ISEGORÍA: Debajo de la alfombra

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Sergio Gómez Montero*

No me refiero a lo que se resuelve en tu boca.

A otro menú me refiero

W. Benavides: “El menú diario”

Esa pequeña triquiñuela no por sabida deja de ser practicada por quienes hacen labores de casa: poner debajo de la alfombra los restos de la basura que por descuido o por flojera no se fue capaz de depositar en el recogedor, al fin y al cabo allí nadie se dará cuenta que allí está, hasta el momento en que la orografía de la alfombra parezca un basurero parecido a los del Rey Lopitos, que durante años fue el zar de los pepenadores del país. Pero, como lo sentenciaba el maestro Rius: “La basura nunca se puede tirar suficientemente lejos”, ella, tarde que temprano, vuelve a aparecer para devorarnos. Y así es hoy entre nosotros, los mexicanos, quienes los últimos 35 años acumulamos basura a lo bruto debajo de la alfombra del país y convertimos a éste en un muladar de dimensiones increíbles, en donde todo lo que en él existe está convertido en detritus que ni con miles de grúas alcanzará algún día a ser levantado. Es por eso que el país vive una verdadera tragedia entre un gobierno que trata con muy buena voluntad y esfuerzos de limpiar al país, pero que, dada la dimensión de la tarea, a veces pareciera cansarse y mostrarse incapaz de realizar tal labor de limpieza.

Pero no sólo el gobierno está cansado. Cansados estamos también los ciudadanos quienes pensamos que la limpieza iba a ser mucho más sencilla y sobre todo menos dificultosa, pues nunca supusimos que fuera tanta la basura acumulada, considerando también que el poder de gobernar todo lo puede, incluyendo en ello el poder de la sanción que permitiera como por arte de magia (como un deseo pedido a la lámpara mágica) castigar sin ningún tipo de trámite a quien tan impunemente hizo del país un vertedero realmente insoportable, dado que la violación de la ley era evidente y por ende el castigo debía darse sin tardanza y con rigor. Pero no, pareciera que la basura acumulada fue tanta que los vertederos siguen saturados y mientras tanto los olores mefíticos inundan el ambiente, mientras quienes nos llenaron de detritus siguen allí, campantes, sin que nadie los toque ni con el pétalo de una rosa.

Como sea, podemos todos los días descubrir nuevas acumulaciones de basura, sin duda, pero si esos descubrimientos permanezcan sin que los culpables de esas acciones sean sancionados, las tareas de descubrir serán acciones casi inútiles y fatigosas, pues la persistencia de la impunidad anularía todos los esfuerzos de limpieza que se realicen. ¿Cómo, al respecto, es que se debe de actuar entonces para que la impunidad no nos venza? ¿Tarea política o de amor y paz? ¿Una tarea que se puede posponer al infinito y más allá?

Si no se asume que el fin de la impunidad es necesario, la limpieza, en realidad, no tendrá todos los efectos que necesariamente debiera tener y parecerá inútil seguir realizando esas tareas, pues el país seguirá sucio de una u otra manera.

P. D. Con permiso médico reanudo mi colaboración, esperando que ello contribuya a recuperar mi estado de bienestar tan decaído. Claro, en mi caso cuenta la edad en mi contra como un factor determinante.

*Profesor jubilado de la UPN

gomeboka@yahoo.com.mx

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