CIUDAD DE MÉXICO.- En un movimiento que promete sacudir el diseño industrial tecnológico, la Unión Europea ha marcado una fecha definitiva en el calendario: febrero de 2027. A partir de ese momento, entrará en vigor una regulación que obligará a que todos los dispositivos electrónicos, incluyendo smartphones, cuenten con baterías extraíbles que el propio usuario pueda reemplazar de forma sencilla.
Adiós a los pegamentos industriales
La normativa es parte de una ambiciosa estrategia de sostenibilidad y el “Derecho a Reparar”. El objetivo es desmontar la práctica de diseñar dispositivos monolíticos que son casi imposibles de arreglar. Actualmente, las baterías están fusionadas a las placas base mediante pegamentos y herramientas especializadas que exigen aire caliente o disolventes químicos para ser manipuladas.
Con el nuevo reglamento, cualquier persona deberá poder extraer la batería utilizando únicamente un destornillador común. Esto obligará a los fabricantes a abandonar el uso de adhesivos industriales y a rediseñar los componentes internos, lo que podría implicar el uso de jaulas metálicas o tornillos de retención, añadiendo potencialmente algunos milímetros al grosor de los equipos.
El reto del diseño y la protección IP68
La medida ha generado un intenso debate. Por un lado, se celebra como una victoria ecológica que reducirá la basura electrónica. Por otro, los críticos advierten que podría frenar la innovación en áreas como la miniaturización y la resistencia al agua (IP68), ya que sellar un dispositivo con una tapa removible es mucho más complejo.
Además, la UE exige que los fabricantes mantengan piezas de repuesto a precios razonables durante al menos cinco años y pone fin al “emparejamiento por software”, una técnica que permitía a las marcas bloquear baterías que no fueran instaladas en canales oficiales.
La “letra chiquita” y el futuro del Android barato
No todos los fabricantes seguirán el mismo camino. Existe una exención: si una batería mantiene el 80% de su capacidad tras 1,000 ciclos de carga, no está obligada a ser removible. Apple ya ha elevado la vida útil de sus iPhone recientes a estos estándares, lo que podría permitirle mantener sus diseños cerrados.
Sin embargo, para los teléfonos Android de gama baja, que suelen usar baterías de 500 ciclos, la situación es crítica. Mejorar la calidad de la batería o rediseñar el chasis elevaría los costos de producción entre 20 y 40 dólares, lo que muchos expertos ya califican como “el fin del Android barato”.
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AM.Mx/kmj
