La tuba colimota forma parte de las expresiones gastronómicas y culturales más representativas de Colima. Su presencia en calles, mercados y espacios tradicionales está ligada a un oficio que comienza lejos del vaso, en la parte alta de las palmas de coco, donde los tuberos recolectan la savia utilizada para preparar esta bebida.
Su elaboración se mantiene vigente gracias a conocimientos que han pasado de una generación a otra y que actualmente forman parte del Inventario del Patrimonio Cultural Inmaterial de México. La práctica combina técnicas agrícolas, destreza física y experiencia para aprovechar la palma sin interrumpir su producción.
La tuba llegó a Colima mediante intercambios con Filipinas
El origen de esta tradición se remonta al siglo XVII, cuando la técnica para obtener y consumir la savia del cocotero llegó al occidente de México con viajeros filipinos vinculados al Galeón de Manila. Este intercambio conectó Asia con la Nueva España y permitió la incorporación de distintas prácticas culturales y alimentarias.
En Filipinas, la tuba ya formaba parte de la vida cotidiana, mientras que en territorio mexicano encontró condiciones para arraigarse y transformarse con el paso del tiempo. En Colima adquirió características propias hasta convertirse en una expresión asociada con la identidad local, aunque la tradición también tiene presencia en Jalisco y Michoacán.
Su permanencia durante siglos muestra cómo una técnica de origen asiático logró integrarse a las costumbres del occidente mexicano. Actualmente, la bebida no solo conserva su vínculo histórico, sino que continúa presente en la vida diaria y en la oferta gastronómica del estado.
El oficio del tubero requiere experiencia y conocimiento especializado
La elaboración comienza cuando el tubero asciende hasta la parte superior de la palma para trabajar directamente con la inflorescencia del cocotero. Antes de que la flor abra, realiza cortes periódicos sobre el racimo y coloca un recipiente destinado a recolectar la savia que desprende la planta.
El procedimiento requiere identificar el momento adecuado para hacer cada corte, conocer la respuesta de la palma y mantener un aprovechamiento constante. Estas habilidades se adquieren mediante la práctica y la transmisión de conocimientos, por lo que el trabajo del tubero representa mucho más que la comercialización de una bebida.
Esta actividad también ha contribuido a mantener la presencia de la tuba en mercados, calles y espacios comunitarios de Colima. De esta manera, el oficio conecta directamente el entorno agrícola con las dinámicas urbanas y permite que la tradición continúe formando parte de la identidad cotidiana del estado.
Frutas y cacahuates acompañan distintas formas de beber tuba
Una de las características de la tuba colimota es la variedad de formas en que puede consumirse. La savia puede beberse prácticamente al natural y fría, pero también suele combinarse con ingredientes que modifican su sabor y textura.
Entre las preparaciones tradicionales se encuentran versiones acompañadas con granadina, manzana, pepino y cacahuate. Esta presentación ha contribuido a que la bebida conserve presencia entre habitantes y visitantes, al tiempo que mantiene como base el líquido obtenido directamente de las palmas.
Detrás de cada vaso existe un proceso que comienza varios metros sobre el suelo y depende de conocimientos especializados. Por ello, la tuba reúne en una misma preparación historia, trabajo artesanal y gastronomía, elementos que han permitido consolidarla como uno de los símbolos culturales vinculados con Colima.
AM.MX/CV



