fbpx EL CIRCO y lo prohibido | Almomento | Noticias, información nacional e internacional

Juan Vives Rocabert/

 

toreroNuestros legisladores de la Asamblea Legislativa del Distrito Federal, haciendo gala de los denodados esfuerzos que cotidianamente realizan en favor del bienestar de la población a la que dicen representar, acaban de considerar la necesidad de prohibir la presencia de los típicos animales circenses en los programas habituales de dichos espectáculos.

Algunas de las razones esgrimidas tienen que ver con los derechos de los animales a ser respetados y cuidados, a no ser lastimados. Eso está muy bien. Sin embargo, una medida como la anterior parte del supuesto de que no se trata de casos particulares sino de una generalización en virtud de la cual todos los circos tratan mal y descuidan irrespetuosamente a sus animales. Esto último sería muy difícil de aceptar y/o probar.

El circo es un espectáculo milenario de fuerte raigambre popular que tiene una atracción muy especial sobre los públicos de todos los tiempos. El sadismo del circo romano no justifica la crueldad de espectáculos en los que personas y animales eran tratados como productos desechables sin respeto alguno ni para los primeros ni para los animales que participaban en dichas exhibiciones.

Pero, ¿no resulta una declaración prístina de una forma muy especial de ceguera cuando el establecimiento de estas medidas en relación a los circos corre paralela a la vigencia y autorización de la llamada “fiesta brava”? Si tenemos en cuenta que en el espectáculo de los toros casi siempre muere un animal a manos de un torero, aunque a veces se cambian los papeles, ¿no sería importante pensar antes en cuestiones como los toros, las peleas de gallos o las de perros, si de derechos de los animales se trata? En estos tres casos, se sacrifican animales luego de imponerles una gran dosis de sufrimiento cruel y poco digno, sobre todo si tenemos en cuenta que está promovido por nosotros, la más inteligente de las especies existentes.

La peleas de perros están prohibidas, lo cual está muy bien, entre otras cosas porque no es justo imponerles un sufrimiento gratuito y deliberado a esos animales, compañeros del hombre desde tiempos inmemoriales. Pero ¿y los gallos? Es cierto que no son, como los perros, los mejores amigos del hombre, sin embargo, las dosis de sufrimiento, dolor y muerte son las mismas. Y si pensamos en los toros los argumentos se multiplican ya que dentro de dicho espectáculo no sólo está programada y sancionada la muerte del animal -considerada la suerte máxima- sino que el rito de la tauromaquia contempla una suerte de varas y otra de banderillas con las que se tortura e imponen dolores innecesarios a los nobles brutos, como suele llamárseles.

Estas consideraciones no tienen nada que ver con problemáticas como las acaecidas en el box, deporte que mantienen dos seres humanos y no animales (aunque la tentación de establecer metáforas es grande) y que cuestan un buen número de vidas humanas cada año y un número incalculable de inválidos cerebrales en virtud de las secuelas que tan salvaje deporte dejan en sus practicantes.

Lo anterior es para no hablar de los cientos de muertes de bebés y niños a manos de sus padres, amén del sinnúmero de fracturas de brazos, piernas, costillas, hundimientos del cráneo, y daños psicológicos sin cuenta, etc. etc. que los infantes sufren por el problema aun vigente del maltrato infantil. De las mujeres mejor ya ni hablamos y sería preferible dejarle la palabra al Sr. Cuauhtémoc Gutiérrez.

Pero, es verdad; después de todo es más tranquilizante pensar que estamos haciendo patria al proteger a los pobres animalitos de los circos.

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AMN.MX/jvr

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