Ciudad de México.- En una entrevista íntima y exclusiva con Al Momento Mx, el artista argentino Amilcar Nadal recorre los pasajes más profundos de su historia, desde un exilio que marcó su infancia hasta la solidez de una carrera que hoy trasciende los escenarios. Más allá de las notas musicales, Nadal revela su faceta como coach ontológico, utilizando la palabra como una herramienta de transformación para activar el mecanismo de pensamiento en las nuevas generaciones. A través de este diálogo, descubrimos a un hombre que no solo vive el arte, sino que lo utiliza como un puente para fomentar la conexión humana y la capacidad de reconstruirse, recordándonos que sin el vínculo con el otro, la experiencia digna en la tierra simplemente se desvanece.

Los ecos de un exilio que forjaron la identidad latina en tierras suecas
La vida de Amilcar comenzó marcada por la distancia y la adaptación constante, dividida entre los inviernos de Estocolmo y las raíces de Buenos Aires. El exilio de sus padres no fue solo un cambio geográfico, sino una escuela de supervivencia donde la cultura latina se convirtió en un refugio ideológico frente a la estructura europea. Nadal recuerda esos años como un proceso de ajuste natural, donde la conciencia de la carencia económica llegó mucho después de la capacidad de adaptarse a lo que había.
“Bueno mirando ahí, creo que a uno la vida le toca cuando uno es chico, uno se adapta a cualquier cosa, así que… Los comienzos era lo cabía. Lo que es y había que darle para adelante”. Esta mentalidad de perseverar en lo latino a pesar de la distancia fue el cimiento de su carácter, permitiéndole navegar entre dos mundos que, aunque opuestos, terminaron por definir su esencia artística y humana.

El reencuentro de dos hermanos bajo la poderosa energía de Lumumba
El regreso a Argentina trajo consigo la fundación de Lumumba, un proyecto que nació más de la necesidad de unión familiar que de una ambición comercial premeditada. Amilcar describe su entrada al mundo artístico como un acto de confianza en su hermano Fidel, quien lo impulsó a cantar y romper con sus propias estructuras internas. El grupo se convirtió en un fenómeno que unió a dos hermanos que habían pasado quince años separados por las circunstancias políticas del exilio.
“Que ni él se lo esperaba, o sea que era más la reunión de dos hermanos que no habían estado juntos hace un montón de años por el tema del exilio. Y que la energía de ambos era muy poderosa”. A través de esta colaboración, Nadal aprendió la maestría de ir peleándola en el contexto latinoamericano, una realidad drásticamente distinta a la seguridad que ofrecía el estado de bienestar en Europa.
El vacío inmenso y el tajo que dejó la partida de Pablito Molina
Hablar de reggae en la vida de Amilcar es inevitablemente hablar de Pablito Molina. Su partida dejó un hueco emocional que Nadal describe no como una carga de legado, sino como la ausencia de una solidez fraternal en un mundo musical que suele ser cruel y salvaje. Para él, la pérdida trasciende lo profesional; es la falta de esos momentos cotidianos, como compartir un mate, lo que hace que la navegación por la industria se sienta con un “tajo más”.
“El vacío. El vacío es enorme, porque la música, el mundo de la música es muy cruel, es muy salvaje, no hay reglas, no hay gravedad para decirlo así”. Esta realidad lo llevó a cuestionar la fragilidad de las carreras artísticas, especialmente durante la pandemia, cuando todo lo construido parecía desvanecerse de un día para otro, impulsándolo a buscar nuevas formas de impactar positivamente en la sociedad.
La sinergia artística en colaboraciones con figuras de la escena mexicana actual
La trayectoria de Amilcar en México se ha consolidado a través de colaboraciones con artistas de géneros diversos como Panteón Rococó, Lengualerta, Shenka y Alemán. Estas uniones revelan que, a pesar de las diferencias estilísticas, a todos los atraviesan las mismas injusticias latinoamericanas y el deseo de una vida digna. Destaca su reciente trabajo con El Dusty y Pato Machete, una pieza que suma satisfacción a su carrera por la importancia de estos nombres en la escena nacional.
“El Dusty. Lo conozco de antes… Él ya tiene un sonido particular… Me encanta como él suena. Me encanta como como hace sonar las canciones que saca”. Además, prepara un estreno internacional junto a Macha (Chile) e Yugo Taguchi (Japón) con una letra que invita a conectar con el ser humano. Estas alianzas no solo fortalecen su proyección en festivales como el Vive Latino, sino que permiten que el mensaje de unión latinoamericana resuene con mayor fuerza.
La resistencia frente al algoritmo y el rescate de la observación barrial
Nadal observa con preocupación cómo las nuevas generaciones parecen vivir en una desconexión provocada por la tecnología. Para él, es vital que los jóvenes reaccionen y recuperen su capacidad crítica frente a la inmediatez digital. Su enfoque de coaching y resiliencia busca que el individuo despierte y entienda su entorno político y social antes de que el tiempo avance, proponiendo una reconexión con la realidad inmediata de su comunidad.
“Cada vez se hace más difícil porque vos ves los chicos con los celulares. Como desconectados del mundo que no les importa nada… Y a vos vas a ser el que tenés que… empezar a darte cuenta, ¿quién maneja tu barrio? ¿quién maneja tu ciudad? ¿cómo funcionan las cosas?”. Esta filosofía de desconexión digital para la conexión humana es el núcleo de su propuesta actual, donde la resiliencia se construye a través del cuestionamiento constante y la búsqueda de una experiencia de vida digna.
La disciplina del habla como herramienta para profundizar en el ser humano
Para Amilcar Nadal, la transición hacia el coaching ontológico no fue un cambio de carrera, sino una evolución en su capacidad de conectar con los demás a través de la palabra. Él enfatiza que, a diferencia de la música donde él es quien emite el mensaje desde el escenario, la ontología requiere un espacio de respeto mutuo y reglas claras donde el trabajo se realiza exclusivamente mediante el diálogo. Esta formación le ha brindado herramientas personales que prefiere no ostentar, sino aplicar con humildad para entender cómo funcionamos los seres humanos y cómo podemos mejorar nuestras observaciones del mundo.
“La ontología significa el trabajo de que uno hace solamente a través del hablar… Es a través del hablar que vamos descubriendo y trabajando, y avanzando o profundizando. El tema de trabajar más una charla es poder explicar cómo más o menos funcionamos los seres humanos”. Esta faceta de su vida le permite hoy ofrecer algo más que entretenimiento; ofrece un espacio de privacidad y profundidad donde las herramientas del coach sirven para que cada individuo encuentre su propia resiliencia frente a los desafíos cotidianos de la vida.

El desafío de escribir una historia personal sin pretensiones de fama
La presentación de su libro en la FIL Guadalajara representó un punto importante en su carrera, permitiéndole explorar un mundo literario que encontró sorprendentemente similar al de la música por sus exigencias comerciales. El proceso de escritura, guiado por Ana Campos, funcionó como una terapia personal que lo llevó a entrevistar a su propia madre y a redescubrir episodios de su infancia que ahora cobran sentido bajo su formación como coach.
“Uno se lee desde como tercera persona… Y es como. Ahh. Y ahora que uno tiene más herramientas. Se acuerda de tal episodio o o qué había pasado en tal lugar. Y ahí es como que ahh! Ay, ahora entiendo por qué”. Con una disciplina férrea que incluye entrenamientos intensos y hasta duchas de agua fría, Amilcar Nadal continúa persiguiendo su propósito con una intensidad que une el estudio de grabación y el aula de coaching, demostrando que ambos mundos conviven a través de la honestidad.
La intensidad como motor para unificar el arte y la disciplina
Al final del día, Amilcar Nadal no elige entre el aula o la cabina de grabación; ha logrado que ambos mundos convivan bajo una filosofía de vida estricta donde el respeto a las reglas del lenguaje y la honestidad son innegociables. Se define a sí mismo bajo un concepto que rige desde su salud física hasta su carrera: “soy intenso… la intensidad”. Esta fuerza es la que le permite ensayar horas en el estudio y entrenar cada día como si fuera el último, persiguiendo una coherencia total entre lo que dice y lo que hace. Para él, ya sea a través de una canción o de una sesión de coaching, el objetivo es el mismo: conectar con el ser humano, porque como bien concluye el artista, “el ser humano, si no se conecta con otro ser humano… nos morimos”.

AM.MX/CV
