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Sergio Gómez Montero*

toda poesía es hostil al capitalismo

puede volverse seca y dura pero no

porque sea pobre

J. Gelman: “XCI”

Una imagen del país, objetiva, hoy es aquella que nos lo presenta como un vehículo de modelo reciente pero ya abollado por diferentes partes, como si él hubiera sido sometido a unos juegos de choques con la única finalidad de divertirse. Es decir, hoy, recientemente el país se ha manejado de una manera tan descuidada o poco habilidosa, sin atender a las enseñanzas que la administración pública marxista (leer el texto de Laura Álvarez Huwiler y Alberto Bonnet: “Ensayo y error. Un análisis marxista de las políticas públicas”, publicado en el número 233 de la Revista Mexicana de Ciencias Políticas y Sociales), en donde se nos señala que en los escenarios posliberales que se han levantado en América Latina, incluido México, “se renovaron, en amplios sectores de la sociedad en general y de la dirigencia política en particular, las esperanzas en la intervención del Estado como recurso privilegiado para impulsar el postergado desarrollo económico y social de la región”. Pero, desde luego, ello, por sí mismo, no ha sido una panacea, sino que al operarse un esquema racionalista/incrementalista la administración pública se ha dado de topes con una realidad que no se somete tan fácilmente a sus deseos por razones de naturaleza múltiple que van lo mismo desde la presión de organismos semipoliciacos internacionales (léase CIA) a errores de novatos en el manejo del aparato administrativo del poder.

Hay múltiples razones que explican las abolladuras múltiples del carro llamado administración pública actual de México, que tienen que ver indistintamente con una política de austeridad mal aplicada (generalizadora, cuando no puede ser así), hasta llegar hoy a las ligas inexplicables que vincularon al Estado con la iglesia La Luz del Mundo y con su hoy defenestrado líder Nasón Joaquín García (de largo historial delictivo: recuérdese Michoacán), lo que abrió un hoyo enorme en las negociaciones que hoy se llevan con Estados Unidos sobre aranceles y que hace que nos asemejemos tanto a Bolsonaro y sus vinculaciones con los fundamentalsmos brasileños. Abolladura también lo ha sido su neomilitarismo y sus proyectos desarrollistas de los magnoproyectos contraambientalistas que lo caracterizan.

Pero volvemos a ya señalado otras veces: ¿a qué se debe el inexplicable zigzageo de las políticas de administración pública amloista, que parece no tomar en cuenta la sensibilidad de las mayorías en su afán de enfrentar como toro de lidia a quienes, los neoliberales, que sin duda son sus enemigos naturales? ¿Por qué no se ha tenido el cuidado suficiente para darle al populismo con el cual se maneja un sentido diferente con el que se manejan, por ejemplo, los populismos neoderechistas de Europa? Por lo que dice Maximo Modonessi (“Las izquierdas negadas por la 4T”, en Nueva Sociedad del 2 de junio de 2019), porque, en su afán de no identificarse con clichés, López Obrador navega sin rumbo y sin sentido por las aguas procelosas del presente político actual y, lo que es más grave, perdiendo amarres con los sectores de población que lo condujeron a la victoria electoral: los jóvenes, sectores de la clase media y sectores de la población rural.

No se trata sólo de estar en contra de AMLO. Se trata de ver junto con él que sí y que no debe ser la administración pública hoy en el país.

*Profesor jubilado de la UPN

gomeboka@yahoo.com.mx

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