viernes, junio 14, 2024

El rearme resucita la tensión entre Moscú y Washington

Luis Alberto García / Moscú

* Ambas potencias salen del acuerdo INF, clave para el control nuclear.
* Se alientan las tensiones globales y el desarrollo armamentista.
* Hay preocupación justificada por la fabricación de misiles hipersónicos.
* Todas las potencias ya se alistan ante la hora de medir fuerzas.
* Rusia tiene cohetes de última generación, más rápidos que el sonido.

El principal pacto que puso orden y consenso en el desarrollo de las armas atómicas desde el final de la Guerra Fría conocido como Tratado para la Eliminación de Misiles Nucleares de Medio y Corto Alcance (INF), terminó mal el 2 de febrero de 2019, con tensiones serias y preocupantes entre los gobiernos de Rusia y Estados Unidos, activando así la carrera por el rearme mundial, no solamente de ambas naciones.

Se trata de una escalada compleja en una nueva era de armas más modernas y poderosas que puede desencadenar una crisis global, porque mientras Vladímir Putin y Donald Trump se acusan mutuamente de incumplir el pacto y poner en riesgo la estabilidad mundial, ambas potencias observan a China, que, sin las cortapisas del acuerdo nuclear, desarrolla una poderosa industria militar.

En una reunión con periodistas y expertos militares, organizada por el Kremlin en enero, se quiso mostrar que uno de sus polémicos misiles no incumple el INF; pero los internacionalistas coinciden en que el esquema de la Guerra Fría ya no sirve.

“El tablero geoestratégico es ahora mucho más variado —y peligroso— que durante los años de crisis entre el bloque occidental capitalista, liderado por Estados Unidos, y el oriental comunista, por la Unión Soviética”, establece Yuri Levkin, periodista especializado en seguridad nacional.

El experto señala que, en un tiempo de tensiones crecientes y una industria de defensa con arsenales modernos y dispositivos rápidos y variados, hay múltiples agentes que compiten por bloques y unos con otros: Rusia y Estados Unidos; China; Israel; las nuevas potencias nucleares de India y Pakistán; Corea del Norte, equipada con armas nucleares y misiles de largo alcance.

Y son jugadores reales, lo que complica la tarea de mantener la estabilidad estratégica: “Ahora existe un mayor riesgo de que se usen armas nucleares en un conflicto, algo que parecía casi impensable durante el apogeo de las relaciones entre Estados Unidos y Rusia después de 1991”, diagnostica para el Centro Carnegie de Moscú el general ruso retirado Vladímir Dvorkin.

Con estudios de posgrado en la Academia Rusa de Ciencias, Dvorkin dice que la situación actual podría ser la repetición en el siglo XXI de una “nueva guerra fría armamentística” aunque más compleja, en tanto Alexandra Bell, segunda en el escalafón directivo del Centro para el Control de Armas y No Proliferación de Washington, alerta que “una vez logramos zafarnos del abismo nuclear; pero puede que no seamos tan afortunados la siguiente”, alerta la experta.

Firmado por Ronald Reagan y Mijaíl Gorbachov en 1987, se pensó que el (INF) sería el principio del fin de la carrera armamentística y de la Guerra Fría; pero no fue así porque Donald Trump, en una más de sus poco reflexivas acciones lo canceló, con la inmediata reacción rusa.

Por primera vez, Estados Unidos y la Unión Soviética no solamente se comprometían a limitar sus arsenales nucleares, sino también a destruirlos y llegaron a deshacerse de cerca de dos mil 700 ojivas nucleares y de toda una categoría de misiles de crucero de tierra de medio alcance de entre quinientos y cinco mil 500 kilómetros.

Son armas que todavía hoy son particularmente atractivas y desestabilizadoras, porque permiten alcanzar un objetivo en menos de diez minutos desde una distancia segura de la línea del frente sin dejar apenas capacidad de reacción, lo que aumenta el riesgo de un conflicto nuclear global si se produce una falsa advertencia de lanzamiento.

Con el INF, y pese a que Estados Unidos y Rusia tienen un amplio catálogo de misiles que pueden ser lanzados desde el aire y el mar —más caros y que requieren el empleo de más personal—, ambas potencias nucleares redujeron sus armas de 63.000 en 1986 a cerca de ocho mil 100 en la actualidad.

Existe la seguridad de que el acuerdo Reagan-Gorbachov contribuyó a evitar un conflicto nuclear durante los días más difíciles de la Guerra Fría, y tras los anuncios de Trump y de Putin de que sus respectivos países se retiraban del INF, quedaban pocos meses para salvar el acuerdo del derrumbe definitivo.

Con el tratado nuclear clave convertido en papel mojado empieza el rearme; es decir, que la nueva y costosa carrera de armamentos nucleares probablemente será global porque las tensiones entre Moscú y Washington han desatado la preocupación mundial.

El ministro de Economía alemán, Peter Altmaier, afirmó que, pese a que desea que el acuerdo firmado en 1987, no descarta el rearme de su país, pues no hacerlo “debilitaría” la posición negociadora de Alemania.

Así que llega la hora de medir fuerzas entre las potencias mundiales, sobre todo entre dos países liderados por hombres que adoran las demostraciones públicas de fortaleza militar, como en marzo de 2018 cuando se probó un aperitivo: en su discurso anual sobre el estado de la nación, y con una escenografía dirigida a alentar los ánimos patrióticos de los rusos, Vladímir Putin presentó un misil “invencible” e hipersónico.

Y en su intervención —en la que aseguró que los nuevos sistemas podrían penetrar en el escudo antimisiles del Pentágono— incluyó vídeos de animación que mostraban múltiples ojivas dirigidas a Florida, donde Trump pasa a menudo sus vacaciones, provocando un golpe de efecto.

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