El clan de (su)Frida(s)

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Por María Insunza

Es muy común que los mexicanos nos sintamos ofendidos por muchas cosas que la mayoría de las personas de otros países ni siquiera les parezcan relevantes. El que alguien le haga “el feo” a un artículo hecho en México puede ser motivo de indignación, lo mismo que si un artista o un cantante mexicano es apreciado en el extranjero provoca una explosión de orgullo que hace que grandes núcleos de la población nos sintamos dueños del personaje.

Esta característica psicosociológica no pasaría de ser un asunto trivial, si bien refleja una idiosincrasia, si no fuera porque en ciertas ocasiones las reacciones son tan exageradas que rayan en lo ridículo, ya sea que se trate de una expresión (los desprecios de un jefe de estado, las declaraciones de un futbolista, el árbitro que marca un penal que consideramos injusto, etc.) o bien, de productos, expresiones u obras artísticas de las que el imaginario colectivo se adueña, al punto de envolverse en la bandera nacional para invocar la soberanía.

En el caso de la Colección Gelman, conjunto de obras artísticas que fueron pacientemente recabadas por Jacques y Natalia Gelman durante varios años, comprando a los -en ese entonces pintores sin recursos- diversos cuadros, esculturas y otros objetos artísticos, hasta hacer un acervo que hoy, pasados los años y en medio de un mercado del arte cada día más sofisticado en las grandes urbes norteamericanas y europeas, representan muchos millones de dólares que despiertan la envidia de muchos que no las poseen, aunque si las tuvieran a dos pasos de su casa ni siquiera las voltearían a ver.

El caso más representativo es el de Frida Kahlo, aunque el grupo de artistas de la época, Rivera, Orozco, Tamayo, Siqueiros, Varo, Gerzo, etc., sea también muy cotizado. No obstante, la Fridamanía despierta no sólo envidias sino pasiones desmedidas cuando se habla de la cotización de un cuadro suyo en Nueva York. No importa que el museo Dolores Olmedo en Coyoacán tenga en su haber varias obras de esta pintora y no haya forma de verlas porque no hay recursos para mantener la casa en condiciones dignas y las histerias colectivas de quienes se sienten dueños de Frida, sin más mérito que ser mexicanos, hayan impedido que el Dolores Olmedo pudiera tener un museo digno en Chapultepec.

Con cierta frecuencia, los mexicanos solemos aplicar aquello de “si no es para mí, entonces para nadie”. Y esto parece animar al llamado ColectivoDefensa de la colección Gelman”. Durante 30 años dicha Colección permaneció en manos de quien fue designado específicamente su legatario por parte de la dueña de las obras, Robert Littman, un curador de arte cuya nacionalidad no es mexicana sino norteamericana y que hizo bastante con conservar este legado en medio de muchos ataques y dos juicios (en México y Estados Unidos) que determinaron que él fue el legítimo legatario y por lo tanto propietario de ese grupo de obras, a las cuales le sumó casi 300 más.

Perseguido en México y en Estados Unidos por el delito de ser legatario, Littman hizo lo que pudo y después vendió parte de esa colección con otras obras compradas por él mismo (legalmente un legatario no está obligado a cumplir todas las especificaciones del legador, sobre todo si no puede porque nadie está obligado a lo imposible).

Pero todo eso no les parece relevante a los defensores de la obra de Frida y sus colegas. En esos 30 años que pasaron, ningún ente del gobierno de México decidió comprarlas y ningún otro coleccionista con museo (que hay varios) logró que Littman les vendiera el acervo (y tal vez por eso operan en la sombra para desacreditar la venta a quienes hoy poseen la Colección). Pero tampoco hicieron una cooperacha, ni crearon un colectivo, ni han hecho una labor para que los 139 cuadros de Frida que no forman parte de la Gelman Santander se registren debidamente y menos que los expropie el gobierno. ¿Por qué estos sí, por qué ahora?

La colección está hoy en manos mexicanas y está cabalmente registrada ante las autoridades de Cultura, hay un convenio que circula en internet obtenido a través del sistema de transparencia, de modo que nadie puede decir que “no se saben las condiciones”.

La mejor forma de que Frida se conozca en todo el mundo es que se muestre y esto se hará y se está cumpliendo con la Ley. ¿Dónde están las demás obras? ¿Dónde el acervo considerado monumento artístico que no forma parte de esta colección y está en bodegas o en casas privadas? Colectivo: abran su objeto social y defiendan todo el acervo, en especial el que está tras las sombras. Es el mejor homenaje a Frida, si (su-nuestra-de nadie) Frida.

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