ESCARAMUZAS POLÍTICAS

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Gloria Analco
TRUMP DESARMA LA GUERRA Y SE CALZA EL NOBEL
Cuando ya todo apuntaba a que Donald Trump había cedido por completo a las presiones de los neocons y las élites globalistas -que lo transformaron de presidente de la paz en presidente de la guerra, listo para aplastar a Irán como si fuera un insecto- sucedió lo impensable: les dio la espalda, los enfrentó… y armó la paz.
Con una maniobra de ilusionista, Trump hizo creer al mundo que lanzaría la guerra total en Oriente Medio.
Pero mientras sus aliados geopolíticos aplaudían los tambores de combate y sus enemigos temían el apocalipsis, él se guardaba una carta bajo la manga: un alto al fuego entre Israel e Irán anunciado con bombo y platillo en su red Truth Social.
Resultado: no solo detuvo la guerra, sino que la desactivó de raíz.
Y ahora, con la escena controlada, se perfila -con razón- como candidato al Nobel de la Paz. El golpe maestro fue suyo, no de sus halcones.
Pero no lo hizo solo. También es cierto que las presiones sobre él se diluyeron después del baño frío que vino del Este: el mensaje fulminante de Dmitri Medvédev -ex presidente ruso y actual vicepresidente del Consejo de Seguridad-, quien lanzó diez conclusiones tras el ataque de EE. UU. a Irán, y una de ellas cambió todo el equilibrio estratégico global.
¡Esa fue la clave! Lo que Medvédev dijo en el punto tres -que “una serie de países están dispuestos a suministrar directamente a Irán sus armas nucleares”- descolocó por completo a Netanyahu y a los neocons.
¿Para qué seguir exigiendo a Trump que borrara a Irán del mapa si Irán podía tener la bomba de todas maneras, cortesía de terceros países como Pakistán o Corea del Norte?
La doctrina del “ataquemos antes de que tenga armas nucleares” quedó pulverizada. Ya las iba a tener de todos modos. Esa revelación obligó a una retirada estratégica de los halcones, y le despejó el camino a Trump para aplicar su plan maestro: declarar la paz.
Ahora suena menos descabellado que lo postulen al Nobel. Al fin y al cabo, evitó una guerra que podría haber durado años y destruido todo Oriente Medio.
Y aunque el anuncio fue a su estilo —grandilocuente, dramático, bendiciendo a medio planeta y al propio Irán—, los hechos están ahí: logró lo que nadie esperaba.
Claro que el peligro aún no se ha evaporado. Si algo nos ha enseñado la historia reciente es que los neocons y Netanyahu no aceptan perder tan fácilmente.
La posibilidad de una operación de falsa bandera que culpe a Irán de un ataque fabricado no puede descartarse. Una chispa falsa podría incendiar el tablero nuevamente y arruinarle a Trump su flamante Nobel.
Pero por ahora, el presidente que parecía haber cruzado el Rubicón de la guerra ha dado la vuelta completa y regresado a su imagen de arquitecto de la paz.
Y lo ha hecho en sus propios términos, capoteando a halcones, teócratas, lobbies armamentistas y estrategas desquiciados.
Con un giro espectacular, Trump no solo desactivó una guerra, también desactivó la narrativa de sus enemigos.
Y eso -nos guste o no- es una proeza histórica.

 

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