CIUDAD DE MÉXICO.— Lejos de la creencia popular que cataloga al arte prehispánico como una manifestación homogénea, la enorme diversidad de ecosistemas en Mesoamérica impulsó a las distintas civilizaciones a emplear una vasta cantidad de materiales en sus creaciones escultóricas. Estas piezas, integradas recurrentemente con la arquitectura y la pintura mural, constituyen los bienes patrimoniales que perduran hasta la actualidad.
Así lo expuso el arqueólogo e investigador emérito del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), Eduardo Matos Moctezuma, al dictar la conferencia Escultura prehispánica. Dicha ponencia inauguró el ciclo “La escultura en México”, organizado por El Colegio Nacional (Colnal) en colaboración con el Centro de Enseñanza para Extranjeros de la UNAM, bajo la coordinación del propio arqueólogo y del académico Aban Flores Morán.
Durante el evento, celebrado el 7 de julio en el Aula Mayor del Colnal, Matos Moctezuma realizó un recorrido histórico desde la cultura olmeca hasta la mexica. “Cada cultura tiene sus propias características. Pueden tener influencias, pero, en cada región, con su propio medio ambiente y lengua, van a plasmar su identidad”, puntualizó.
Innovación de materiales: De los olmecas al área maya
En su análisis, el fundador del Proyecto Templo Mayor detalló las particularidades técnicas de cada civilización:
• Cultura Olmeca: Destacó su dominio para trabajar piedras duras y abrasivos en grandes volúmenes, visible en las cabezas monumentales de San Lorenzo Tenochtitlan, Veracruz. También resaltó su pericia en el manejo de la madera para tallar los bustos de El Manatí, y su habilidad para plasmar movimiento en piezas como El luchador.
• Cultura Maya: Matos Moctezuma señaló que la escultura poseía marcados fines políticos. Como ejemplos citó el Dintel 26 de Yaxchilán, labrado en piedra caliza; la combinación de jade, jadeína y obsidiana en la Máscara de Calakmul; y el uso del estuco en la cabeza de Palenque, que presuntamente retrata al gobernante Pakal.
• Occidente de México: El investigador describió un distanciamiento estético total respecto al resto de Mesoamérica. Esto se evidencia en figuras femeninas con cuerpos pintados, escenas de la vida familiar y los emblemáticos perros cebados de Colima moldeados en barro, cuyas proporciones rompen con los cánones de otras regiones.
Integración arquitectónica y la policromía mexica
La conferencia también abordó el estrecho vínculo entre la escultura y el entorno arquitectónico. En la cultura zapoteca, esto se observa en la Tumba 5 de Huijazoo, Oaxaca, donde una deidad esculpida con un fastuoso tocado custodia la entrada de la cámara funeraria. Por su parte, el Templo de la Serpiente Emplumada en Teotihuacan destaca como una obra cumbre que fusionaba arquitectura, relieve y pintura polícroma, decorada con motivos marinos y cabezas de reptiles que emergen de las escalinatas.
Esta policromía fue compartida por los mexicas, cuyas magnas obras como la Piedra del Sol o el monolito de Coyolxauhqui lucían originalmente tonos rojos, amarillos y azules. Matos Moctezuma ensalzó el realismo mexica presente en el Caracol de andesita; las incrustaciones de piedras preciosas sobre madera en la escultura de Xólotl (resguardada en Dinamarca); y las piezas de Mictlantecuhtli y el Guerrero Águila, modeladas en barro mediante segmentos independientes para su posterior ensamblaje.
Finalmente, el arqueólogo enfatizó que el atuendo visible en esculturas, códices, cerámica y pintura funcionaba como un lenguaje identitario dentro de un pensamiento cosmológico común. Asimismo, celebró que historiadores mexicanos de la talla de Edmundo O’Gorman, Justino Fernández, Jorge Alberto Manrique, Beatriz de la Fuente y María Teresa Uriarte lograran romper con la visión eurocentrista para comprender la dimensión estética de estas manifestaciones prehispánicas.
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AM.MX/dsc




