El mando insurgente tras la captura de Miguel Hidalgo

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Acatita de Bajan

Introducción

En los cursos enseñanza básica y media de Historia de México y en ciertos libros -que por cubrir mucho (de la aparición el hombre en América hasta nuestros días)-, más bien cubren poco, los saltos históricos son práctica frecuente. Así del fusilamiento de los primeros insurgentes, se pasa a la figura victoriosa de Morelos y de ahí a la consumación de la Independencia con Guerrero e Iturbide.

Este trabajo busca llenar ese hueco de la lucha del movimiento insurgente, tras la aprehensión de los primeros caudillos y de rescatar del inmerecido olvido al abogado Ignacio López Rayón, hombre perfectamente informado de los movimientos de su época y que trató de institucionalizar el movimiento independiente.

Otro aspecto que quisiera resaltar es que la historia de la enseñanza básica y media e incluso superior, se asemeja más bien a un cuento de hadas, con poco de las pasiones humanas. Por ejemplo no se habla de la disputa por el liderazgo que se dio entre Miguel Hidalgo e Ignacio Allende y posteriormente entre los miembros de la Junta de Zitácuaro, entre el Congreso de Chilpancingo y Morelos y finalmente entre Ignacio López Rayón y Nicolás Bravo y la Junta de Jaujilla. Ya que, para la historiografía oficial el único caudillo ambicioso fue Agustín de Iturbide.

 

La captura de los primeros caudillos

Después del desastre de la batalla de Puente de Calderón –el 17 de enero de 1811-, en donde cerca de cien mil insurgentes se enfrentaron a seis mil realistas. Lo que quedó de las tropas insurgentes -que se dieron a la desbandada- marcharon a Aguascalientes.

El 10 de marzo, llegan Miguel Hidalgo, Ignacio Aldama, José Mariano Abasolo e Ignacio Allende a Saltillo. Ahí reciben la invitación del cacique texano Ignacio Elizondo, para reunirse con ellos en las Norias de Baján, Coahuila y luego marchar a Estados Unidos para comprar armamento.

El 16 de marzo, los insurgentes convocan una junta general en Saltillo. Se decide que los líderes de la insurgencia partan a los Estados Unidos, con un contingente de mil 500 hombres y la mayoría permanezcan en Torreón al mando de Ignacio López Rayón. Es ahí donde los caudillos insurgentes ascienden a López Rayón a general y le instruyen regresar al centro del territorio, con José María Liceaga como segundo al mando

El 21 de marzo, los caudillos insurgentes Miguel Hidalgo, Ignacio Allende, José Mariano Jiménez, José Mariano Abasolo e Ignacio Aldama –al dirigirse a Estados Unidos para comprar armamento-, son capturados por Ignacio Elizondo en las Norias de Baján y conducidos prisioneros a Monclova y Chihuahua. Al resistirse, el hijo de Ignacio Allende es abatido. Así concluye la breve participación de seis meses de los primeros caudillos de la Independencia.

 

El liderazgo de Ignacio López Rayón

Personaje minimizado ante otros caudillos insurgentes, este abogado por el Colegio de San Ildefonso en la Ciudad de México, es originario de Tlalpujahua, Michoacán, en donde nació el 31 de julio de 1773.

Inicia su participación en el movimiento insurgente el 23 de octubre de 1810, cuando emite su primera proclama en Tlalpujahua, adhiriéndose a la insurgencia, en la que manifiesta al pueblo los puntos básicos de la insurgencia sobre embargo y confiscación de bienes de españoles y presentación de europeos.

Se unió a las fuerzas de Hidalgo en Maravatío, y fue “Secretario de Estado y del Despacho” de Miguel Hidalgo, durante su breve gobierno en Guadalajara, en donde se encargó de organizar la Audiencia y fundó el “Despertador Americano”.

Tras la captura de los jefes insurgentes, Rayón decidió abandonar de Saltillo, por considerarlo vulnerable, por lo que el 26 de marzo comenzó su retirada con rumbo a Zacatecas, acompañado de los restantes caudillos insurgentes: el padre José Antonio Torres, Juan Pablo Anaya, Víctor Rosales, Manuel Villalongín y sus dos hermanos José María y Francisco. Entonces sus fuerzas se elevaban a 3,500 hombres y 22 cañones.

 

Creación de la “Suprema Junta Nacional Americana” o “Junta de Zitácuaro”

En 1808 tropas napoleónicas ingresan a España con el pretexto de atacar a Portugal, Carlos IV y su hijo Fernando VII, son hechos prisioneros en Bayona. La respuesta de los ciudadanos españoles, fue la de formar Juntas de Defensa para hacer frente al enemigo, las cuales posteriormente se transformaron en Juntas de Gobierno. Este modelo se trasladó a los virreinatos de América, en dónde se constituyeron algunas como la Suprema Junta Gubernativa del Reino de Quito (1809) y la Junta Suprema de Caracas (1810), “que Torre Villar supone, por las similitudes en el número de integrantes y funciones, sirvieron de inspiración a Ignacio López Rayón”.

Desde Zacatecas, en abril de 1811, Rayón —como se hacía llamar— y Liceaga, convencidos de la justicia de su causa, expusieron a Félix María Calleja que “la religiosa América intenta erigir un Congreso o Junta Nacional bajo cuyos auspicios… permanezcan ilesos los derechos del muy amado señor don Fernando VII”. Sin molestarse en darles respuesta, Calleja ordenó su captura, mientras ellos continuaron su camino hacia Michoacán. Luego de algunos enfrentamientos armados, Rayón se estableció en la villa de Zitácuaro, lugar estratégicamente privilegiado por su ubicación geográfica. No conforme con ello, ordenó obstruir los caminos, retirar las provisiones y forrajes en las inmediaciones y cavar una zanja a su alrededor. Desde entonces, Zitácuaro se convirtió en la principal fortaleza militar insurgente y pronto en sede de su gobierno.>> [1]

El 26 de junio, en Chihuahua, en la plazuela de los Ejercicios, Ignacio Allende, Ignacio Aldama y José Mariano Jiménez son fusilados por la espalda y decapitados. José Mariano Abasolo es condenado a prisión perpetua.

El 5 de julio, el Congreso reunido en Caracas proclama la independencia de Venezuela.

El 11 de julio, Ignacio López Rayón, que se encuentra en Zitácuaro, propone a José María Morelos la formación de una junta nacional con autoridad suprema.

 

El 30 de julio, Miguel Hidalgo es fusilado y decapitado en Chihuahua.

El 13 de agosto, Morelos se encuentra en Tixtla. Le comunica a Ignacio López Rayón que aprueba la idea del establecimiento de la junta y designa a Sixto Berduzco como su representante. Así pues, Rayón convoca a los generales y jefes de la independencia, a una junta cerca de Zitácuaro para el día 19 de agosto de 1811.

Se celebró una asamblea de generales insurgentes el 19 de agosto, en la que se acordó la instalación de una “Suprema Junta Nacional Americana que, compuesta de cinco individuos, llenen el hueco de la soberanía”. De este modo se ponía en práctica una tesis original de la segunda escolástica, la cual sostenía que el poder de los monarcas surge del pueblo y, en caso de estar ausentes, regresa al pueblo como su depositario original. Resultaron electos como vocales Rayón, en carácter de presidente, Liceaga, y el teólogo José Sixto Berdusco, cura de Tuzantla y apoderado de Morelos, de quien fue compañero desde los días del seminario.

Hecha la protesta por los vocales, se solemnizó la ceremonia “con juramento de fidelidad al rey don Fernando VII”. A los pocos días se invitó a Morelos para participar como cuarto vocal. Las facultades de la Junta de Zitácuaro serían muy similares a las de la Junta Suprema Central Gubernativa creada en la Península en 1808, pues su función principal, además de gobernar, sería administrar justicia y constituirse como una especie de secretaría de guerra, que también fabricó moneda y trazó un plan de reformas fiscales>>[2]

 

El 21 de agosto de 1811 fue firmada el acta que dio fe de los hechos anteriores. El segundo gobierno insurgente procedió a usar un escudo y emblema propios, expidió nombramientos, acuñó monedas y emitió diversos ordenamientos, además de publicar un periódico propio.

A principios de octubre de 1811, el cura Antonio Palafox visitó Zitácuaro para intentar persuadir a Rayón de abstenerse de construir gobiernos paralelos al virreinal. Como no siguiera su consejo, desde Guanajuato, el realista Félix María Calleja dio a conocer una proclama en la que negaba la autoridad de cualquier junta nacional salvo la reunida en las cortes de Cádiz y ofreció recompensa de diez mil pesos por la cabeza de Rayón y los demás vocales. El 2 de enero de 1812, el ejército virreinal lanzó un ataque contra Zitácuaro, que concluyó con el incendio de la villa.

Los vocales de la Junta lograron huir, junto con más de quinientos hombres, y llegar al pueblo de Tlalchapa. Poco tiempo después, decidieron establecerse en el Real de Minas de Sultepec, donde continuaron sus labores en las tres ramas de gobierno: legislativa, ejecutiva y judicial, apoyados por asesores, tenientes de justicia y subdelegados que ejercían la jurisdicción contenciosa, civil y criminal en las zonas aledañas, los cuales eran nombrados por la Junta. La dirección de las operaciones militares continuó según la costumbre.

También echaron mano del llamado cuarto poder: la prensa. El doctor José María Cos, recién incorporado a la insurgencia, creó un periódico en una imprenta de madera hecha con sus propias manos, hasta que los Guadalupes [3] le hicieron llegar una con tipos de metal. El Ilustrador Nacional fue protagonista de esta guerra de información apoyada por intelectuales como el propio Cos y Rayón, el doctor Francisco Lorenzo de Velasco y, más tarde, Andrés Quintana Roo. Sus principales colaboraciones fueron el célebre manifiesto del doctor Cos y sus Planes de Paz y Guerra, en los que el zacatecano aclaró que la lucha que realizaban era con respecto al gobierno de la Península, mas no buscaban la independencia del soberano común. También justificó la existencia de su gobierno, pues “La soberanía, que reside en la nación, está resumida en la Suprema Junta, conservadora de los derechos del rey”. Por su parte, el doctor Velasco colaboró primero y dirigió después el Ilustrador Americano, que se imprimió primero en Sultepec y luego en Tlalpujahua.

Mientras esto sucedía, el presidente de la Junta se dedicó a redactar los Elementos de nuestra Constitución [4]. El documento, que envió a Morelos desde Zinacantepec el 30 de abril de 1812, seguía en términos generales la doctrina jurídica hispánica, en concreto, la Constitución de Cádiz, y se inspiraban en ciertas leyes inglesas. Si bien apuntaba soluciones en aspectos fundamentales como el orden y los poderes del gobierno, las funciones de sus cuerpos, los derechos individuales basados en el derecho natural y de gentes, declaraba la independencia, creaba las figuras del Protector Nacional y de los representantes de Ayuntamiento de provincia, e instituía algunas fiestas cívicas, el proyecto incluía un par de retrocesos considerables como lo eran la subsistencia de un “Tribunal de la fe” para vigilar el dogma de la religión católica, y el depósito de la soberanía nacional en la persona de Fernando VII. A partir de noviembre, Morelos le hizo llegar sus observaciones, entre las que subrayaba “que se le quite la máscara a la Independencia, porque ya todos saben la suerte de nuestro Fernando VII […]

El ataque a Sultepec provocó que los vocales se separaran. Berdusco y Liceaga volvieron al mismo lugar, pero Rayón fue obligado a salir por las tropas de Joaquín del Castillo. Fue hasta principios de julio cuando se encontraron en Tiripetío. Decidieron entonces que a cada vocal le correspondería una demarcación territorial con el grado de capitanes generales: A Berdusco tocó el poniente (Michoacán), a Liceaga el norte (Guanajuato), a Morelos el sur (Oaxaca, Veracruz y Puebla) y a Rayón el oriente (México).

Rayón hizo de Tlalpujahua su centro de operaciones. Aquí estableció también la “imprenta de la nación” y mandó fabricar armas y reclutar nuevas tropas. Se le había unido Andrés Quintana Roo a mediados de 1812 y fray Vicente de Santa María llegó a principios de 1813. Quintana fundó el Semanario Patriótico Americano, uno de los más aguerridos diarios insurgentes. Santa María elaboró un proyecto de Constitución que se ha perdido.

En la demarcación poniente, Berdusco organizó la milicia insurgente, captó recursos para sostener el movimiento e impartió justicia. Se desplazó por Ario, Tancítaro, Uruapan y Pátzcuaro. Sin consultarlo con el resto de los vocales, decidió tomar Valladolid a finales de enero de 1813, pero fracasó rotundamente. Tanto lo afectó la derrota, que renunció a su cargo de vocal; luego se retractó, pero comenzó una lucha virulenta contra Rayón. Al teólogo se unió José Francisco Pedro Argandar, colaborador incansable que recorrió el territorio michoacano en busca de subsidios económicos y ofreció sus vastos conocimientos al servicio de la Junta.

Liceaga comisionó a Francisco Javier Casate para reunir a la tropa dispersa en Valle de Santiago, pero fue sorprendido por Agustín de Iturbide y obligado a retirarse junto con el doctor Cos. Regresó a Yuriria, a principios de agosto, e informó al presidente Rayón de la intercepción de un convoy en Salamanca, con lo que obtuvo gran cantidad de armamento. Fortificó uno de los islotes de la laguna de Yuriria, que llamó Isla Liceaga. Engrosaron sus filas el inglés Nelson y el mayor de plaza José María Santa Cruz, quienes construyeron galeras para fundir cañones, fabricar pólvora y acuñar moneda. En la pequeña imprenta del Dr. Cos nació la Gazeta del Gobierno Americano en el Departamento del Norte, en la cual se dieron a conocer todos los partes de guerra de la zona. Sin embargo, creyó en las palabras de Berdusco contra Rayón, y fue convencido de que buscaba despojarlo del poder en el departamento del norte.

A pesar de que Rayón los convocó para tratar en persona sus problemas, Berdusco ignoró sus llamados. En su lugar, junto con Liceaga, publicó un bando en el que se declaraba a Rayón traidor y enemigo de la patria “por haber intentado amonarcarse”. Rayón no permaneció al margen. El 7 de abril promulgó otro bando en el que anunciaba la suspensión de los vocales Berdusco y Liceaga por “oprimir a los pueblos y vejar a los particulares, tratando además de sostener con ellas el proyecto monstruoso de hacerse independientes en lo que llaman sus departamentos”.

Refugiados en Surumuato, Berdusco y Liceaga propusieron a Morelos desconocer a Rayón como presidente de la Junta. Por su parte, el jefe Manuel Muñiz se rebeló contra Berdusco, desconociéndolo junto con Liceaga. Rayón se reconcilió poco después con este último, pero el daño ya estaba hecho. En agosto de 1813, desde Puruándiro, Rayón anunció la agonía de la Junta: “olvidad, ciudadanos, el melancólico cuadro que ofrece la historia de la Junta de Zitácuaro, casi disuelta ya a impulsos de tramas execrables y pasiones fermentadas por la torpeza y la intriga”.

A finales de junio, Morelos había lanzado la convocatoria para el Congreso de Chilpancingo. De los tres vocales convocados, sólo Berdusco asistió puntualmente a la cita; Liceaga se incorporó a finales de octubre y Rayón a principios de noviembre, antes de que se suscribiera el Acta de Independencia.

Según Guzmán Pérez, las causas de la desintegración de la Suprema Junta Nacional Americana se debieron a que nunca se desvinculó de la imagen de Fernando VII, jamás concibió una verdadera constitución y nunca entregó el mando supremo a una sola persona. En cierta forma lo reconoció Rayón al decir: “No fue capaz el vigor de mis esfuerzos para mantener ilesa la unidad [de la Junta]”. >>[5]

A la muerte de Morelos, el 22 de diciembre e 1815, Rayón trató de mantener el liderazgo de la causa insurgentes, y no reconoció a la Junta de Jaujilla, que apoyaba otro grupo insurgente. Tras la derrota de cerro del Cóporo, fue detenido por el oscuro y ambicioso Nicolás Bravo [6], quien propició su entrega a los realistas. Conducido a la ciudad de México, López Rayón fue procesado y sentenciado a muerte, sin embargo, su ejecución fue aplazada y permaneció en prisión desde 1817 hasta noviembre de 1820.

En 1821 se adhirió al Plan de Iguala de Agustín de Iturbide, quien a la consumación de la independencia, lo nombró tesorero y en 1823, intendente de San Luis Potosí, para posteriormente ser electo diputado por Michoacán al Congreso Constituyente. En 1824 el Congreso le confirió el despacho de general de división y le declaró benemérito de la Patria.

En 1825 fue nombrado comandante general de Jalisco, cargo que desempeñó hasta febrero de 1827; posteriormente presidió la segunda sala del Supremo Tribunal de Guerra y Marina. Murió el 2 de febrero de 1832, en la Ciudad de México.

 

 

[1] Miguel Ángel Fernández Delgado, El bicentenario de la Junta de Zitácuaro, INEHRM, México, 2011

[2] Miguel Ángel Fernández Delgado, op.cit.

[3] El grupo de los Guadalupes, fue una sociedad secreta, no masónica, que operaba en la Ciudad de México, en donde realizaba labores de espionaje y financiamiento para la causa insurgente.

[4] El nombre del documento es: Primer Proyecto Constitucional para el México Independiente Elementos de la Constitución.

[5] Miguel Ángel Fernández Delgado, op.cit.

[6] Cerró su participación histórica el 13 de septiembre 1847, cuando siendo Director del Colegio Militar de Chapultepec, abandonando a los cadetes que lo defenderían, bajó al pie del cerro para esperar y entregarse a las tropas norteamericanas.

 

 

Bibliografía:

Carlos Herrejón Peredo, La ruta de Hidalgo, Instituto Nacional de Estudios Históricos de las Revoluciones de México, México, 2012.

Jaime del Arenal Fenochio, Cronología de la Independencia (1808-1821), Instituto Nacional de Estudios Históricos de las Revoluciones de México, México, 2012.

Miguel Ángel Fernández Delgado, El bicentenario de la Junta de Zitácuaro, Instituto Nacional de Estudios Históricos de las Revoluciones de México, México, 2011.

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