se protegen a sí mismos o ponen remedio al enojo, al desasosiego o a la inquietud social. Una y otra vez el resultado es contraproducente, porque la memoria y la palabra, no pueden ser borradas. Manuel Buendía se transformó en un símbolo cuando aún no exhalaba el último aliento.

En abril de 1985, la revista The Progressive publicó una investigación sobre el asesinato bajo el título “¿Quién mató a Manuel Buendía?” que sugiere que el crimen tuvo motivaciones políticas y fue ejecutado por profesionales al servicio de personas, o grupos de personas, que se sintieron amenazadas por lo que Buendía estaba escribiendo.

Manuel sabía que algunas columnas suyas eran como rociar con agua bendita a los demonios, un gesto mínimo pero capaz de desatar incendios mayores, y las publicaba a pesar de los riesgos. En cierta ocasión, comparó su trabajo con la faena de un torero que se juega la vida. “El miedo es una reacción lógica en un hombre más o menos sano psicológicamente, y yo sí lo tengo”, expresó. Su oficio implicaba riesgos, desde luego, “pero tampoco debe uno andar exponiéndose o provocando. Yo no provoco, simplemente me resguardo hasta donde puedo”. Por eso andaba armado. Era buen tirador y solía decir que sólo por la espalda sería vulnerable … como se comprobó el 30 de mayo de 1984.

El asesinato detonó una aparatosa investigación, se creó una “fiscalía especial”, varios periodistas integraron comités de seguimiento, hubo manifestaciones de reclamo en todo México, el crimen se denunció en los medios, en desplegados y carteles, en mesas redondas, en foros universitarios, en debates públicos y en las aulas. Pero transcurrieron años de silencio y opacidad durante los cuales surgieron hipótesis y versiones de toda laya sobre las motivaciones del asesinato, algunas racionales, otras absurdas y varias demenciales … señaladamente las de la propia autoridad investigadora.

La pregunta que nos hicimos en 1984 y no tuvo respuesta, “¿Quién mató a Manuel Buendía?”, no tiene sentido hoy si no entendemos primero quién fue Manuel Buendía. Ese es el camino para entender por qué fue él y no otro periodista, el blanco de la mente asesina. Llevar a la justicia al autor intelectual y a sus cómplices supondría una transformación de México que hoy ni remotamente está a la vista.

Mi columna de cada año:

“Hace 42 años murió asesinado Manuel Buendía Tellezgirón.

“Aquel 30 de mayo de 1984 fue miércoles. Por la tarde, el autor de “Red Privada” -la columna cuyo nombre se ha hecho sinónimo de lo mejor de nuestro periodismo- abandonó la oficina que rentaba en un viejo edificio de Insurgentes, a la altura de la Zona Rosa en la ciudad de México, y se dirigió al estacionamiento público en donde guardaba su auto. Ahí, en la puerta, fue emboscado. Un sicario lo ultimó de cinco tiros por la espalda.

“El día pardeaba. Vehículos y peatones congestionaban la principal avenida de la capital. El crimen, deliberadamente frente a testigos, fue una ejecución, una advertencia. Las fotografías del cadáver de Manuel Buendía en una acera le dieron la vuelta al país y al mundo: en aquel México tal era el fin que aguardaba a los practicantes de un periodismo crítico, analítico y, sobre todo, independiente. La alarma de que “si pueden matar a Buendía … ¡pueden matar a cualquiera!”, recorrió el país.

“Cuarenta y dos años han transcurrido y mucha agua ha pasado bajo nuestros puentes. Hoy reconfirmamos que la muerte de Buendía fue ejemplar, pero no en el sentido en que quisieron sus asesinos. Un instante después de la primera oleada de dolor y miedo, en el periodismo mexicano se refrendó el compromiso con la libertad. Y conforme pasan los años, nuevas generaciones de periodistas encuentran en Manuel Buendía un ejemplo de ética, valentía y rigor profesional y personal. Don Manuel sigue entre nosotros por la sencilla razón de que la esencia del periodismo en el que él creía sigue siendo la misma.

“Recordamos a Buendía de muchas formas. Su cálida amistad y el sentido de humor con que engalanaba su trato. La solidaridad y el culto a la amistad. Su profunda convicción de estar transitando por el mejor de los caminos profesionales. Una vez escribió: ‘Ni siquiera el último día de su vida, un verdadero periodista puede considerar que llegó a la cumbre de la sabiduría y la destreza. Imagino a uno de estos auténticos reporteros en pleno tránsito de esta vida a la otra y lamentándose así para sus adentros: ‘Hoy he descubierto algo importante, pero… ¡lástima que ya no tenga tiempo para contarlo!’

“Un hombre comprometido y eficaz. Un periodista preocupado por definir el oficio: ‘El periodismo no nos permite vivir de ‘lo que fue’, de ‘lo que el viento se llevó’. Al contrario: nos obliga a vivir para lo que es. Un periodista no puede permitir que sus amigos le organicen, como a un pintor, exposiciones retrospectivas’.

“’Los periodistas, como el combatiente sin relevo, vivimos y morimos con el uniforme de campaña puesto y el fusil humeante entre las manos’.

“’Dicho de otro modo menos melodramático: los militantes del periodismo -por vocación y por destino- tenemos que ser, aquí y ahora, y para nosotros ser significa publicar, hacernos oír, ya sea desde una gran cadena de periódicos, o en una modestísima revista provinciana y hasta en una simple hoja volandera’.

“’Mi homenaje, pues, a tantos colegas que no alcanzan fama ni honores, pero que jamás han desertado del deber profesional un solo día’.

“Hay hombres que forjan sus propias leyendas. En el periodismo de vez en cuando surgen figuras que rompen los moldes no como un reto, sino porque ello es parte misma de su naturaleza. Manuel Buendía fue de esa estirpe.

“Lo recordamos siempre.”

31 de mayo de 2026

 

 

 

Para una copia electrónica del libro “La Red Privada: ensayo sobre el periodismo de Manuel Buendía”, escriba a: juegodeojos@gmail.com.

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