lunes, abril 15, 2024

ISEGORÍA: Los muchos enemigos

Sergio Gómez Montero*

Hoy saldrás del carbón y del rocío.
Hoy llegarás a sacudir las puertas
con manos maltratadas

P. Neruda: “América insurrecta”

De que es difícil gobernar, es difícil. Se siente desde afuera, más se ha de sentir desde dentro. Los ataques, la mayoría injustos, no cesan: se repiten como repiquetear de campanas o de voces insepultas que te persiguen obsesivamente. La imagen del Buda de la Compasión, Mil Brazos y Once Cabezas de Compasión, nos ayudaría a comprender a que se refieren mis palabras, pues ese Buda serviría para representar gráficamente al gobierno actual, el de AMLO, que se defiende una y otra vez, con todo, de los ataques que por todos lados tiene que soportar para seguir en su tarea de gobernar de manera diferente y paciente al país, tratando, sobre todo, de erradicar dos de los fenómenos que dañaron seriamente a la nación los años recientes: corrupción e impunidad.

Sí, la corrupción poco a poco se ataca (el huachicoleo en general, por ahora); pero muchos se resisten a que la lucha se lleve a cabo porque sus pequeños o grandes intereses de producción o consumo se ven afectados y, de inmediato, se oponen a las acciones del gobierno y tratan de arrastrar a sectores de la población afines a ellos, tratando así de trastornar la vida pública, utilizando tácticas que en otros países han funcionado para generar conflictos sociales que lleven a enfrentar de manera violenta a la población civil contra el Estado. Tácticas propias de la desestabilización social promovida para dificultar, precisamente, el gobierno de países que se oponen a la hegemonía capitalista actual. Es decir que sólo teniendo mil brazos y once cabezas el Estado puede gobernar entonces.

Pero, ¿cómo puede el Estado, entonces, tener mil brazos y once cabezas? Una manera es, equivocada, armando un aparato burocrático de grandes dimensiones que le permita vigilar y supervisar todo lo que hacen los habitantes de un determinado territorio, lo que llevaría, a ese Estado, a cobrar grandes tributos e impuestos a toda la población, de manera particular a los sectores más desfavorecidos económicamente (habría que recordar la película Brasil que nos ilustra sobre ello). Otra forma de hacerlo, que es en muchos sentidos la más adecuada, es incorporar al gobierno a los más pobres de la población para que ellos se conviertan en los mil brazos y once cabezas que se requieren para gobernar y que de tal forma el gobierno del territorio se facilite y se realice con mayor efectividad. Así, por ejemplo, hoy, en lo que se refiere al huachicoleo la población ve bien que él sufra de un ataque que lo vaya disminuyendo y si es posible desapareciéndolo, haciendo actuar a ejército y marina, pero ¿y los culpables dónde están? ¿Por qué, en esa parte de las tareas (persecución y castigo), no se ha avanzado? ¿Porque el Estado es débil aún en esa parte de su democracia o porque es omiso, por complicidad, en la tarea?

Frente a los muchos enemigos que hoy tiene, no poner a funcionar la persecución y el castigo, ya, el actual gobierno, implica para él una marcada debilidad del Buda de la Compasión que no se puede permitir, pues precisamente para eso está dotado de mil brazos y once cabezas que le deben permiten, y le obligan, a desarrollar todo tipo de tareas, con paciencia, ternura y compasión, es decir con justicia. Pero que lo tiene que hacer, lo tiene que hacer.

Breve, mínimas lecciones de política y budismo, un domingo que hace mucho frío en donde vivo.

*Profesor jubilado de la UPN

gomeboka@yahoo.co.mx

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