martes, febrero 27, 2024

ISEGORÍA: Política versus economía

Sergio Gómez Montero*
a veces, paraba y se agitaba con furia, eso después de solo tocar
tres compases que no perfeccionaba
Jenkins: “Para Elisa”

Los tiempos han sido agitados; un poco más de lo normal. Influyó mucho, sin duda, la pandemia; eso conmovió, de manera sensible, todos los indicadores económicos (influyó, también, la marginación sorpresiva de Arturo Herrera de los puestos de confianza; esa marginación conmovió, más que nada, a quienes ocupan puestos directivos en la 4T, en donde no se permite ningún tipo de titubeos, como bien lo supo Santiago Nieto en su momento). En fin, como nunca, la relación entre economía y política está dominada, como pocas veces, por la segunda, lo que, mal que bien, hace que la primera, con todo y los resbalones naturales dada la agitación del contexto, se mantenga estable y en muchos sentidos (reservas internacionales, por ejemplo) hasta boyante, y por eso es que el país en su conjunto hoy avanza poco a poco con certidumbre y se espera que pronto en mejores condiciones de crecimiento.
Sin duda ese manejo político de la economía es uno de los factores más significativos que le han permitido a la 4T no sólo sortear las tempestades por las que ha debido atravesar, sino, más que nada, consolidarse y, sobre todo, preparar el terreno para que los próximos tres años no sólo Rogelio Ramírez (flamante secretario de Hacienda) vaya a Perú a colaborar con el gobierno de aquel país, sino, sobre todo, prepare la mesa para que la economía del país comience a crecer de manera sensible, generando empleos y, en particular, logrando que el salario y las pensiones de todos los trabajadores aumenten de manera sensible para que así no se haga tan dolorosa la injusta distribución del ingreso que aún existe en el país y que es una de las lacras más dolorosas que el neoliberalismo nos heredó y la cual sólo luchando podrá erradicarse, pues un gobierno de transición como el actual lo único que está dispuesto a hacer, parece, es buscar que muy poco a poquito esa lacra se borre, siempre y cuando no trastorne muy abruptamente el orden de las cosas políticas en el país.
No todo, pues, es miel sobre hojuelas con ese manejo político de la economía ya que, lo vuelvo a escribir una vez más, ese poco a poquito de los cambios de fondo que hay que hacer para que impere la justicia (ésa que, como afirma Arturo Saldívar, nunca ha estado a favor de los pobres en México) en el país, requieren que la política se proponga más en serio modificar la economía para que ésta funcione, en realidad, a favor de los millones de pobres que hoy existen entre nosotros, de una manera no sólo de beneficencia pública, sino como un proceso en el cual los que muchísimo tienen dejen de tenerlo para que los millones que casi nada tienen comiencen a disfrutar de los beneficios de la existencia, de una manera más justa y racional que hoy.
De lo que se trata, pues, no es sólo de que la política domine a la economía, sino de que, se insiste, esta segunda se vuelva más justa y racional.
P. D. Llega fin de año y llegan los quince días finales de diciembre en que aprovecho para descansar quince días, como todos los años, para, entre otras cosas, aprovechar y platicar un poco con los viejos de la tribu (que cada vez somos menos, porque hoy nadie quiere ser viejo, parece); intercambiar pareceres y desearnos que los tiempos por venir los sigamos viviendo. Nos vemos por acá en enero del 22.

*Profesor jubilado de la UPN/Ensenada
gomeboka@yahoo.com.mx

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