Investigadores del Broad Institute y Harvard revelan como la microbiota puede encender la quema de energía en el tejido adiposo

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CIUDAD DE MÉXICO.- Durante décadas, la lucha contra la obesidad se ha centrado en una ecuación aparentemente sencilla de calorías ingeridas frente a calorías gastadas. Sin embargo, la ciencia ha comenzado a desvelar por qué esta fórmula no funciona igual para todo el mundo. Una investigación del Broad Institute, vinculado al MIT y a la Universidad de Harvard, y publicada recientemente en la revista Nature, ha identificado el mecanismo molecular exacto que permite a ciertas bacterias del intestino dar órdenes directas al tejido graso. El hallazgo revela que la microbiota intestinal tiene la capacidad de reprogramar la grasa blanca almacenada para que se comporte como grasa beige, un tejido especializado en consumir energía para producir calor.

De acuerdo con Muy Interesante, este descubrimiento supone un cambio de paradigma en la nutrición y la salud metabólica. La investigación identifica cuatro cepas bacterianas específicas y el metabolito que estas producen, el cual viaja a través del torrente sanguíneo hasta alcanzar los depósitos de grasa. Los resultados demuestran que ciertas bacterias actúan como un interruptor biológico que dicta si el cuerpo debe guardar energía o empezar a quemarla, resolviendo finalmente el enigma de por qué la composición bacteriana de cada individuo es tan determinante en su peso.

Grasa blanca, grasa parda
Para entender la magnitud del hallazgo, es necesario distinguir entre los tipos de grasa que habitan en nuestro cuerpo. La grasa blanca es el reservorio tradicional de energía, el tejido que acumulamos y que se asocia con los problemas metabólicos. Por el contrario, la grasa parda es un tejido “activo” que quema calorías para mantener la temperatura corporal. Existe un tercer tipo, la grasa beige, que aparece cuando las células de grasa blanca se transforman y adquieren la capacidad de disipar energía.

El equipo de investigadores, liderado por científicos como Ramnik Xavier, ha descubierto que la microbiota intestinal es el director de orquesta de este proceso de transformación. Mediante análisis genómicos y metabólicos avanzados, los científicos observaron que la presencia de cuatro cepas bacterianas concretas induce la expresión de la proteína UCP1 en el tejido adiposo blanco. La conclusión del estudio es que la grasa beige no surge de forma espontánea, sino que es el resultado de una señal molecular emitida desde el intestino, un proceso que permite al organismo aumentar su gasto energético basal sin necesidad de un esfuerzo físico adicional.

Este “beiging” o conversión en grasa beige es el objetivo que la farmacología ha buscado durante años sin éxito rotundo debido a los efectos secundarios. La novedad de este trabajo reside en que utiliza una vía biológica natural: el uso de metabolitos bacterianos que el cuerpo ya reconoce y procesa, lo que abre una vía mucho más segura y eficaz para el tratamiento de la obesidad y la diabetes tipo 2.

Las cuatro bacterias que “encienden” el metabolismo
La identificación de las bacterias responsables de este cambio es el núcleo del éxito del Broad Institute. Aunque convivimos con billones de microorganismos, los investigadores han logrado aislar cuatro cepas que producen un metabolito específico capaz de cruzar la barrera intestinal. Este compuesto actúa como un mensajero químico que viaja hasta los adipocitos, las células de grasa, activando los genes responsables de la termogénesis. Los datos indican que la presencia de estas bacterias específicas correlaciona con una mayor resistencia a la ganancia de peso, incluso ante dietas ricas en grasas.

En modelos experimentales, la introducción de estas cepas en organismos que carecían de ellas provocó una reducción significativa de la masa grasa y una mejora en la sensibilidad a la insulina. Lo más relevante es que los científicos validaron estos mecanismos en células humanas, confirmando que la ruta metabólica está conservada en nuestra especie. La investigación subraya que la obesidad podría tratarse en el futuro como un déficit de mensajeros bacterianos específicos, permitiendo una medicina de precisión donde se repueble el intestino con los “interruptores” adecuados.

Este enfoque explica por qué dos personas pueden responder de manera opuesta a la misma dieta. Si una de ellas carece de las bacterias capaces de inducir el beiging de la grasa, su cuerpo permanecerá en modo almacenamiento, mientras que la otra, con una microbiota optimizada, quemará el exceso de energía de forma automática. El estudio nos dice que no somos solo lo que comemos, sino lo que nuestras bacterias deciden hacer con esa energía.

Hacia los probióticos de nueva generación
Es fundamental aclarar que este descubrimiento no se traduce en los probióticos que podemos encontrar hoy en los estantes del supermercado. Las bacterias identificadas son anaerobias estrictas y muy sensibles, lo que requiere una tecnología de encapsulación y administración que apenas está empezando a desarrollarse. No obstante, el hito científico ya está puesto: tenemos el mapa genético y el mecanismo molecular. Los expertos sostienen que estamos ante el nacimiento de una nueva generación de bioterapéuticos vivos diseñados específicamente para reprogramar el metabolismo humano.

La identidad del hallazgo es reveladora: nuestro cuerpo es un sistema integrado donde el intestino ejerce un control remoto sobre el resto de los tejidos. La ciencia nos está demostrando que la grasa no es un tejido inerte, sino un órgano endocrino que escucha y obedece a los microbios que habitan en nuestras entrañas. Entender la grasa como un tejido maleable y reprogramable es la herramienta más poderosa que hemos descubierto para combatir la epidemia mundial de enfermedades metabólicas.

Al final, este estudio nos ofrece una visión mucho más compasiva y biológica de la obesidad. Nos aleja de la idea de la falta de voluntad para situarnos en el campo de la comunicación intercelular. La ciencia nos está diciendo que la llave de nuestra salud metabólica podría estar en cuatro diminutas cepas bacterianas que, si logramos dominar, nos permitirán encender el motor de nuestro cuerpo desde su rincón más profundo.
AM.MX/fm

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