fbpx Glenn Gould, el genio canadiense del teclado y la tecnología acústica

Glenn Gould 21

CIUDAD DE MÉXICO, 05 de noviembre (Al Momento Noticias).- Glenn Gould fue un personaje controversial. Al menos para quienes estuvieron interesados o pusieron atención a las excentricidades públicas del intérprete en lugar de seguir sus cualidades ante el teclado.

Saltó a la fama y obtuvo el reconocimiento de las grandes audiencias con su grabación del año de 1956 a las Variaciones Goldberg (BWV 988) de Johann Sebastian Bach.

En el año de 1957, durante una gira a la URSS, el pianista canadiense alcanza notoriedad internacional y comienza a convertirse en una leyenda, viva, audible.

Más su sensibilidad artística comienza a sentirse irritada por el ambiente generado alrededor de un concierto público y Gould, comenzó a señalar la obsolescencia del concierto o recital público.

Glenn Gould 01Costumbre permanente desde el siglo XVIII, misma que en la época de las grabaciones, el espectáculo cinematográfico y la radiodifusión permitía colocar al alcance de grandes audiencias las obras para el teclado de Johann Sebastian Bach, Franz Liszt o Frédéric Chopin, sin necesidad de esperar a que sus intérpretes acudieran al villorrio o pequeña población en la que se vivía.

Antes de retirarse del escenario público el pianista canadiense pedía quitar el aplauso de las salas de concierto, pues el propósito del arte no es la liberación momentánea de un torrente de adrenalina, sino —en su lugar— es una permanente construcción de un estado de admiración y serenidad.

Después del anterior enunciado publicado en 1962, cuatro años más tarde, en 1966, decidió dejar el escenario de los conciertos públicos y dedicarse a establecer contacto con su audiencia por medio de las grabaciones, la radiodifusión, el cine, la Tv, y para conectarse con el mundo exterior: utilizó el teléfono, en grandes y extensas conversaciones con diferentes interlocutores que duraban toda la noche.

Cambió la sala de conciertos por el estudio de grabación. Contra todos los pronósticos de la cordura exigida a los intérpretes del repertorio pianístico, y en general a cualquier artista, en 1964 Glenn Gould, contando entonces con 31 años, después de haber sido aclamado y homenajeado en todo el mundo por su extraordinario virtuosismo, decide suspender sus presentaciones en público debido —según sus palabras— a la incapacidad de un artista para corregir las fallas y otros errores minúsculos en una audición pública.

Esa actitud minuciosa y perfeccionista no lo separó ni lo hizo renunciar a la música, al contrario, le permitió cambiar de medio de expresión por uno de comunicación, muy en sintonía con las ideas de Marshall Macluhan, su contemporáneo y paisano, de que los medios de comunicación son las Glenn Gould 25extensiones del hombre. En este sentido, Glenn Gould expuso en una entrevista que la tecnología tiene la capacidad de crear una atmósfera de anonimato y permitirle al artista el tiempo y la libertad para preparar su concepción de una obra con lo mejor de sus capacidades.

En concordancia a sus afirmaciones dejó establecido su canon tecno/artístico en el artículo Prospects of recording (traducible a: Posibilidades de la grabación), un artículo publicado en año de 1966, para la revista High fidelity. La aparición de este manifiesto artístico coincide en el mismo año en que Phil Spector había afincado su fama de productor musical con su famosa pared de sonido; Brian Wilson acababa de producir uno de los álbumes musical, vocal y acústicamente más elaborados titulado Pet Sounds y los Beatles preparaban el material de Sgt. Pepper’s Lonely Hearts Club Band.

Esos enunciados daban por finalizada la era del intérprete público tal y como había sido apreciada desde principios del siglo XVIII y que habían dado lugar a compositores/intérpretes de la talla de Robert Schumann, Franz Liszt y Frédéric Chopin.

Es entonces que las grandes audiencias podían anticipar, conocer, ampliar, por medio de sus colecciones de discos, las cualidades interpretativas de Ignaz Paderewsky, Vladimir Horowitz o Emil Gilels. Y con la tecnología acústica el disco de larga duración se convertía en una forma de arte en sí y no una reproducción de un concierto en vivo. Las grabaciones estereofónicas en vinil a 33 1/3 de rpm con su correspondiente aura acústica permitían apreciar la concepción estructural de una obra por medio de la proximidad, inmediatez y claridad otorgada por las posibilidades del

almacenamiento y reproducción del sonido con la ventaja, adicional, de poder repetirla una y otra vez. Práctica imposible de lograr en las salas de concierto.

Anticipó la vigencia del crossover por medio del fastforward

El talento proteíco de Glenn Gould le permitió licencias al respecto de otros ámbitos del espectáculo popular, como lo fueron sus opiniones sobre Petula Clark y Barbra Streisand. De la primera escribió un texto titulado “La búsqueda de Petula Clark“, publicado en el año de 1967 por la revista High Fidelity, en la que señaló, con la suficiente autoridad proporcionada por el conocimiento musical, al respecto del tema Who Am I, que la cantante inglesa era una vocalista digna de respeto.

Para perturbar a los críticos puristas y ortodoxos, en 1976, al reseñar el álbum Classical Barbra, se declaró… obsesionado por Barbra Streisand, para decirlo directamente. “Con la posible excepción de Elizabeth Schwarzkopf ninguna otra vocalista me ha provocado tanto placer o tantas ideas sobre Glenn Gould 22el arte interpretativo”, afirmó.

El pianista murió en 1982, a la edad de 50 años. Pero como intérprete del siglo XX, las enseñanzas de Glenn Gould quedan en sus grabaciones realizadas a lo largo de su vida. De su catálogo destacan, desde luego, las obras para teclado de J. S. Bach y de Ludwig van Beethoven, en seguida la obra para piano de Arnold Schoenberg, por extensión la de Alban Berg y Anton Webern. El sonido de Glenn Gould ante el teclado es inconfundible, puede uno desconocer al autor de la obra pero siempre estar seguro de que el intérprete es el pianista canadiense.

A ese respecto Gould es un héroe en su país. A falta de héroes bélicos o deportivos a quienes rendirles pleitesía, los canadienses reverencian a su genio del teclado y de la tecnología acústica utilizada en la preservación de archivos musicales.

Dejemos de lado la lectura y vayamos a uno de los usos de la televisión propuestos y explotados por el pianista. Dejo al lector con la interpretación de Glenn Gould al Concierto número 5 para piano y orquesta en Mi bemol mayor. Op. 73 “ Emperador” de Ludwig van Beethoven con Karel Ancerl al frente de la Orquesta Sinfónica de Toronto en una interpretación realizada ex profeso para el medio televisivo.

AMN.MX/cbt/jmg

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