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Aletia Molina

Tan rara como inédita fue la detención en Estados Unidos del exsecretario de la Defensa Nacional en el sexenio de Enrique Peña Nieto, el general Salvador Cienfuegos Zepeda, como repentina resultó su liberación y traslado a México.

Era 16 de octubre, el presidente Andrés Manuel López Obrador se apresuró a decir en la mañanera: “Está detenido por la misma acusación el que fue secretario de Seguridad Pública de Felipe Calderón y ahora detienen al secretario de la Defensa durante el gobierno de Enrique Peña Nieto. Esto es una muestra inequívoca de la descomposición del régimen, de cómo se fue degradando la función pública, la función gubernamental durante el periodo neoliberal”.

Desde aquel día, Attolini, Ackerman, y esos “representantes” de la 4T, asumieron, como casi siempre hacen, que ahí estaba la señal presidencial para ensalzar esa detención como un triunfo más del gobierno.

Pero, ni el Presidente ni sus hordas de bots dimensionaron que este asunto, en realidad, es mucho más complejo de lo que podemos alcanzar a ver, incluso hoy.

Más allá de los discursos revueltos presidenciales para contradecir sus propias palabras, hay tres causas probables que pudieron haber motivado una decisión tan trascendental entre ambos países. Una de ellas es que pudo tratarse de una decisión unilateral del candidato Trump aún en su calidad de Presidente, con fines propagandísticos, para luego desestimar las acusaciones y venderle el favor a México, o mejor dicho, al Presidentito.

Otra más es que el Ejército Mexicano, como institución, consideró una ofensa por parte de las autoridades de justicia norteamericanas que se haya detenido a un general de tan alto rango sin dar aviso previo a su contraparte en México y eso haya motivado que las Fuerzas Armadas solicitaran (por no decir: exigieran) al Presidente su intervención directa e inmediata ante el gobierno de Estados Unidos para que, acaso, sea juzgado en México.

¿Más? Imaginen cuántas cosas, tenga pruebas o no, sabe un general del Ejército Mexicano sobre las profundidades de las insondables aguas de la clase política mexicana de todos los colores…

“Haiga sido como haiga sido”, reza aquella máxima, si alguien está interesado en aclarar cada una de esas acusaciones y dejar su nombre libre de mancha, es el propio Cienfuegos, porque muy probablemente aquí, no habrá nadie que lo acuse.

@AletiaMolina

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