Ciudad de Museo: La Secretaría de Cultura capitalina presenta en el Museo del Estanquillo la muestra “El virtuosismo técnico de Enrique Guzmán”. Con la colaboración de Armando Colina, la sala 3 exhibe dieciséis dibujos de la serie “Autorretratos” y dos óleos de este precursor del neomexicanismo, iniciando así los festejos por el vigésimo aniversario del recinto.
El neomexicanismo como respuesta artística ante las crisis políticas y sociales del país
Surgido en la década de los ochenta, el neomexicanismo se estableció como una corriente disruptiva que buscaba revalorizar la identidad nacional a través de la ironía y la descontextualización de símbolos patrios. En este escenario, la obra de Enrique Guzmán se distinguió por una postura antioficialista, utilizando lo absurdo y lo irracional para canalizar las inquietudes de una generación que creció en un clima de incertidumbre económica y política.
Considerado un pionero de este movimiento, Guzmán empleó una estética de lo grotesco y lo dramático para construir un lenguaje ecléctico donde la simbología es la protagonista. Su capacidad para otorgar nuevos significados a la iconografía histórica permitió que su arte funcionara como una herramienta de resistencia, invitando al espectador a cuestionar las narrativas tradicionales de la cultura mexicana a través de composiciones desafiantes y enigmáticas.
✨La @CulturaCiudadMx a través del Museo del Estanquillo Colecciones Carlos Monsiváis, se complacen en invitarles a la inauguración de la exposición: “El virtuosismo técnico de Enrique Guzmán”.✨ pic.twitter.com/QL3TK6r13C
— Museo del Estanquillo (@m_estanquillo) February 3, 2026
Una exploración simbólica del cuerpo mediante la serie de autorretratos del año setenta y seis
La exposición pone especial énfasis en una serie de dibujos a lápiz de 1976, inspirados en una publicación francesa del siglo XIX, donde la mano del artista se convierte en el centro del universo creativo. En catorce de estas piezas, la mano izquierda de Guzmán sostiene objetos cotidianos pero cargados de simbolismo, tales como canicas, monedas o cuchillas de afeitar, creando un repertorio iconográfico propio que se aleja de la representación convencional.
Según el historiador Uriel Vides Bautista, estas obras desafían los cánones tradicionales al proponer que la identidad no reside exclusivamente en el rostro. Los dibujos profundizan en una ruptura semántica donde la precisión anatómica de venas y uñas se mezcla con objetos de interpretación abierta; de este modo, el cuerpo y sus fragmentos se posicionan como portadores de una identidad individual que resulta, en gran medida, indescifrable para el observador externo.
Carlos Monsiváis define la maestría de Guzmán como una metáfora de lo indescifrable
La curaduría de Luis Blanco recupera las agudas observaciones de Carlos Monsiváis sobre este artista, a quien describió como uno de los más singulares de su época. El escritor resaltó la naturaleza críptica de su trabajo, señalando que “en los [cuadros] de Guzmán los sucesos extraños, si se descifran, pierden razón de ser”, y añadió de manera poética que sus creaciones “son metáforas del extenso poema que sólo él conoció y trazó con detalle”.
A pesar de una vida marcada por la reticencia al protagonismo y una trágica muerte en 1986, el valor de su obra ha logrado superar cualquier leyenda personal. Como bien apuntó Monsiváis, “nada pareció unirlo a la realidad, pero él enriqueció la realidad artística y el entendimiento emotivo de lo indescifrable”. Los interesados podrán visitar esta muestra a partir del 14 de febrero en el Museo del Estanquillo, un encuentro imperdible con el virtuosismo técnico de un genio incomprendido.
AM.MX/CV
