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El futbol apasiona a las masas, y eso es aprovechado para distraer o para hacer grandes negocios, afirma el psiquiatra Juan Vives Rocabert

aficionadoloco  

CIUDAD DE MÉXICO, 14 de junio (Al Momento Noticias).- Pocas cosas más apasionantes que un partido de futbol en una Copa del Mundo. Una pasión que el verdadero aficionado vive con tal euforia que puede pasar de una gran felicidad a una profunda e inesperada depresión en apenas un remate a gol.

Peor aún. Cuando la experiencia se vive en colectivo, como en un estadio, la emoción deforma la realidad al grado de distraer al aficionado de otros asuntos vitales como la familia, el trabajo o un asunto político que lo afecta directamente.

Además de esta desconexión con la realidad, en algunos casos, quien observa un juego puede incluso presentar conductas irreflexivas y atreverse a hacer prácticamente cualquier cosa.

La euforia
La euforia

Así lo explica en entrevista el psiquiatra Juan Vives Rocabert, quien señala este fenómeno como parte de lo que estudia la psicología de masas.

“El futbol es un deporte que apasiona a las masas, entonces podemos estudiarlo, justamente, desde la perspectiva de la psicología de las masas. Hay una deformación, por decirlo así, muy particular de la realidad, y creo que este tipo de comportamiento es aprovechado para distraer a las personas de otras cosas que son quizá más relevantes, o para hacer grandes negocios, como es el mundial de futbol. Es decir, para causas que tienen mucho más que ver con lo económico que con lo deportivo”.

Cuando un aficionado, menciona Rocabert, está sumergido en la pasión de un juego, olvida todo lo demás, tal y como se vaticina que ocurrirá a partir de hoy que comienza el Mundial de Futbol Brasil 2014.

Coincidentemente, hablando de distracciones, las votaciones de las leyes secundarias en telecomunicaciones y energía en México podrían realizarse en plena contienda mundialista.

Los aficionados “pueden ser utilizados políticamente dado que están más interesados en ver qué pasa con el equipo mexicano, que con lo que pueda pasar con ciertas decisiones en las cámaras legislativas. Acaparan toda su atención y obviamente desatienden otras cosas. Bueno, ¡hasta hay gente que deja de trabajar para ver los partidos!”.

Apunta que si bien la psicología de masas funciona alrededor de un líder -como en las sectas religiosas- éste no tiene que ser necesariamente una persona, puede ser simplemente una idea o un acontecimiento.

“Digamos que en un estadio el espectáculo gira alrededor de ese evento máximo que es cuando la pelota atraviesa el marco y penetra en las redes. El gol es lo que guía a las masas, que no necesariamente necesitan a un líder en persona. La idea es el líder.

“Tan es así, que las masas se pueden organizar para provocar fenómenos estéticos impresionantes como la ola. Ésta no tiene un líder concreto, no hay una persona que diga: ‘Ahora vamos a hacer la ola’”, detalla Rocabert, quien es colaborador de Al Momento Noticias.

Afirma que, inmersa en esa euforia colectiva, la masa puede presentar lo que en psicología se conoce como una disminución de la conciencia moral o responsabilidad moral.

“La masa tiende a una conducta más bien regresiva que puede transformarse en irreflexiva. De repente la masa puede hacer cosas que nadie en su sano juicio y fuera de esa situación de masas sería capaz de hacer. Inmersos en una masa, alguien es capaz hasta de matar en un momento dado”, alerta Rocabert, quien señala que difícilmente alguien, en un estadio, podría escaparse a una emoción de alegría o frustración, según sea el caso.

“Uno participa del ambiente dentro de un estadio. Yo creo que estar dentro de un estadio y no participar de eso es como ser un marciano. Uno sería un extranjero absoluto si no participa de lo que es la lógica de los fans y del equipo y de lo que implica el torneo en juego”.

Depresión colectiva

Pero ¿qué pasa cuando hay demasiadas esperanzas depositadas en un equipo y éste finalmente pierde? Rocabert dice que el aficionado experimenta una depresión colectiva, aunque, aclara, es de muy poca duración. A diferencia del individuo, la masa no conoce tristezas a largo plazo.

La desilusión
La desilusión

“Los públicos son muy especiales, porque así como depositan a veces el honor patrio en un equipo de futbol, y luego este honor queda bastante maltrecho cuando ese equipo no pasa a la siguiente ronda, también es cierto que pronto se olvida.

“Recuerdo un famosísimo mundial en donde, luego de que México quedó descalificado, todos apoyamos a Brasil, que al final fue el campeón. Todos estábamos bailando samba en las calles. Son depresiones de muy breve duración.

“Las masas se recuperan muy pronto en ese sentido porque no hay una lealtad emocional. Afortunadamente, la gente no toma en serio que el honor de la patria está en los pies de once jugadores”, apunta Rocabert.

Sin embargo, aunque la tristeza puede ser pasajera, también es cierto que pueden presentarse algunas afectaciones físicas más permanentes, advierte el especialista. Afirma que a alguien le puede dar un infarto en un partido –que ya ha ocurrido- o tener un ataque de apoplejía por presión elevada ante una situación muy tensa desde la perspectiva emocional.

“Cuando en el último minuto el equipo contrario mete un gol y nuestro equipo pierde, alguien puede tener un infarto. Claro, es una posibilidad de reacción emocional in extremis, pero puede ocurrir”, finaliza.

 

AMN.MX/jca/trv

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