DESDE FILOMENO MATA 8: Contra la fatalidad política no hay defensa

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Por Mouris Salloum George*
Viejo es el peritaje sociológico y filosófico de que, si el poder corrompe, el poder absoluto, corrompe absolutamente. No hay quien cruce ileso esta aduana.
Antes de que México importara la subcultura de las encuestas para fines de mercadotecnia y éstas investigaciones de mercado se aplicaran a la política, haciendo abstracción de que esta actividad oferta ideas y no comida chatarra, ya se sabía que el ejercicio del poder desgasta. Es una fatalidad comprobada científicamente.
Cuando funcionaba en México el fiel de la balanza para decidir candidaturas a puestos de elección popular, la magia del régimen presidencialista no esperaba calendarios futuros: “Va sin vara”, se decía en el llano, como llamado a la estampida de los búfalos.
En la era de la posmodernidad, los aspirantes a un hueso por elección constitucional han pretendido acreditar sus méritos mediante la contratación estudios demoscópicos para presentarse como el bueno. Al concluir su mandato, vuelven a ese recurso para alzarse con un hueso más carnoso.
La suerte de los candidatos hechos por y para el mercado
En la temporada de transición democrática, el primer candidato presidencial construido por los medios electrónicos, fue el casi panista Vicente Fox.
Los que contribuyeron a esa “hazaña” y exaltaron el potencial del voto útil se negaron a reparar en que el triunfo del ex gobernador guanajuatense pasó como balsa sobre aceite por el corredor Los Pinos-Instituto Federal Electoral.
Los mismos exegetas no tardaron en aceptar que, antes de despachar en Los Pinos los dos primeros años, el Presidente había agotado ya el bono democrático que le endosaron los votantes en 2000. Cuando fue regresado a su Rancho San Cristóbal, dejó un irrespirable olor a azufre. El poder desgasta.
En 2012, el PRI se dio como recurso El efecto Peña Nieto para volver a Los Pinos. Como Fox, el mexiquense había sido una construcción televisiva. Desde las primeras elecciones después de la instalación en Los Pinos del mexiquense, el PRI empezó a resbalar por el tobogán: En cinco años perdió el partido cinco millones de votos. Para 2020 se confirmó que del tricolor había desertado más de 70 por ciento de sus miembros efectivos, según reciente compulsa practicada por el Instituto Nacional Electoral. El poder desgasta.
¿Se le agotó a López Obrador el capital electoral?
Cuando, en 2018, se volcaron a las urnas más de 30 millones de votantes para dar sus sufragios a Manuel López Obrador, los de Morena creyeron recibir un cheque en blanco y se dedicaron a dormir en sus laureles. Corrección: En sus espinales.
Las encuestas vuelven a ser consultadas: El tabasqueño dispone de una reserva de más de la mitad de los encuestados que aprueban su gestión. No es éste el dato que interesa a los sedicentes analistas. Lo que les interesa son los puntos porcentuales que ha perdido en los resultados entre las recientes y las últimas encuestas. El poder desgasta.
Otra cosa son los factores objetivos que inciden, no necesariamente en el desencanto popular -que existe sin duda en determinados segmentos sociales-, sino en el interés de los beligerantes, sobre todo de aquellos que, en la escena electoral, haciendo uso legítimo de sus pretensiones, magnifican los datos demoscópicos para acarrear agua a sus molinos.
No hay plazo que no se cumpla: Potencialmente, dentro de cuatro meses se sabrá que fuerzas políticas se hicieron de nuevas franquicias partidistas nacionales; en septiembre-octubre el Instituto Nacional Electoral dará la señal de salida a las contiendas de 2021. Dentro de 11 meses, en tanto los nuevos partidos nacionales no podrán hacer campañas en alianzas, los actualmente activos empezarán a negociar pactos con los pares que mejor les convengan.
En todo caso, con independencia de la fecha definitiva que determinaría en última instancia la Suprema Corte de Justicia de la Nación, para 2021 está la propuesta de consulta popular concurrente sobre la permanencia de López Obrador en Palacio Nacional.
Entonces, en las casillas electorales -no en los algoritmos de computadoras de las agencias encuestadoras- se sabrá de qué cueros salen más correas. Tan sencillo y constitucionalmente como eso. Vale.
*Director General del Club de Periodistas de México, A.C.

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