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Sergio Gómez Montero*

Nos amenazan con fusiles y cañones,
Hemos acordado temerle, más que a la muerte
A ésta vida amarga que llevamos

B. Brecht: “Revolución de los comuneros”

Desde sus orígenes, la política, en tanto manejo de la ciudad (polis) tuvo vinculaciones estrechas con la ley y con el orden, y con un tercer elemento fundamental: el poder, lo que, según Maquiavelo, le otorgó su malignidad, en tanto la lucha por el poder es un ejercicio que no tiene límites ni reglas: allí todo se permite y cuando uno se mete en ella se expone, por tanto, a todo: desde el calvario a la crucifixión, que es muerte. Muy bien lo supo, tardíamente, el líder morelense Samir Flores, a quien asesinaron arteramente en las puertas de su casa en Amilcingo, el pasado miércoles luego de encabezar la oposición al Proyecto Integral Morelos al cual los pueblos nahuas de las faldas del Popo se oponen por la contaminación que ello implica para las aguas y las tierras de Morelos, Puebla y Tlaxcala. El daño ambiental que causaría ese proyecto es de una obviedad más allá de toda consulta.

Es decir, en tiempos de lucha tan intensa como la actual, la política tiende a convertirse en una actividad carente de principios, en cuyos juegos llenos de malignidad muchos actores se ven involucrados, como hoy sucede, por ejemplo, con los arreglos que virtualmente tienen destruido a lo que un día fue el Partido de la Revolución Democrática, comprado hoy por la morenista Dolores Padierna a fin de así obtener la mayoría absoluta en la Cámara de Diputados y facilitar de tal forma la tramitación de las iniciativas que en esa Cámara se discuten. Lo mismo ha sucedido hoy en Baja California con la designación de quienes serán candidatos a puestos de elección popular, en donde impunemente los acuerdos de Jaime Bonilla y Leonel Godoy se impusieron a las bases de Morena sin recato ni medida.

Múltiples. de esta forma, pueden ser los ejemplos que a nivel internacional, nacional o local es fácil mencionar sobre cómo la política desde mucho antes de los Borgia hasta la actualidad es malignidad pura. ¿Culpa de quién allí: de la política como ejercicio o de los hombres que hacen la política? Evidentemente la política en su acepción de lucha por el poder genera una serie de valores negativos que inducen sobre todo a la violación de la ley en su caso extremo: el asesinato, y cuando se llega allí es porque se ha perdido el control de la política y si se sigue el camino inverso del orden de la ciudad y por ende de la ley. Eso quiere decir entonces que la organización se ha ido al bote de la basura o que se ha olvidado lo que Bauman escribe en uno de sus textos clásicos (“Tiempos modernos, marxismo moderno): en términos marxistas no se le puede apostar todo a un solo factor determinante (ni la economía ni nada), si no hay de por medio la intervención de todos los factores intervinientes de la vida social, en términos ello de un equilibrio determinante; en ese equilibrio determinante, la lucha por el poder también está incluida y la política desde luego, por ende.

En fin, a mí en lo particular me da tristeza escribir estas líneas, porque escribir de la política en estos tiempos de cambio debiera ser hablar de maneras diferentes de hacerla: en donde las formas que predominaran no fueran ni el asesinato ni el fraude, sino la transparencia y la enjundia plena. Pero algo malo está pasando y es mejor detenerlo a tiempo.

*Profesor jubilado de la UPN

gomeboka@yahoo.com.mx

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