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Mouris Salloum George
A los comicios de 2021 serán convocados 94 millones de potenciales votantes, según se ajuste el listado electoral nominal. Por el número de cargos en disputa (más de 21 mil titulares) y el de ciudadanos con derecho al voto, se describen las del 21 como las elecciones más grandes de la historia de México.

Lo cual adorna mucho a los árbitros electorales, si no fuera porque, a ese colosal reto, los partidos políticos con registro nacional y los de registro estatal, asisten con los mismos usos y costumbres irrenunciables: Más de lo mismo.

Si bien en 2018 estuvieron distantes de las urnas más de 30 millones de ciudadanos, el resultado se ha descrito como una gran revolución electoral pacífica. No regateamos prendas.

Después de una experiencia de esa magnitud, se esperaría que el conjunto de partidos activos hace dos años, incluyendo al nominalmente vencedor, hiciera un ejercicio de autocrítica como plataforma para acometer una renovación interna de raíz, para darle causa y cauce a la voluntad de los mexicanos que sufragaron por un gran cambio en lo político, lo económico y social; esto es, un nuevo modelo de cultura democrática.

Autocrítica, que empieza con a, primera de nuestro abecedario, no está en el lexicón de los partidos actuales: El semáforo se quedó en rojo.

Ilusorio, civilizar la lucha de los contarios frente al México bronco

Un marco conceptual: La Reforma Política 1977-1978 propuso el diseño de un sistema político de partidos para civilizar la lucha de los contrarios frente a las acechanzas del México bronco.

De aquella reforma vino el artículo 41 de la Constitución, que dio a los partidos políticos naturaleza jurídica como entidades de interés público. Por si fuera necesario recordarlo, el concepto vale lo mismo que interés general o nacional, según nuestro Pacto Social. Con ciertos aromas teológicos, el bien común.

Importa lo mismo, o más, otro mandato constitucional: Los partidos son responsables de la participación del pueblo en la vida democrática y, como organizaciones de ciudadanos, hacer posible su acceso al poder público de acuerdo con los programas, principios e ideas que postulan.

De un bipartidismo en sano, al gran piso de remates electoral

No es ese un asunto de poca monta: La oferta programática e ideológica a los electores, es la que hace la diferencia entre los partidos que pugnan por el poder público. Sólo a manera de ilustración de tiempos no lejanos: El PRI se abanderaba con los valores y principios liberales y revolucionarios. El PAN era reputado como el partido del retroceso. Los campos estaban definidos a la vista y el humor de los votantes.

El esquema se fracturó cuando el PAN pacto la Alianza estratégica con el PRI salinista en 1988. En lo sucesivo, los partidos se refugiaron en un hibridismo doctrinario supuestamente de centro y no hubo alianza o coalición electoral aborrecida. El colmo llegó con la firma del fáctico Pacto por México en 2012.

Hacia 2018, interesaron poco las denominaciones partidistas. Los que tenían posiciones antisistema fueron catalizados al llamado a echar a la mafia del poder.

Vienen las elecciones más grandes de la historia de México. ¿Dónde estamos parados? A las dirigencias nacionales de los partidos no les preocupa lo más mínimo revisar, depurar y enriquecer sus padrones de miembros activos, cada vez menos, según auditorías del Instituto Nacional Electoral (INE).

Tienen como prioridad, esas dirigencias, desde ya -incluso la de Morena- la de buscar alianzas con los partidos, no precisamente los más presentables ni más representativos.

Transa de candidaturas, cachirulos y prorrateo de votos

Esos compromisos implican, como actos constitutivos de fraude a la democracia, permuta de candidaturas por territorios, inclusión en las listas plurinominales de gente que no podría ganar un encargo por mayoría, cachirulos con los subsidios públicos, prorrateo de votos en favor del aliado más débil para que conserve sus registro, etcétera.

Como sea, el INE dará la voz de arranque dentro de escasos tres meses para las jornadas de 2021. En 15 estados que tendrán elección de gobernador, son legiones los postulantes madrugadores que, desafiando el poder del Covid-19, ya están en plena epilepsia por el poder político. Literalmente, ante el coronavirus, lograr las candidaturas o morir en el intento. Esa es la democracia “a la mexicana” en 2020. Qué le vamos a hace.
(*) Director General del Club de Periodistas de México, A.C.

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