El complot para eliminar a Rasputin (V)

Fecha:

Rajak B. Kadjieff / Moscú

*La conspiración la encabezó el príncipe Félix Yusúpov.
*Contó con el apoyo de cortesanos de la nobleza y del ejército.
*Su presencia se hizo insostenible por su influencia sobre la zarina.

Según sus hábitos, la noche en que iba morir asesinado, Grigori Rasputin bebió mucho, empuñó una balalaika, cantó canciones de los mujiks rusos, y bastante ebrio, seguido por Félix Yusúpov, ignoraba que al final caería envenenado por una buena dosis de cianuro.
Yusúpov le dijo entonces a Rasputin que iba a subir ala alcoba para apurar a su mujer; pero en verdad fue a hablar con Fiodor Purishkevich: ambos estaban desesperados. ¿Y si era verdad que el monje tenía poderes especiales?
Para Purishkevich, que tenía sus personales ambiciones políticas, no iba a existir otra oportunidad como la que tenían frente a ellos: le pidió a Yusúpov que asesinara a Rasputin de un balazo.
Y Yusúpov cumplió: bajó al sótano con su pistola Browning en la mano y baleó a Rasputin por la espalda, mientras el monje contemplaba un crucifijo de espaldas.
Empezó entonces una gran tragedia rusa que duró varias horas en lo práctico y más de un siglo en la leyenda. El príncipe Yusúpov vio caer a Rasputin como fulminado por el balazo y volvió a trepar los escalones hacia el piso superior para decidir junto a Purishkevich la parte más difícil de un asesinato: qué hacer con el cadáver.
Decidieron cargarlo hasta la casa del diputado para dar la idea de que el crimen había sucedido allí y no en el palacio del príncipe, que volvió a bajar al sótano para examinar el cadáver. Cuando lo hizo, sintió que una mano muy fuerte le aferraba el hombro. Era Rasputin.
Yusúpov gritó aterrado y llamó a Purishkevich en busca de auxilio, mientras golpeaba al monje herido. Rasputin se puso de pie e intentó huir hacia el exterior helado del palacio.
En la puerta de salida del sótano, bajo la nieve, lo esperaba Purishkevich, pistola en mano, para acribillarlo; pero Rasputin escapó por otra puerta que daba al patio de la mansión y corrió sobre el hielo para intentar salvar lo que le quedaba de vida.
El conde Purishkevich le disparó entonces tres veces: dos tiros fallaron, aquellos asesinos estaban aterrados; pero el tercero le dio al monje en la espalda, lo hizo girar y caer de en el hielo, la boca abierta hacia la noche: el disparador se acercó y lo remató de un balazo en la frente.
Eran las primeras horas del 30 de diciembre. Los complotados rodearon el cadáver y allí se quedaron, en una extraña ceremonia de velatorio, hasta las cinco de la mañana, sin saber qué hacer con el cuerpo.
Con la idea de hacerlo desaparecer y, tal vez, para asegurarse de la muerte de aquel hombre endemoniado, lo arrojaron al helado río Neva, vecino al palacio de Yusúpov.
Tampoco fue una tarea fácil: debieron buscar un punto alto y eligieron el puente Bolshoy Petrovsk; desde allí arrojaron el cuerpo que hizo un agujero en el hielo para ser tragado de inmediato por las aguas.
El cadáver de Rasputin fue hallado el 1 de enero de 1917, aunque algunas fuentes fijan el hallazgo el 3. Estaba preservado por el hielo. Dos detalles eran detectables con facilidad: la mueca de horror en el rostro golpeado y el balazo en la frente, concluyendo así un episodio digno de la mejor de las novelas policiacas de aquella época convulsa.

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