fbpx

Aletia Molina

El futuro nos alcanzó impositivamente y con uno de sus peores rostros. El futuro nos alcanzó para desacelerarnos y detenernos.

Esta es una etapa histórica, ciudadanos confinados durante meses muestran ya signos de crisis mentales. En Nueva York (la ciudad más golpeada de todo Estados Unidos a causa del COVID-19) han crecido en un 1000% las llamadas a los centros de atención para personas afectadas por alguna crisis de ansiedad o necesitadas de terapia inmediata, ante el tortuoso y ya muy largo encierro.

Para nadie es un mito el hecho que los problemas que provoca el encierro van creciendo día a día. Desde la ansiedad por la economía, el temor por la propagación y picos de la enfermedad viral, así como los distintos flagelos persistentes en nuestras comunidades.

Estamos en una situación tan nueva que nadie tiene una respuesta para conocer “la luz al final del túnel”.

La alteración de las mentes va en aumento según el encierro persista, la desesperación será un factor muy determinante. Sin embargo, esta situación de confinamiento tiene un modelo de aprendizaje nunca antes visto.

Es determinante sacar los mejores afectos de nuestro ser y proyectarlo a las personas que nos acompañan durante el encierro o en nuestra comunicación diaria, sean familiares o no.

Toda esta realidad nos obliga a ser más analíticos en la información que consumimos; ser más críticos con las fuentes que consultamos y valorar a los medios según su confianza y credibilidad.

El encierro nos da la oportunidad invaluable y casi ineludible de la reflexión interna. De la evaluación personal. Quienes decidan tomar con un buen talante la reclusión, podrían fortalecer su conducta mental a fin de que cuando se les permita salir, valorarán mucho más, la libertad, el respeto a otros, la higiene, entre otras situaciones favorables para cualquier sociedad.

Ahora, ante las disposiciones que hace el gobierno de la Ciudad de México, sobre regresar “a la nueva normalidad” donde no se habla de fechas o soluciones concretas la Cámara Nacional de la Industria de Restaurantes y Alimentos Condimentados (Canirac) nos ha hecho imaginar y por lo pronto ya lanzó las pautas de preparación que deberán seguir los establecimientos, una vez que se levante la cuarentena.

Se trata de la implementación de estrategias que incluyen la desinfección del inmueble, el uso obligatorio de cubrebocas, careta facial por parte de los empleados y la reducción del número de comensales al 30% del aforo en todos los establecimientos, mesas con ocupación máxima de 10 personas. Decirle adiós (prácticamente) a los buffets y mesas de ensaladas; se eliminarán los servilleteros, decoraciones y los saleros serán para uso personal.

La interacción con los meseros será mínima, por lo que se multiplicarán los pizarrones o pantallas táctiles con los menús (en el mejor de los casos que sean menús desechables). Las áreas de juegos infantiles estarán cerradas por tiempo indefinido.

Y sí, son los restaurantes en México, no de Japón o Alemania.

Todos hablamos de la “Nueva normalidad”, conscientes de que se trata de una nueva concepción del mundo como lo conocíamos y sin embargo, añoramos que todo “vuelva a ser como antes”… Cuando, contra nuestra propia mente, sabemos que ya nada volverá a serlo.

El futuro nos alcanzó y junto con él una nueva realidad de la que no podremos escapar; le llaman “la nueva normalidad” y tiene que ver con un cambio radical en nuestros usos y costumbres.

Mientras no exista una vacuna comprobada y totalmente confiable en el mundo (al menos en 18 meses más), el nuevo coronavirus es el enemigo íntimo de la humanidad.

Preparémonos para convivir con el cubrebocas puesto, al menos dos años más. El gel antibacterial seguirá en nuestras manos diariamente. La jornada de sana distancia se quedará de manera tan extensa como la ciencia pueda salvarnos.

Aceptemos esta “nueva normalidad” con más jornadas de home office, con muchos más cursos y escuelas en línea. Los filtros de termómetro serán tan comunes, como lo es un saludo.

Ante todos estos nuevos comienzos, pensar en eventos masivos se ve lejano. Los festivales de música, conciertos, partidos de futbol, entre otros cientos de eventos populares tendrán que esperar mucho más de lo que hoy alcanzamos a imaginar.

Los cines, iglesias y teatros tendrán que ser reducir de manera significativa su afluencia y no hablamos de un año, sino de los siguientes dos o más.

Sin duda, el COVID-19 ha superado, por mucho, no sólo a los gobiernos de los países del mundo, sino a ¡nosotros mismos!

Sea cual sea nuestra posición política o filosófica sobre la pandemia, “la nueva normalidad”, es una realidad a la que no tenemos opción de rechazar. Hoy más que nunca, la crisis nos está llamando a cuidar nuestra mente, a pensar como comunidad y a aceptar una situación que sencillamente no está en nuestras manos.

Sin duda, la humanidad ya se definirá como un antes y después del coronavirus.

Bienvenidos todos al futuro… Bienvenidos a “la nueva normalidad”.

@AletiaMolina

Comentarios

comentarios