ESCARAMUZAS POLÍTICAS

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Gloria Analco

  • WASHINGTON QUISO EVITAR UN RIVAL: HOY ENFRENTA TRES

La historia, con su ironía magistral, dicta sentencia: en el aniversario 25 del 11‑S -que coincidió con la celebración de la XVIII Cumbre de los BRICS en Nueva Delhi- Estados Unidos descubre que sus planes de 1992, elaborados tras la hecatombe de la URSS y con los que buscaba evitar el resurgimiento de un nuevo rival que le disputara la hegemonía, se han vuelto contra él.

No logró impedir el resurgimiento de Rusia ni el ascenso de China, y ahora enfrenta también a India, que se suma como tercer pilar del bloque BRICS, ya superadas las asperezas entre ellos.

Así, mientras Washington pretendía evitar un rival, hoy se encuentra frente a tres, y todos juntos le están cerrando el paso.

La cumbre de Nueva Delhi lo confirma: los BRICS se blindan contra sanciones, comienzan a aplicar mecanismos para reducir la dependencia del dólar y consolidan un bloque rector que ya gobierna buena parte de la economía mundial.

Pero esta cumbre no se entiende sin mirar atrás.

El 11 de septiembre de 2001, fecha que marcó el inicio de la “guerra preventiva” tras el derrumbe de las Torres Gemelas en Nueva York, fue el catalizador que permitió a Washington declarar la guerra contra el terrorismo y lanzar una serie de invasiones en Medio Oriente bajo la doctrina elaborada por Paul Wolfowitz en 1992, a instancias de Dick Cheney, entonces secretario de Defensa de George H. Bush.

La llamada Doctrina Wolfowitz tenía un objetivo claro: impedir que surgiera un nuevo rival capaz de desafiar la hegemonía estadounidense tras la caída de la URSS.

Para lograrlo, se debía controlar el Medio Oriente y sus recursos energéticos, imponiendo gobiernos afines a Washington.

El documento planteaba que Estados Unidos debía mantener una superioridad militar incuestionable, intervenir preventivamente en cualquier región donde pudiera surgir un poder hostil y, sobre todo, garantizar que ningún país -ni aliado ni adversario- alcanzara la capacidad de disputarle el liderazgo global.

Afganistán, Irak, Libia y Siria fueron devastados; Irán quedó como último objetivo en la lista. La estrategia era clara: ocupar territorios, controlar petróleo y gas, instalar regímenes dependientes de Washington.

Pero el resultado fue otro: guerras interminables, sociedades fracturadas y un desgaste político y económico que debilitó al propio imperio.

Veinticinco años después, la ironía es evidente: Putin sabía que India no podía romper con Occidente de golpe, pero sí podía usar esa cercanía para traer información y tender puentes.

Por tanto, Modi se ha convertido en el hombre capaz de sentar a Irán y Emiratos en la misma mesa, algo que ocurrió en esta cumbre de los BRICS, pero que ni Washington ni Bruselas hubieran logrado.

Xi aprovecha ese rol para que China no aparezca como el único contrapeso, sino como parte de un bloque donde India suaviza tensiones y Rusia endurece posiciones.

Las voces de los tres grandes marcaron el pulso de la cumbre.

Xi Jinping denunció la guerra en Oriente Medio como contraria a los intereses comunes de la humanidad y llamó a los BRICS a fortalecer la cooperación en inteligencia artificial y nuevas industrias, colocando a China como locomotora ética y técnica.

Vladímir Putin, en medio de sanciones occidentales, subrayó que el BRICS ya representa casi la mitad de la población mundial y más del 40% del PIB global, reafirmando su papel como arquitecto político de un orden multipolar.

Narendra Modi, anfitrión hábil, presentó la Declaración de Nueva Delhi como símbolo de consenso y logró reunir en la misma mesa a Irán y Emiratos, proyectando a India como mediador estratégico permanente.

Tres voces distintas, un mismo mensaje: el BRICS gobierna.

Los anuncios de la cumbre confirmaron que el BRICS ya no es un proyecto en ascenso, sino un bloque rector consolidado. La ampliación con Irán, Egipto, Etiopía, Emiratos Árabes Unidos e Indonesia, entre otros, elevó su peso a casi la mitad de la población mundial.

La Declaración de Nueva Delhi, con 140 puntos, rechazó sanciones unilaterales y pidió máxima contención en Oriente Medio. La agenda económica fue contundente: desdolarización del comercio intragrupo, soberanía digital, transición energética y crédito para pymes.

En paralelo, China y Rusia respaldaron las aspiraciones de Brasil e India en el Consejo de Seguridad de la ONU.

El mensaje fue claro: el BRICS no solo existe, gobierna. El mundo, después de esta cita, es otro.

Y en el centro de la escena, tres grandes arquitectos: Xi Jinping como locomotora ética y técnica, Vladímir Putin como arquitecto político de un orden multipolar, y Narendra Modi como mediador estratégico.

El contraste es mayúsculo. El 11-S debía garantizar la supremacía estadounidense; la cumbre de los BRICS demuestra que esa estrategia fracasó. El imperio que quiso controlar el mundo a través de la guerra preventiva se encuentra ahora acorralado por potencias que lo superan en economía, en capacidad militar y en legitimidad internacional.

El mundo multipolar ya no es futuro. Es presente.

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