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CIUDAD DE MÉXICO, 11 de julio (AlmomentoMX).- El 11 de julio de 1979, exactamente hace 40 años, el laboratorio espacial Skaylab cayó del cielo y se desintegró sobre el océano Indico, sembrando de fragmentos metálicos una franja de 6 mil kilómetros de largo y doscientos de ancho, desde el cabo de Buena Esperanza hasta Australia sin que se produjeran daños a personas o bienes materiales, pese a que algunas piezas cayeron sobre tierra australiana.

Poco tiempo después Australia enviaría a la NASA una multa de 400 dólares por arrojar basura en zona de dominio público. Un triste final para esta pionera del espacio.

El Skylab fue un laboratorio orbital lanzado en Mayo de 1973. En él se realizaron multitud de experimentos científicos, pudiéndosela considerar como la primera y única estación orbital totalmente estadounidense y la segunda estación espacial de la Tierra tras la soviética Salyut 1.

El proyecto para la construcción del Skylab surgió de los avances obtenidos del programa Apolo, en lo que parecía el paso natural en la carrera espacial.

Los astronautas que trabajaron en Skylab realizaron experimentos y observaciones en muchos campos, incluyendo observaciones de la Tierra, el Sol y las estrellas en el rango del ultravioleta y de rayos X, física espacial, microgravedad y estudios biomédicos y biológicos. Incluso se llevaron a cabo una serie de proyectos diseñados por estudiantes de secundaria. En muchos aspectos, fue la precursora de la estación espacial internacional que conocemos hoy.

El Skylab no era pequeño. Medía unos 35 metros de largo y pesaba 90,6 toneladas (incluyendo un CSM Apollo). Sigue siendo una de las naves espaciales tripuladas de mayor tamaño, sólo superada por la Mir y la Estación Espacial Internacional. Y no hay que olvidar que, a diferencia de estas, el Skylab fue lanzado en una sola pieza en lugar de ser ensamblado por módulos colocados en órbita durante años.

Ese tamaño le confería un espacio interior envidiable, lo que facilitó la vida a las tres tripulaciones que la habitaron. Se trataba de un ingenio espacial avanzado y muy cómodo para la época.

Pero las cosas para el Skylab pronto empezaron a torcerse. Solo pudo ser visitado en tres ocasiones por astronautas de la NASA. La última tripulación volvió a la tierra el 8 de febrero de 1974, menos de un año despúes del lanzamiento, y el laboratorio fue abandonado.

Entre otros motivos se debió a los graves daños producidos durante el lanzamiento. El escudo contra meteoroides se desprendió a los 63 segundos del despegue arrancando uno de los dos paneles solares de la estación y atascando el otro.

Estos desperfectos provocaban que el interior de la estación se sobrecalentase, por lo que cuando el primer equipo llegó, once días después, su tarea más urgente fue la de reparar la mayor cantidad de daños posible.

Después de varios paseos espaciales con el fin de hacer reparaciones sustanciales, los astronautas consiguieron liberar el panel solar atascado y ajustar un parasol logrando hacer descender la temperatura interna hasta los 23,8ºC, una temperatura compatible con la vida. Una vez subsanado lo más básico la tripulación subió a bordo.

Tras la tercera y última tripulación del Skylab, la NASA decidió no continuar enviando astronautas a la estación. Los planes para lanzar el Skylab B fueron metidos en un cajón y olvidados.

Además su órbita iba decayendo con claridad por lo que se hicieron planes para redirigir una de las pruebas de vuelo del nuevo transbordador espacial y poder acoplarle al Skylab un motor para llevarlo a una órbita más alta. Desafortunadamente se preveía que el Skylab caería la Tierra antes de 1980 por lo que el transbordador tampoco estaría listo a tiempo. el impacto era ya inevitable.

De hecho, los investigadores ya habían descubierto que la nave se acercaba 90 metros a La Tierra cada vez que describía una órbita completa, pero, en un primer momento, eran incapaces de predecir en que lugar del globo caería.

Las estaciones de observación vigilaban ansiosamente la trayectoria del Skylab a través de sus pantallas de radar desde que se supo que el laboratorio caería irremediablemente a tierra. Las autoridades científicas norteamericanas temían que cayera sobre una zona poblada y produjese grandes daños (como había sucedido un año antes, aunque sin victimas, con el satélite soviético Cosmos 954, caído en Canadá con material radiactivo).

Los expertos en navegación aérea dieron a conocer un cálculo según el cuál una persona tenía 300 veces menos posibilidades de ser alcanzada por el Skylab que de sufrir el impacto de un rayo. A pesar de estos cálculos la alarma social fue grande, y en Estados Unidos la radio informaba diariamente sobre la trayectoria del laboratorio espacial. En Las Vegas se sucedían las apuestas sobre el posible punto de impacto, con los estados de Wisconsin y Nevada como los favoritos en caso de caer en EEUU, pagando veinte a uno.

Trayectoria final de la reentrada a la Tierra (desviada respeto predicción original).

 

Finalmente, el 11 de julio de 1979, el laboratorio se desintegró sobre el océano Indico, sembrando de fragmentos metálicos una franja de 6.000 kilómetros de largo y doscientos de ancho, desde el cabo de Buena Esperanza hasta Australia sin que se produjeran daños a personas o bienes materiales, pese a que algunas piezas cayeron sobre tierra australiana. Poco tiempo después Australia enviaría a la NASA una multa de US$400 por arrojar basura en zona de dominio público. Un triste final para esta pionera del espacio.

Australiano posa con restos recién hallados del Skylab.

 

50 satélites que cayeron a la Tierra sin control y que eran más grandes que la Tiangong 1

El 30 de marzo de 2018, a dos días para que reentre en la atmósfera terrestre la estación espacial china Tiangong 1, se desató una histeria injustificada entre los medios de comunicación y las redes sociales sobre el peligro que supone este pequeño laboratorio espacial chino. Y cuando hablamos de histeria injustificada nos referimos a que con relativa frecuencia caen objetos de igual tamaño desde la órbita —principalmente etapas superiores de cohetes— sin que nadie les preste la menor atención.

Por supuesto, no es una situación idónea y por eso actualmente existen protocolos internacionales que recomiendan desorbitar las etapas superiores de los lanzamientos para evitar riesgos innecesarios, unos protocolos que no siempre se pueden o quieren respetar.

El meollo de la cuestión es que la Tiangong 1 es la estación espacial más pequeña jamás lanzada. Su masa actual apenas ronda las 7,5 toneladas. Hasta la fecha el objeto más grande y pesado que ha reentrado en la atmósfera terrestre ha sido la estación rusa Mir, de casi 130 toneladas.

La Mir desapareció en 2001, pero, a diferencia de la Tiangong 1, efectuó una reentrada controlada (lo que no evitó que los medios también se volvieran histéricos en aquella ocasión). Recordemos que «controlada» significa en este contexto que los encargados del vehículo pueden elegir aproximadamente la zona de caída —normalmente el Pacífico sur— pero los efectos sobre la nave son exactamente los mismos que en el caso de una reentrada incontrolada.

En las reentradas incontroladas es imposible predecir dónde va a caer la nave. El rozamiento atmosférico que provoca que un satélite caiga a la Tierra depende de la actividad solar y la forma y actitud (o sea, orientación) del vehículo. Por eso hasta apenas unos días antes no se puede saber en qué día caerá un satélite a la Tierra, que en todo caso estará limitada a las latitudes más extremas que impone su inclinación orbital (la Tiangong 1 no caerá por encima de 43º norte o por debajo de 43º sur). E incluso en ese caso solo podemos conocer el lugar exacto unas horas antes, ya que los satélites en órbita baja se mueven a una velocidad de cerca de 8 km/s.

Lo ideal hubiera sido que las autoridades chinas hubieran efectuado una reentrada controlada de la Tiangong 1 cuando todavía mantenían el control sobre el sistema de propulsión de la nave, pero no ha sido así. Tras recibir la visita de dos misiones tripuladas los técnicos querían investigar los límites de la vida útil de los componentes de la estación de cara a futuros proyectos. Está claro que no fue una decisión demasiado acertada.

Salyut 7

 

La estación espacial Salyut 7 con el módulo Kosmos 1686 (que no aparece en esta imagen) es el segundo objeto más grande que ha reentrado de forma incontrolada.

Este tanque de acero de 250 kg de una segunda etapa de un Delta II cayó en Texas el 22 de enero de 1997 (NASA).

En cualquier caso, ¿qué otros objetos de gran tamaño han efectuado una reentrada incontrolada? El más famoso y grande es la estación espacial estadounidense Skylab, que el 11 de julio de 1979 efectuó una reentrada incontrolada. Sus casi 76 toneladas hacen que la Tiangong 1 sea casi un juguete a su lado y en su momento desató «la madre de las histerias por caída de satélites».

El siguiente es la estación espacial soviética Salyut 7, que reentró el 7 de febrero de 1991 acoplada al módulo TKS Kosmos 1686 con una masa conjunta de cerca de 40 toneladas. Llama la atención las tres etapas centrales de los cohetes R-7 Semyorka que pusieron en órbita los tres primeros Sputnik, con una masa de cerca de 8 toneladas (sí, lo que la mayor parte de gente vio en el cielo era la etapa Blok A, no los Sputnik, que eran mucho más pequeños; con la salvedad del Sputnik 2 en el que viajaba Laika, que iba unido a la etapa).

También destaca la sonda marciana Mars 96, de cerca de 7 toneladas, que debido a un fallo del cohete Protón aterrizó sobre Bolivia en vez de en Marte. Como vemos, hay cerca de cincuenta objetos más masivos que la Tiangong 1, muchos de ellos etapas superiores de cohetes. La lista no incluye etapas de cohetes ligeramente menos masivas que la Tiangong, de las cuales hay una o varias reentradas prácticamente cada año.

Este tanque de una segunda etapa de un Delta II cayó en Texas en 1997

 

Todo indica que el 1 de abril será el día elegido para que la Tiangong 1 efectúe su regreso espectacular. Estadísticamente lo más lógico es que sus restos caigan sobre el agua, pero hay una probabilidad no nula de que caiga por el norte o el sur de la península ibérica. Se calcula que entre el 10% y el 40% de los componentes de un satélites sobrevive a la reentrada, así si tienes mala suerte y un pedazo de la Tiangong 1 cae en tu jardín recuerda que no es muy aconsejable acercarte para coger los trozos. Los tanques de hidrazina y tetróxido de nitrógeno, dos sustancias tremendamente peligrosas, tienden a sobrevivir las reentradas y, aunque la mayor parte de los propergoles se habrán vaporizado cuando lleguen al suelo, siempre pueden quedar algunos restos.

Tiangong

 

Recuerda que la probabilidad de que un trozo de la Tiangong 1 te caiga en la cabeza es de uno entre un billón, aproximadamente. Y si hablamos de la probabilidad de que un pedazo de cualquier satélite te alcance a lo largo de un año esta se acerca a uno entre cien mil millones. Desde que comenzó la era espacial solo se conoce el caso de una persona que haya resultado herida por la caída de un trozo de satélite (Lottie Williams, de Oklahoma, que fue alcanzada en el hombro por un pequeño fragmento de un cohete Delta II). Esperemos que la cosa siga igual.

AM.MX/fm

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