Gloria Analco
- GUERREROS DESCALZOS CONTRA IMPERIOS CALZADOS
Líderes occidentales, con sus zapatos hechos a la medida, presumen racionalidad mientras invaden Irak con mentiras, ahorcan a su jefe de Estado, engañan a Gadafi en Libia para luego asesinarlo en la calle, y persiguen a Siria por no someterse, frenados solo por Rusia.
Y sin embargo, se atreven a llamar “irracionales” a los hutíes (Ansar Allah), esos guerreros descalzos que desde Yemen cerraron el mar Rojo, atacaron embarcaciones y fueron los únicos que actuaron para defender a los palestinos en Gaza.
Y ahora, lo último: los Ansar Allah han pasado de cerrar el mar Rojo a golpear directamente a Arabia Saudita.
Se apoderaron de ciudades portuarias como Mokha y de islas en el estrecho de Bab el-Mandeb, y lanzaron drones y misiles contra instalaciones petroleras de Aramco y bases aéreas sauditas.
Arabia Saudita activó alertas en La Meca y cerró oleoductos, como si los drones hutíes, como más se les conoce, fueran más temidos que los sermones del viernes.
El imperio petrolero, que presume estabilidad, se ve obligado a retroceder ante guerreros descalzos que proyectan estrategias precisas y bien concebidas.
Como dice Alastair Crooke: “Occidente no entiende a los movimientos de resistencia porque los mide con parámetros de mercado y poder militar convencional, cuando ellos operan desde comunidad, trascendencia y paciencia estratégica.”
El episodio más revelador, sobres sus habilidades guerreras, ocurrió cuando Estados Unidos decidió atacarlos directamente.
En el momento más agudo del genocidio en Gaza, los hutíes golpeaban barcos que intentaban llegar a Israel.
Trump ordenó una ofensiva contra ellos, pero pronto descubrió que sus buques quedaban expuestos a drones y misiles baratos, capaces de paralizar rutas multimillonarias.
La respuesta fue inmediata: ordenó la retirada y canceló -al parecer de manera permanente- cualquier intento de volver a atacarlos.
Fue el imperio el que retrocedió, no la milicia. El magnate que presume nunca retroceder terminó huyendo del mar Rojo como si los drones hutíes fueran tiburones con hambre de acero.
Alastair Crooke, ex diplomático británico, ex agente del MI6 y fundador del Conflicts Forum, conoce de primera mano las dinámicas de resistencia en Medio Oriente.
Su análisis lo hace desde la experiencia de quien ha visto cómo comunidades cohesionadas pueden proyectar estrategias de guerra precisas.
No habla desde un café londinense: viene del corazón del sistema que ahora se rasga las vestiduras porque los descalzos le ganan la partida.
Occidente los etiqueta como “terroristas manejados por Irán”, pero esa es una caricatura interesada.
Crooke recuerda que “los hutíes no buscan conquistar el mundo, sino preservar su identidad y golpear en los puntos neurálgicos del sistema occidental, demostrando que la fe y la resistencia pueden más que la arrogancia imperial.”
Su capacidad de proyectar estrategias proviene de disciplina comunitaria, formación religiosa y política, y una sorprendente habilidad para convertir recursos limitados en armas de presión global.
El mundo les debe un reconocimiento a la altura de los más grandes guerreros que ha dado la humanidad, porque ellos sí parecen ganar los combates.
Y los ganan con la racionalidad que Occidente nunca entendió: la de la resistencia, la fe y el golpe preciso.
En la historia contemporánea, muy pocas milicias han logrado triunfar. La mayoría fueron aplastadas por ejércitos regulares o absorbidas por la lógica de los Estados.
El Viet Cong hizo que la mayor potencia del siglo XX huyera con la cola entre las piernas; los talibanes resistieron dos décadas de ocupación y forzaron la retirada de Estados Unidos disfrazada de derrota honorable; Hezbollah obligó a Israel a retirarse en 2000 con un desfile de vergüenza.
Fuera de esos casos excepcionales, la regla ha sido la derrota Ansar Allah se suma a esa lista mínima de victorias, con base en disciplina comunitaria, cohesión religiosa y política, y una sorprendente capacidad para transformar recursos mínimos en estrategias de guerra exitosas.
Los hutíes, descalzos, dicho más metafóricamente, pisan la historia con más firmeza que los imperios calzados. Y esa es la ironía que Occidente no soporta: los que absurdamente se creen dueños del mundo son los que huyen, mientras los “irracionales” son los que resisten y vencen.




