ESCARAMUZAS POLÍTICAS

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Gloria Analco

  • TRUMP ATRAPADO EN SU PROPIA TRAMPA DE ESCALADA

Un Donald Trump totalmente desquiciado y fuera de tono en relación con la alta geopolítica ha metido a Estados Unidos en el peor embrollo jamás visto en su historia. Al proclamar victorias inexistentes en Ormuz y pretender cobrar por un servicio de seguridad que ya no puede ofrecer, exhibe la degradación de la política exterior norteamericana. Sus palabras no son estrategia, son síntomas de un poder que se desmorona frente a sus aliados y frente a sus adversarios.

En lo que va de la guerra, Estados Unidos ha dejado patentizado que no está en condiciones de brindar ninguna seguridad. Trump ha empantanado a su país y lo ha metido en un callejón sin salida militar, político, económico y bursátil, donde las promesas de protección se han convertido en humo a la vista de todos.

Irán, por su parte, se mantiene firme y ha advertido que impedirá cualquier intento de Estados Unidos por controlar el estrecho de Ormuz, luego de que Trump anunciara la aplicación de un bloqueo marítimo y una tarifa equivalente al 20 por ciento de la carga transportada, algo que las propias aseguradoras van a neutralizar.

Durante décadas, Washington vendió armas y prometió protección a los países del Golfo. El ataque del 28 de febrero mostró que ni siquiera pudo defenderse a sí mismo, mucho menos a sus socios.

Arabia Saudita y otros se desligan: comprobaron que la “garantía” estadounidense ya no existe. Las calamidades que ahora confronta Estados Unidos son contundentes: reservas de armamento a punto de agotarse, aviones que pronto no podrán volar por falta de combustible, incapacidad de sostener operaciones prolongadas.

Cada movimiento trumpista hunde más a EE.UU. en un callejón sin salida.

El impacto económico es inmediato: aseguradoras que encarecen o suspenden coberturas, primas de guerra de hasta 5% del valor del buque, tráfico marítimo reducido y rutas desviadas. El cerco naval de Trump convierte el tránsito por Ormuz en un riesgo financiero insostenible y en una previsible alza de los precios del petróleo a las nubes.

Y como si fuera poco, el frente bursátil revela otra fragilidad: la burbuja de la inteligencia artificial. El mercado estadounidense ha inflado expectativas y capitales en torno a la IA, creando un globo especulativo que amenaza con estallar y provocar una crisis peor que la de 2008.

La guerra y la burbuja se retroalimentan: mientras Trump empantana a su país en el terreno militar, la economía se tambalea sobre un castillo de naipes tecnológicos.

Trump, atrapado en su propia trampa, declara que “todo el petróleo de Irán es nuestro” mientras el estrecho se abre y se cierra según la voluntad de Teherán.

“No hay estrategia, solo impulsos emocionales de un presidente que lee encuestas y responde con berrinches”, recalcó Alastair Crooke, analista geopolítico especializado en asuntos de Medio Oriente, en una entrevista con Danny Haiphong.

La reacción de Trump ante los ataques es reveladora: proclamarse “ángel guardián del estrecho” y exigir compensaciones de sus aliados ricos. Pero detrás de la bravata se esconde la tragedia griega: un hombre cuya naturaleza lo condena a repetir errores hasta destruirse.

Crooke lo define con claridad: “Estamos presenciando una tragedia inevitable, donde la personalidad arrastra al destino”.

Tucker Carlson, por su parte, lo dijo sin rodeos: “Trump se está destruyendo públicamente, y el peligro es enorme”.

El común denominador de los analistas geopolíticos es que la economía estadounidense, sostenida por burbujas y apalancamientos, no resistirá una guerra prolongada.

Europa es aún más vulnerable, mientras Israel ha creado las condiciones para el desastre: crisis política interna, desobediencia institucional, colonos trasladados a Siria y el Líbano, un ejército que admite no poder sostener el frente.

La tragedia en Occidente es compartida: Washington e Israel, unidos en espirales de escalada que los conducen a una nueva derrota, mientras Europa sin disimulo se hace a un lado.

En la tercera noche consecutiva de ataques, Irán ha demostrado que la escalada ya no está en manos de Washington. Bases destruidas en Jordania, Kuwait y Bahréin, drones de cientos de millones reducidos a humo, sistemas HIMARS neutralizados: el mapa militar estadounidense se desmorona bajo la ofensiva iraní.

En el caso de Jordania, circula el run run de que numerosos aviones habrían sido alcanzados, información atribuida a filtraciones de inteligencia rusa o china.

De haber sucedido, el golpe habría enfurecido aún más a Trump, atrapado en un ciclo de ira emocional más que de estrategia.

Cada golpe estadounidense recibe una respuesta mayor, y el ciclo se convierte en un abismo cada vez más profundo para los estadounidenses.

Ante el mundo queda clara la falsedad de las declaraciones de Trump, de que había reducido a humo los sistemas de ataque y defensa de Irán.

La madrugada del 12 de julio marcó un nuevo punto de quiebre en la guerra en el Golfo. Estados Unidos, bajo órdenes directas de Trump, lanzó más de dos centenares de ataques contra instalaciones iraníes con el argumento de proteger la navegación en el estrecho de Ormuz.

La respuesta de Teherán fue inmediata y contundente: cerrar el paso estratégico “hasta nuevo aviso” y extender su ofensiva hacia bases militares estadounidenses en Jordania, Baréin y Kuwait, exhibiendo su fortaleza militar, como el primer día de los combates.

Lo que se presentaba como una operación limitada se ha transformado en una escalada regional abierta, donde la fachada de seguridad marítima encubre un pulso estratégico por el control de rutas energéticas y comerciales, incluida la Ruta de la Seda, en clara agresión estratégica contra China.

Mientras tanto, la demostración de fuerza civilizacional en Irán -millones en procesiones, fervor y energía- revela un renacimiento islámico que trasciende la lógica militar.

No es chií ni suní, es la umma en movimiento, un eco que resuena en Pakistán, en el Golfo y más allá.

Crooke lo llama poder civilizacional, una fuerza que recuerda al renacimiento islámico del siglo XIX, pero esta vez con raíces más profundas.

Israel, por su parte, se hunde en crisis. Netanyahu, acorralado por juicios de corrupción y la amenaza de prisión, se aferra a la escalada como salvavidas político.

La moral en Israel se desploma, el Tribunal Supremo es desafiado, y la sombra de una guerra civil se cierne sobre ese país.

Pero el cálculo iraní es claro: dos puntos de presión, Ormuz y Líbano. Ormuz como arma atómica, Líbano como herida abierta para Israel.

La combinación coloca a Teherán en ventaja estratégica. mientras Trump y Netanyahu, atrapados en sus propias trampas de escalada, se desgastan en un ciclo que no controlan.

La guerra en el Golfo ha dejado al descubierto lo esencial: Estados Unidos ya no controla la escalada, Israel se hunde en su propia crisis, y Europa se tambalea en la fragilidad de sus burbujas.

Trump y Netanyahu, atrapados en sus trampas de ira y cálculo político, se desgastan en un ciclo que no dominan.

Irán, en cambio, ha convertido la resistencia en estrategia y la cohesión civilizacional en fuerza.

El estrecho de Ormuz y el frente libanés son hoy los relojes de arena de una transformación histórica: cada movimiento de Occidente acelera su propio derrumbe, mientras Oriente afirma que el tiempo ya no les pertenece.

El desenlace no será una victoria militar, sino un cambio de época. Y en ese cambio, el poder que se creía eterno se revela como humo.

 

 

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