fbpx El martirio de Oscar Arnulfo Romero | Almomento | Noticias, información nacional e internacional

monseñor 01CIUDAD DE MÉXICO, 23 de mayo (Al Momento Noticias).- La hermana Maria Julia García no estaba presente cuando ocurrió, pero como si estuviera, tiene grabada en la memoria, paso por paso, la escena del momento en que Monseñor Oscar Arnulfo Romero se convirtió en mártir. “Monseñor acababa de terminar el Evangelio y se preparaba para consagrar”, dijo la monja en entrevista con ACI Prensa.

”Las puertas de la capilla estaban abiertas y un auto pasaba lentamente por frente. En el asiento de atrás un francotirador disparó, pegándole directamente en el pecho a Monseñor”.

La hermana María Julia cuenta cómo las monjas corrieron a su auxilio pero ya era tarde. “La bala no le atravesó su corazón”, dice. “Fue una bala explosiva que destruyó la arteria aorta.” Sangraba por todos lados. Asegura que muy posiblemente Monseñor Romero vio a su asesino, y según ella “Dios le dio la gracia de no esconderse, gritar o avisar.” Fue el 24 de marzo de 1980.

Fue asesinado por odio a la fe, hoy su cripta es lugar de peregrinaje.

Han pasado 35 años desde ese fatídico día, y tuvo que pasar todo este tiempo para que la Iglesia Católica reconociera su martirio y abriera el camino para la beatificación del hombre que ya muchos consideran San Romero de América. Para poder ser considerado mártir hay que probar que una persona fue asesinada por odio a la fe. El hecho de haber sido el primer sacerdote en varios siglos en ser asesinado mientras oficiaba misa fue suficiente para convencer a los altos mandos del Vaticano de que Romero merecía ese honor.

Ese mismo odio con que lo mataron se manifestaba en lo que ha sido descrito como “montañas” de cartas que llegaban a la Santa Sede buscando entorpecer el camino a la santidad de Romero. Lo acusaban de ser comunista. Embajadores salvadoreños ante el Vaticano decían que Romero era simpatizante de la guerrilla izquierdista contra quien el gobierno mantuvo una larga y sangrienta guerra civil. El cardenal colombiano Alfonso López Trujillo, que asesoraba a los Papas sobre asuntos Latinoamericanos, les aseguraba que Monseñor Romero practicaba la Teología de la Liberación, vista con malos ojos en la Santa Sede.

monseñor 02Tomó una serie de acontecimientos inesperados, la llegada de un Papa Latinoamericano y posiblemente una intercesión divina para cambiar el rumbo de la historia y dejar constancia de que, en efecto, Monseñor Romero vivió un martirio.

Cuentan quienes lo conocieron de cerca que cuando llegó a ser Arzobispo de San Salvador fue con el apoyo de la clase adinerada del país. Romero era un sacerdote conocido por sus posturas conservadoras. Pero el brutal asesinato del sacerdote Jesuita Rutilio Grande junto a dos campesinos, abrió los ojos de Monseñor Romero ante los excesos militares y despertó en él la sed de justicia. El padre Grande era su amigo, y el hecho de que su asesinato haya quedado impune, llevó a Romero a acercarse más a los pobres y desprotegidos, ganándose el apodo de “La voz de los sin voz”. Univision

Sus homilías cambiaron de tono y pronto se comenzaron a transmitir en la radio llegando a todos los rincones del país. Según Monseñor Jesús Delgado, Secretario personal de Romero en esa época de convulsión y alta tensión política, él se estaba metiendo en un ámbito donde estaba prohibido meterse, “darle conciencia a la gente.” Sus palabras comenzaron a incomodar a quienes alguna vez le habían dado su apoyo, y comenzaron también a llegar amenazas de muerte anónimas contra Romero.

Él de alguna manera intuía que lo podían matar y no hizo nada para evitarlo, me aseguró Monseñor Ricardo Urioste, creador de la Fundación Monseñor Romero en San Salvador. “De Roma le dijeron que si se iba para allá, para evitar cualquier cosa, y él dijo que no, que su puesto de Pastor era aquí.”

De alguna manera Urioste cree que el destino de Monseñor Romero era ser mártir. Aún recuerda las palabras que escribió Romero durante un ejercicio espiritual un mes antes de su muerte. “Tengo miedo a la violencia en mi persona, pero si Dios quiere que así sea, yo sé que lo voy a sentir muy cerca como lo sintieron los mártires.” El escrito continúa diciendo: “No quiero pedirle a Dios con mi muerte por la paz en mi país o por la iglesia porque él sabrá qué destino darle a mi muerte.”

El asesinato de Monseñor Romero dio paso a una sangrienta guerra civil que dejó más de 75 mil muertos en El Salvador. Doce años después se firmó un acuerdo de paz. Y aunque los fusiles dejaron de rugir, las divisiones sociales en El Salvador persisten, creando toda una nueva ola de problemas que persisten hasta el día de hoy.

Para Monseñor Urioste, el que se haya reconocido en la Santa Sede el martirio de Romero significa el triunfo de la verdad sobre la infamia. Eso quizás, ayude a unir a un pueblo que aún tiene las abiertas las heridas de la guerra.

 

Los mitos tras la imagen de Monseñor Romero

 

Mientras en El Salvador todos celebran la beatificación de Monseñor Oscar Arnulfo Romero, cierta prensa insiste en difundir mitos sobre el mártir. Uno de los más conocidos expertos en la vida de Monseñor Romero es Federico Hernández Aguilar quien espera que se conozca el rostro real del nuevo beato.

Hernández, poeta, ex ministro de cultura, ex diputado y actual director ejecutivo de la Cámara de Comercio de El Salvador, abordó en una entrevista con ACI Prensa aspectos tergiversados y facetas desconocidas sobre Monseñor Romero, el sacerdote diocesano que llegó a ser Arzobispo de San Salvador en la época previa a la guerra civil.

Según Hernández, cuando comenzó a estudiar los documentos biográficos de Mons. Romero, se dio cuenta que “yo no tenía un retrato sino una caricatura de Mons. Romero. Y eso creo que es lo que le ha pasado durante los últimos 35 años a los salvadoreños”.

“Luego de su asesinato (cuando celebraba Misa) en 1980, él comienza a ser muy manipulado, sobre todo por la izquierda más radical del país, y eso también pesó en contra de su imagen para muchos salvadoreños”, lamentó. “Somos hijos de una guerra civil que polarizó el país y todavía lo mantiene bastante polarizado”, agregó.

1.- No era marxista sino un convencido del Evangelio

Hernández Aguilar ha estudiado el diario de Mons. Romero, sus cartas pastorales y los ocho tomos de sus homilías en las que, aseguró, se puede encontrar “una dimensión integral del personaje, las cosas que realmente decía”.

“Mons. Romero encarnaba un llamamiento evangélico, encarnaba ese llamado que Jesús nos hacía de cuidar a los pobres, velar por los demás, no encerrarnos en nuestro propio ombligo”.

Lamentablemente, señaló, “hay gente que piensa que él solamente criticó la violencia de parte del ejército, que por supuesto que la criticó y fue muy duro, pero también criticó la violencia que en aquel momento comenzaba a hacer la guerrilla”.

Mons. Romero, aseguró el experto, fue además “muy enfático, primero al decir que no estaba a favor del marxismo, pero además que la violencia radicalizada por las ideas marxistas no conducían a nada bueno”.

Mons. Romero era un hombre de profunda oración y “fiel a la Iglesia Católica hasta el último día, todo lo consultaba con el Magisterio” con una obediencia especial al Papa “a quien él reconocía como Cristo en la tierra”.

2.- Tenía un especial cariño por San Josemaría Escrivá y el Opus Dei

Hernández destacó además el profundo afecto de Mons. Óscar Romero por la Prelatura Personal del Opus Dei.

“Hay una relación, a lo largo de toda su vida de Mons. Romero, de cariño por la Obra (Opus Dei)”, destacó, y recordó que “se sabe de un encuentro que tuvo con el fundador del Opus Dei, San Josemaría Escrivá, en Roma” que fue muy emotivo.

“En una ocasión cuando ya Monseñor (Romero) era Obispo fue recibido en Roma por orden de San Josemaría por gente de la Obra para que lo trataran bien, para que lo hicieran descansar, y que estuviera tranquilo, porque lo veían nervioso, lo veían tenso por lo que estaba ocurriendo en El Salvador”.

En 1975, tras la muerte del fundador del Opus Dei, “uno de los primeros obispos del mundo que mandó cartas al Papa pidiendo su beatificación fue precisamente Mons. Romero”.

“Luego, quien fue su sucesor a cargo del Opus Dei, Mons. Álvaro del Portillo, ahora Beato también, proclamado por el Papa Francisco, tuvieron una correspondencia muy afectuosa”, señaló.

3.- Nunca dijo “Si me matan, resucitaré en el pueblo salvadoreño”

Hernández reveló que Mons. Romero nunca pronunció una de las frases más populares que le atribuyen.

Roberto Moroso de la Roca, investigador italiano, realizó una detallada investigación sobre la vida de Mons. Romero, que fue incluida dentro del proceso de beatificación. En ella, explicó Hernández Aguilar, queda en evidencia “que la frase es apócrifa”.

“Moroso de la Roca hace una investigación muy exhaustiva y descubre que un periodista guatemalteco publica una entrevista que supuestamente se habría dado por teléfono entre él y Mons. Romero, pero la publica justo días después de su asesinato. Mons. Romero no podía ya defenderse contra eso”.

Moroso de la Roca encontró además “que ese periodista tenía ya antecedentes de haber mentido en otras entrevistas” e incluso años antes se atribuyó a sí mismo “una frase muy parecida a la que años después atribuye a Mons. Romero”.

En contraste, “si uno lee los apuntes espirituales de Mons. Romero, días, semanas antes de su asesinato, uno no descubre ese mesianismo en Mons. Romero”.

“Mons. Romero sí tenía miedo a morir, se daba cuenta de que su muerte iba a ser violenta además, y tenía un miedo natural”, señaló Hernández Aguilar, subrayando que “es evidente que no es capaz de decir unos días antes de su muerte una frase tan mesiánica”.

Para Hernández es “muy factible que el Papa Francisco se identifique un poco” con Mons. Romero por las tergiversaciones de la prensa sobre sus mensajes.

“Eso le pasaba todo el tiempo a Mons. Romero, todo el tiempo. Por eso yo encuentro muy factible que el Papa Francisco se identifique un poco, hasta por esas razones, con Mons. Romero”.

Mons. Romero, reiteró, “fue muy tergiversado. Él mismo además lo denunciaba, él decía ‘no tergiversen mis palabras, por favor consignen las cosas que he dicho y cómo las he dicho’”.

La guerra civil en El Salvador comenzó en 1980 y duró doce años, enfrentando a las agrupaciones de izquierda conglomeradas en el Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN) y las Fuerzas Armadas de El Salvador, que respondía a un gobierno de extrema derecha.

En este contexto de enfrentamientos fue asesinado el entonces Arzobispo de San Salvador, Mons. Óscar Arnulfo Romero, el 24 de marzo de 1980. A inicios de febrero de 2015, el Papa Francisco reconoció que la muerte del Prelado salvadoreño fue por odio a la fe y aprobó su beatificación.

“Creo que Mons. Romero va a ayudar bastante a que en los próximos años no solamente vayamos reconociendo quién fue en verdad y que nos vayamos también a ir identificando con su mensaje. Vamos a comenzar a vernos entre nosotros de otra manera”, agregó Hernández.

“Si eso además nos pone a rezar y nos hace ver a la Iglesia de otra manera, y quienes manipulan a Mons. Romero dejan de manipularlo dándose cuenta que destruyen su mensaje y se convierten en asesinos de su mensaje, como otros lo fueron de su persona, eso va a ayudar bastante a que el país se reconcilie finalmente”, indicó.

AMN.MX/fm

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