fbpx EN REDONDO: Nicaragua 1979, la última Revolución; ahí estuve | Almomento | Noticias, información nacional e internacional

Por: Mario Ruiz Redondo

El jueves 19 de julio se cumplieron 40 años de que el pueblo en armas, convertido en Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN), entraría victorioso a Managua, la capital de Nicaragua, para asumir el poder, una vez derrocada la dictadura de cuatro décadas, de la familia Somoza Debayle.

Días antes el ahora columnista abandonaría el país, al ser amenazado de muerte, luego de haber realizado la última entrevista periodística que concedería el general-presidente Anastasio Somoza Debayle, en su oficina subterránea del bunker ubicado dentro de las instalaciones militares de la Loma de Tiscapa, a un lado del Hotel InterContinental, por lo que no me tocaría vivir esa parte de la historia importante del mundo y que en lo personal que daría comienzo a partir de septiembre de 1977.

Una tarde de aquellos días, de hace ya casi 42 años, marcaría para siempre mi vida como periodista chiapaneco-mexicano, cuando en la redacción del periódico EXCELSIOR, atendiera una llamada telefónica de la poetisa Thelma Nava, que en principio me sorprendió, porque no la conocía y grande fue mi sorpresa, al recibir su invitación para reunirnos a tomar un café, en el restaurante Sanborn´s de la avenida Lafragua, en la acera de enfrente de Reforma 18, sede del cuartel general del Periódico de la Vida Nacional.

Se identificaría como la esposa del reconocido hombre de letras Efraín Huerta, a quien tampoco tenía el gusto de haber tratado, para darme más confianza y así aceptara la atenta invitación, en la que estarían presentes un grupo de jóvenes amigos de ella, que, me aseguraba, tenían mucho interés en conocerme y platicar conmigo.

Accedí a su amable convocatoria y al día siguiente por la noche nos reuniríamos en el lugar programado. Por entonces Doña Thelma tenía 46 años y Don Efraín 63 años. El no asistiría. Llegaríamos puntuales a la cita. Ahí estaba junto con cuatro jóvenes, a los que presentaría en voz baja por su nombre, para luego identificarlos como enviados de la Dirección Nacional de la guerrilla nicaragüense.

Por supuesto que quedaría sorprendido por el desarrollo de los inesperados acontecimientos, que tendrían como parte central por parte de Doña Thelma y el pequeño grupo de la insurgencia nicaragüense, para informarme que tenían la encomienda principal de hacerme llegar personalmente la invitación del FSLN para entrevistar en exclusiva para EXCELSIOR, a Humberto Ortega Saavedra, uno de los 9 comandantes del mando principal insurgente, herederos de la lucha del combatiente heroico César Augusto Sandino, asesinado por la Dictadura somocista.

Me explicarían que después de una larga lucha interna plagada de diferencias, las Tres Tendencias del Frente Sandinista se habían conciliado y a partir de octubre darían a conocer al mundo por mi conducto, su decisión de reactivar la lucha guerrillera, para combatir y derrotar a la Dinastía Somoza, perpetuada hasta entonces en el mando del país, a fuego y sangre.

Habían pensado en que el mejor medio para el anuncio, serían las páginas de  EXCELSIOR, al que reconocían como el principal periódico de América Latina y de habla hispana, que al publicar la noticia impactaría a nivel mundial.

Por supuesto que les dije que tenía interés en la reunión con Humberto Ortega Saavedra, por lo que a la mañana siguiente me reuní con mi jefe de Información, Alejandro Iñigo, quien le llamaría de inmediato por la red a nuestro director general Regino Díaz Redondo, que de inmediato dio luz verde a la entrevista.

Un encuentro que por cuestiones de seguridad para el comandante guerrillero, no se realizaría en México, sino en Centroamérica, por lo que se nos pediría aguardar el momento indicado, que sería en el siguiente mes de octubre, una vez que las condiciones estuvieran dadas y no se corriese ningún riesgo.

El diálogo se daría cuatro semanas después, en las “Montañas de Nicaragua”,  a las tres de la madrugada, después de haber salido del hotel a las ocho de la noche, acompañado de mi amigo y compañero fotógrafo tabasqueño Antonio Reyes Zurita, luego de recibir la llamada de contacto de gente del FSLN.

Nos pidieron tomar un taxi que nos dejara por una calle del centro de la ciudad, donde ya dos jóvenes, hombre y mujer, nos aguardaban para abordar un automóvil, en el cual nos trasladarían a un pequeño poblado circunvecino, donde antes de llegar, nos toparíamos con otra unidad diferente, con las características de ser una “todo terreno”, lo cual nos haría suponer que saldríamos de la carretera de asfalto.

A partir de ese momento, nos dijeron que tendrían que vendarnos los ojos con unos pañuelos, para evitar que supiéramos el rumbo que íbamos a tomar. Aceptamos de buena gana y a la media hora nos los quitaron.

Para entonces nos percatamos que la obscuridad en nuestro entorno era absoluta, mientras avanzamos en plano ascendente, seguidos por otro vehículo que nos custodiaba.

Llegaríamos a una casa de seguridad, donde otro grupo nos esperaba con dos automotores más potentes, a los cuales nos subimos para seguir por el camino cada vez más sinuoso y angosto, rumbo a la cita prometida con uno de los combatientes más reconocidos de los sandinistas, que había sufrido cárcel y torturas que le habían marcado físicamente, por parte de los verdugos somocistas.

Todos, menos nosotros, iban armados con fusiles ametralladoras, cubiertos sus rostros con pañuelos, para que no los identificáramos. Llegaría un momento en que nos encontraríamos con una cerca de alambres de púas que bloqueaba el camino de terracería. Amablemente nos pidieron que nos bajáramos para abrir el paso, pues no querían correr el riesgo de ser vistos.

Así lo hicimos, sin miedo, pero sabiendo que estábamos poniendo en riesgo nuestras vidas.

Llegaríamos al punto de encuentro por ahía de las tres de la mañana, cuando en nuestros rostros empezaba a notarse la preocupación. Toño me miraba, con señales de angustia, mientras lo calmaba, asegurándole que nada nos pasaría.

Se abriría la puerta de la cabaña de madera, custodiada por jóvenes -se les notaba en la voz-, vestidos con ropas militares camufladas de combate, que escondían sus rostros detrás de pañuelos bicolores.

Antes de la aparición del comandante, volvimos a ser revisados, “como medida de rutina de seguridad”, para asegurarse de que no portábamos algún objeto de riesgo. Una vez concluido el protocolo, saldría Humberto Ortega Saavedra, para presentarse y saludarnos amigablemente.

Un pañuelo dividido con los colores rojo y negro, con las siglas FSLN, solamente dejaban ver sus ojos, mientras su cabello era ocultado por una boina.

Ahí estábamos cumpliendo con nuestra cita con uno de los que a partir de ese momento adquiriría mayor relieve en la historia de la Revolución de Nicaragua, que tendría su desenlace el 19 de julio de 1979, en que junto con los demás comandantes de la Dirección Nacional del Frente Sandinista de Liberación Nacional, asumirían el control del país, al derrotar al último eslabón de una prolongada dictadura de más de cuatro décadas, la más significativa de América Central.

EXCELSIOR publicaría de manera destacada la entrevista que daría la vuelta al mundo. Su contenido encendería los focos rojos de La Casa Blanca, que por décadas mantenía su apoyo incondicional a los Somoza, ante el resurgimiento de un movimiento armado que contaría con todo el apoyo de la mayoría de los nicaragüenses, apoyado en las estrategias diversas de la Guerra de Guerrillas en los Frentes Urbanos y Rurales, que en el plazo inmediato quebrantaría la fortaleza de la Guardia Nacional somocista y su estructura de poder.

Tuvimos con Toño Reyes Zurita el arrojo de llegar a Managua a dar seguimiento a las denuncias de Ortega Saavedra, sobre todo de violación de los derechos humanos y desaparición de los presos políticos sandinistas, además de acusar a los Estados Unidos de respaldar “a la sanguinaria dictadura explotadora y empobrecedora del pueblo de Nicaragua”.

Ahí conocí a Ricardo Galán, el embajador de México ante el Gobierno de Nicaragua, quien me invitaría de inmediato a desayunar al día siguiente en el hotel InterContinental, donde nos habíamos hospedado. Me diría que Luis Pallais Debayle, el líder del Congreso y primo hermano del presidente Anastasio Somoza Debayle, tenía mucho interés en platicar conmigo, por lo que me invitaba a comer ese mismo día, en el Club Naútico Militar Xiloa, en las afueras de Managua.

Me recomendaría Ricardo que aceptara, lo cual hice con gusto. A ls dos de la tarde en punto arribamos al restaurante, donde ya nos aguardaba el familiar del presidente de la República. Nos recibió con un abrazo y me pidió que me sentara en la cabecera del amplio comedor, por ser su invitado especial.

En el transcurso de la comida, me pediría que lo entrevistara para que la opinión pública internacional se enterara de la posición de los representantes del pueblo de Nicaragua, con respecto a las declaraciones del comandante guerrillero, que consideraba ajenas a la realidad del país. Así lo hice y su visión como parte de la clase gobernante se dio a conocer en las páginas de EXCELSIOR, que fueron reproducidas por las más importantes agencias de noticias del mundo, encabezadas por la estadounidense Prensa Asociada.

Sería el inicio de ires y venires de este comunicador, por Centroamérica, para dar seguimiento a los avances de la lucha guerrillera nicaragüense, que tendría uno de sus momentos más espectaculares y trascendentes, en el asalto y toma de Palacio Nacional, el 22 de agosto de 1978, en los momentos en que sesionaba el Congreso, tomando como rehenes a los legisladores y a los secretario de Gobernación y Hacienda.

Ahí, en lo que se conocería como la “Operación Chancera”, surgirían las leyendas del “Comandante Cero”, Edén pastora y de Dora María Téllez, “Comandante 2” y de Hugo Torres “Comandante 1”, que cimbraría

a la Dictadura de Anastasio Somoza Debayle.

Guerra de Guerrillas que llevaría a un derramamiento de sangre, con víctimas fatales de más de 50 mil nicaragüenses muertos, en su mayoría acribillados por las balas y disparos de tanquetas militares, apoyados en el fuego aéreo de los aviones T-33 de la Fuerza Aérea oficial.

Contacto del entonces reportero de EXCELSIOR, con los miembros del brazo político del Frente Sandinista, encabezado en México por el ahora entrañable y querido amigo Don Carlos Gutiérrez Sotelo, que al triunfo de la Revolución sería el primer embajador de Nicaragua en México, quien en su fase previa se encargaría de la tarea diplomática que permitiría los apoyos económicos y políticos de gobiernos amigos como el de José López Portillo y Felipe González en España, además de naciones europeas y árabes.

El escritor Sergio Ramírez Mercado, sería otro de los integrantes, junto con el empresario Felipe Mántica Abaunza; el abogado Joaquín Cuadra Chamorro; el sacerdote católico Miguel D´Escoto Brockmann; el agrónomo Ricardo Coronel Kautz; el educador Carlos Tünnermann Bernheim; el religioso jesuita Fernando Cardenal; el empresario Emilio Baltodano Pallais, el economista Arturo Cruz Porras, así como el abogado  Ernesto Castillo Martínez y el arquitecto Casimiro Sotelo.

Continuaremos nuestra historia personal de una Revolución, a 40 años de distancia.

Premio Nacional de Periodismo 1983 y 2013. Club de Periodistas de México.

Premio al Mérito Periodístico 2015 y 2017 del Senado de la República y Comunicadores por la Unidad A.C.

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