HUIXQUILUCAN, ESTADO DE MÉXICO.- Huixquilucan se ha consolidado como uno de los municipios mejor administrados del país, en un escenario nacional donde muchos gobiernos locales enfrentan rezagos, improvisación y falta de rumbo. El caso no es producto de la casualidad, sino de una visión clara de gobierno que privilegió la planeación, la continuidad y los resultados. En ese proceso, el liderazgo de Enrique Vargas del Villar ha sido un factor decisivo.
Lejos de las coyunturas electorales, el modelo de gestión impulsado desde Huixquilucan se estudia hoy como un ejemplo de cómo la experiencia política bien aplicada puede traducirse en desarrollo urbano, estabilidad financiera y una mejor calidad de vida para los ciudadanos.
Uno de los principales diferenciadores del modelo Huixquilucan ha sido la capacidad de pasar del discurso a la ejecución. Durante la gestión de Enrique Vargas, el municipio dejó atrás prácticas improvisadas y avanzó hacia una administración basada en planeación estratégica, disciplina financiera y toma de decisiones con visión de largo plazo.
Gracias a este enfoque, Huixquilucan se transformó de un municipio con crecimiento desordenado en un polo residencial y económico de alto nivel. La modernización de la infraestructura, la eficiencia en los servicios públicos y una política de seguridad sólida colocaron al municipio entre los mejor evaluados del Estado de México.
El impacto del modelo Huixquilucan también se explica por el perfil de quien lo impulsó. Enrique Vargas no surgió como un liderazgo local circunstancial, sino como un político con experiencia legislativa y visión nacional. Esta trayectoria permitió al municipio mantener una relación institucional efectiva con distintos niveles de gobierno y con sectores estratégicos para el desarrollo económico.
La certidumbre jurídica y la confianza generada durante su gestión se reflejaron en la llegada de inversiones, el incremento sostenido de la plusvalía y un entorno de estabilidad que hoy distingue a Huixquilucan frente a otros municipios del país.
Reducir el caso de Huixquilucan a una narrativa de nombres o apellidos implica ignorar los resultados tangibles. La administración encabezada por Enrique Vargas y la continuidad institucional posterior, bajo el liderazgo de Romina Contreras, consolidaron una forma de gobernar basada en seguridad, obra pública funcional, servicios de calidad y orden administrativo.
Hoy, el modelo Huixquilucan se entiende como una referencia de buen gobierno municipal que ha demostrado eficacia, capacidad de adaptación y mejora constante. No se trata de permanencia política, sino de consolidación de lo que funciona.
A diferencia de otros casos donde la continuidad ha significado estancamiento, el esquema impulsado por Enrique Vargas se caracterizó por evolucionar, corregir y perfeccionar. Su legado muestra que la experiencia, cuando se traduce en resultados medibles, se convierte en un activo para los ciudadanos y no en un privilegio político.
Huixquilucan refleja hoy los efectos de una gestión estratégica que marcó un antes y un después en la administración municipal, y que sigue siendo un referente para quienes buscan gobernar con eficacia, responsabilidad y visión de futuro.
AM.MX/fm
