domingo, abril 6, 2025

ISEGORÍA: El sinsentido de lo electoral

Sergio Gómez Montero*
Me tocó leer hace poco una nota de Arturo Revueltas Cantú (“La democracia electoral: jugar a que jugamos”, Tribuna Comunista 572, 10-II-24) que lo hace a uno pensar en qué sentido tiene jugar hoy a lo electoral, a la democracia electoral, si ello no es otra cosa que la vestimenta que el capitalismo utiliza para emprender la lucha política: fraudes, cochupos. artimañas y de ser preciso crímenes para así montar el tinglado de una lucha que no es tal sino sólo fuegos de artificio, tal y como hoy está sucediendo en el país con la actual campaña electoral que no dice nada, ni conmueve a nadie ni tampoco presagia cambios en la vida social de la Nación.
Por ejemplo, las encuestas –esas instantáneas fugaces de la realidad– están anunciando desde tiempo atrás el triunfo arrasador de Claudia Sheinbaum, quien así dará continuidad a la transición sedosa iniciada por AMLO, con un proyecto de país que no quiere modificar ni levemente el modelo de acumulación capitalista que desde hace muchos años atrás (desde la postrevolución a la fecha) sustenta al país. Proyectos tales como una justa reforma fiscal que equilibre levemente la injusta distribución de la riqueza y las relaciones de capital y trabajo son acciones que, ni en sueños, se contemplan. Poco a poco, muy poco a poco el miserabilismo (becas, apoyos muy restringidos para los productores, aumentos en salarios mínimos) simula cambios sociales, que, por ahora, son suficientes para garantizar el triunfo electoral.
Por el lado de la oposición su oferta da risa: desde la señora que simula sus orígenes sociales y piensa que la política es risa loca, hasta las intermitentes e inacabables guerras sucias cuyo resultado es mostrar cómo este bando carece de honestidad e inteligencia y cómo es que su oferta política no tiene ningún sentido, a menos que con el golpe blando (vía lawfare) que elucubran quieran hundir al país en un caos de dimensiones sociales inimaginables.
¿Qué pues, entonces, esperar de los próximos debates electores organizados por el INE, que no sea una guerra de lodo emprendida por la oposición para tratar así, de manera inútil, de disminuir la inalcanzable distancia que la puntera tiene respecto a sus dos contrincantes? No, ni para diversión esos debates.
Obligado por la forma de operar de la República actual, que otorga constitucionalmente al Ejecutivo un don de mando indiscutible, habría que preguntarse cuándo se llegará el tiempo de gobiernos colegiados que distribuyan más equitativa y mayoritariamente la toma de decisiones, como parte de acciones políticas trascendentes.
La diversión hoy, en serio, está en pensar cómo, con la vida social en su conjunto, se puede modificar la vida política de la Nación, intentando que ella deje ser, indistintamente, el mercado de vanidades que hoy es, al mismo tiempo que deje de ser el mercado de puestos de representación popular que están a la venta al mejor postor.
¿Por cuánto tiempo más la denominada democracia electoral –toda ella saturada de falsedades y de trampas– seguirá dominando la vida política de la Nación? ¿Cuándo los votantes que el próximo 2 de junio le daremos el triunfo a Sheinbaum optaremos por una mejor forma de organizar nuestra vida política, lo mismo que nuestra vida social?
*Profesor jubilado de la UPN

Artículos relacionados