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Por: Mario Ruiz Redondo

 

La mayoría de los catalanes ha dado un ejemplo de civilidad al mundo, al reiterar su decisión independentista este viernes 21 de diciembre y ganarle en las urnas al poder monárquico representado por el rey Felipe VI, combinado por una Jefatura de Gobierno subordinada, encabezada por Mariano Rajoy Brey, desde el 21 de diciembre de 2011.

Celebración de comicios inducidos por Madrid, para reasumir el control político y de gobierno de Cataluña, luego del desconocimiento y persecución judicial de Carles Puigdemont, de la Presidencia de la Generalitat, quien se vería obligado a exiliarse en Bruselas Bélgica, desde donde competiría como candidato de Junts per Catalunya (JxCAT), mientras su aliado el vicepresidente Oriol Junqueras, encarcelado en Barcelona, lo haría por Esquerra (ERC), que resultarían contraproducentes, al ser ratificados ambos en sus destituidos cargos, por encima de Inés Arrimadas, la abanderada de la causa del gobierno nacional, por el partido Ciutadans.

Fracaso de la estrategia del presidente Rajoy Brey, responsable por orden del rey, de aniquilar el movimiento separatista de los catalanes del Estado español, luego de que el domingo 1 de octubre último, la mayoría de la población ciudadana de Cataluña votara democráticamente su decisión de dejar de pertenecer a España, no obstante la ofensiva dispuesta ese día por decenas de elementos de la Policía Nacional y la Guardia Civil, mediante el uso de la fuerza para descabezar el referéndum de independencia convocado por la Generalitat, haciendo caso omiso a la suspensión previa del evento, por el Tribunal Constitucional.

Toda una serie de acciones judiciales y policíacas en las semanas anteriores contra la emisión del sufragio del desafío al gobierno central, que sería posible al crearse cientos de colegios electorales en esta importante provincia ibérica, que al resultar finalmente positiva, que llevaría al Presidente Carles Puigdemontt, a avanzar hacia una declaración de independencia.

Suceso que obligaría inmediatamente por aquellos días, al jefe de la Monarquía a descalificar los resultados, considerando ilegal la pretensión de la Generalitat de proclamar la independencia de Cataluña, así como de condenar a sus autoridades de incumplir la Constitución y su Estatuto de Autonomía, como la ley que reconoce, protege y ampara las instituciones históricas y su auto gobierno.

Un severo enjuiciamiento de Felipe VI, de la conducta tanto del gobierno como del parlamento catalanes, acusándolos de quebrantar los principios democráticos de todo Estado de Derecho y socavado la armonía y convivencia en la sociedad, al grado de dividirla, fracturarla y enfrentarla.

Con claro menosprecio al presidente Puigdemont, su vicepresidente Junqueras y a Carme Forcadell, máxima representante del Parlament, ubicándolos como “esas autoridades”, el jefe del Estado español, afirmaría que “se han situado totalmente al margen del derecho y la democracia y pretendido quebrar la unidad de España y la soberanía nacional, que es el derecho de todos los españoles a decidir democráticamente su vida en común”.

El tema de la disidencia catalana sería definida por Felipe VI, como “de extrema gravedad”, por lo que advertiría que “es responsabilidad de los legítimos poderes del Estado, asegurar el orden constitucional y el normal funcionamiento de las instituciones”.

Pasaría la estafeta al presente de Gobierno, Mariano Rajoy Brey, quien de inmediato, en apego a la norma constitucional, desconoció al presidente Carle Puigdemont, el vicepresidente Oriol Junqueras y a la dirigente del Parlament Carmen Forcadell, acusándolos de incurrir en delitos que ameritaban su inmediato encarcelamiento, dando paso a un nuevo proceso electoral para la designación de un nuevo Gobierno y Parlamento, programado para el 21 de diciembre.

Certeza de que los dirigentes derrocados no contaban con la mayoría de los catalanes, Rajoy y su equipo de asesores programaron prontos comicios, aprovechando que Puigdemont había emigrado en calidad de asilado político a Bélgica, en tanto Junqueras, sería puesto tras las rejas, desde donde siguió su lucha independentista y Forcadell abandonaría prisión, pagando una fianza que le daría derecho a la libertad.

Vendría la orquestación del sufragio en un terreno político catalán, donde el Partido Popular de Mariano Rajoy carece de suficiente presencia e influencia –ocupa el último lugar-, apuntalando a Inés Arrimadas, por el partido Ciutadans.       Los resultados de este 21 de diciembre, serían humillantes para el Jefe del Gobierno de España, al obtener la alianza independentista integrada por JxCat-ERC y Candidatura de Unidad Popular (CUP), un total de 70 diputados, equivalentes a dos por encima de la mayoría absoluta. Puigdemont y Junqueras suman juntos 66 escaños.

El resultado de los partidos apoyados por la Monarquía y el jefe de Gobierno, alcanzaría 57, como suma de Ciutadans (Cs), Socialista de Cataluña (PSC), conocidos también como los unionistas.

Los registros oficiales indican que el voto de los independentistas fue superior a los dos millones, estableciendo un nuevo record electoral, a diferencia de los unionistas que obtendrían 200 mil sufragios menos.

Jornada electoral histórica, la del 21 de diciembre de 2017, en la que el pueblo catalán ha votado por el retorno de Carles Puigdemont a la presidencia de la Generalitat y de Junqueras a la vicepresdiencia, de la que fueron destituidos por el poder monárquico y de gobierno, en la mayor asistencia a las urnas nunca antes registradas en Cataluña y en España, con una afluencia de 82 por ciento del padrón ciudadano, en forma tan arrolladora que les permite repetir la mayoría absoluta independentista en el Parlament.

Un acontecimiento histórico sin precedente en España el de Cataluña, al tener los separatistas todo en contra, sin poder político operando y con la Generalitat clausurada, los líderes en el exilio o prisión, con juicios penales abiertos, galopante crisis económica, el grueso de los catalanes consumarían la hazaña, la hombrada de enfrentarse al rey y a su gobierno.

Pero Mariano Rajoy Brey, aún así, no está dispuesto a acatar esa voluntad popular, argumentando que tanto Puigdemonyt como Junqueras, enfrentan juicios penales que podrían acumular más de 50 años de cárcel, lo que les impiden asumir los cargos.

Sumamente molesto por haber sufrido la mayor derrota de su carrera política, pues ha quedado ridiculizado ante aquellos gobiernos de la Unión Europea que apoyaron sus acciones legales en contra de los independentistas, que incluyeron actos de fuerza y violencia policíaca para doblegarla mediante Corporaciones armadas enviadas desde Madrid como forma de intimidación e inhibición del voto, sin lograr su propósito.

Ahora, busca en la persona de Inés Arrimadas, la alternativa para crear la nueva presidencia de la Generalitat, pasando por encima de la voluntad popular que no la benefició mayoritariamente con su voto, demostrando la férrea voluntad del pueblo catalán por seguir sustentado el justo reclamo de Puigdemont y Junqueras de lograr un trato económico más justo del Palacio de la Moncloa, rechazando las migajas que se les otorga, en una relación desigual, que no valora los beneficios de Cataluña para el resto de España.

Una Región catalana, distante de la geografía de Chiapas, pero cercana en la coincidencia con la de Soconusco, constituida por 16 municipios (Tapachula, Mapastepec, Villa Comaltitlán, Acacoyagua, Acapetahua, Escuintla, Huixtla, Mazatán, Tuzantán, Huehuetán, Tuxtla Chico, Cacahoatán, Unión Juárez, Frontera Hidalgo, Metapa y Suchiate), siempre rebelde desde su incorporación a México, en 1842, bajo la amenaza de las armas del gobierno de Antonio López de Santa Ana, al negarse a ser parte de la Federación Mexicana, a la que el resto de la entidad se sumó en 1824.

Coincidencia en actitud ciudadana, seguramente, si en los días que corren se realizará un referéndum que aflore la inconformidad ciudadana que favorezca, no la separación de México, sino de la creación de un nuevo estado en el país, considerando tener la capacidad, infraestructura y riquezas naturales necesarias para su auto subsistencia.

Importancia para la economía del estado, al ser considerada desde hace buen tiempo, como la capital económica de Chiapas, en una relación por demás desequilibrada e injusta, por la falta de apoyos para una mejor producción agrícola y fomento para la industrialización que genere empleos para las nuevas generaciones de cientos egresados de los centros de educación superior, que en su mayoría emigran ante la falta de oportunidades.

Promesas de un mejor desarrollo y progreso que no se cumplen por falta de inversiones productivas y compromisos que siguen en proyectos que no aterrizan como la Zona Económica Exclusiva de Puerto Chiapas, que tampoco será una realidad en el sexenio que agoniza, con el riesgo de cancelación en caso de un nuevo gobierno no afín al PRI.

Soconusco en Chiapas, como Cataluña en España, guardadas las comparaciones, tienen, eso sí, la coincidencia del reclamo sustentado en una realidad injusta, en la que no existe reciprocidad en cuestiones económicas y financieras.

Hay malestar justificado, que bien deberían ser tomados en cuenta, ya no por los actuales gobernantes, que poco les interesa resolver los problemas de la gente, al estar inmersos en el maremágnum de las campañas políticas, olvidando que esta desatención seguramente se reflejará de manera adversa en las urnas, como ocurrió en Cataluña en pasado jueves 21 de diciembre.

Si Mariano Rajoy Brey insiste en su intención de seguir ignorando la realidad electoral que favorece a Carles Puigdemont y Oriol Junqueras, al imponer a Inés Arrimadas, estaría adelantando el fin de su carrera política, al echar más leña a la hoguera de inconformidades

en que se ha convertido el pueblo catalán, como piedra en el zapato de Felipe VI.

Ante el riesgo de un mayor conflicto ante la cerrazón de Rajoy, el gobierno alemán de Angela Merkel, ha solicitado a su homólogo ibérico, “explorar todas las posibilidades de diálogo con Catalunya, para desactivar las tensiones para superar la división, como resultado de las elecciones en las que los independentistas volverán a tener otra vez mayoría de escaños en el Parlament catalán”.

Fin de año, en el que España vive momentos de plena demostración de la voluntad independentista del pueblo de Cataluña, en los que lo único que cabe son la prudencia y disposición de la negociación de las partes, dejando atrás los odios y diferencias por cuestiones políticas y de poder. Carles Puigdemont y Oriol Junqueras, deberán ser reconocidos como los gobernantes que por la vía del sufragio, han sido elegidos democráticamente.

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