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Mónica Herranz

 

CIUDAD DE MÉXICO, 8 de Diciembre (AlmomentoMX). La nota de esta semana es acerca de la asertividad. A lo largo de esta nota podrá encontrar una definición detallada de qué es y cuáles son sus aspectos fundamentales, de modo que al terminar de leerla será capaz de explicar clara y concisamente todo lo referente a este concepto.

Dicho lo anterior, vayamos al tema. La depresión post parto es una depresión de moderada a intensa que se presenta en la mujer después de que ha dado a luz, manifestándose después del parto o hasta un año más tarde. La mayor parte del tiempo ocurre dentro de los tres meses posteriores al alumbramiento. Esto pude sucederle a cualquier mujer sin causa aparente. El brusco descenso de hormonas que experimenta el cuerpo de la mujer tras el parto suele ser el responsable. Algunas sensaciones contradictorias que vive la mujer como nueva mamá, entre ellas la ansiedad, la tristeza, el cansancio y el nerviosismo pueden romper el desarrollo del vínculo bla, bla, bla bla…

Quizá se estén preguntando en este momento queridos lectores, que hago hablando de depresión post parto cuando comenté al inicio que el tema del día de hoy sería la asertividad. Seguramente estarán pensando que me equivoqué de nota o que se me fue el avión o que  habré sido incongruente entre lo que dije que escribiría y lo que estoy escribiendo. Lo más probable es que al menos, de inicio, se hayan sorprendido y hayan tratado de encontrar una explicación a tal hecho, quizá incluso hayan intentado volver al inicio y corroborar si dije que escribiría de un determinado tema, sin embargo y, aclarado que no ha sido una equivocación sino un ejercicio deliberado, la pregunta es ¿cuántas veces en las relaciones interpersonales que tenemos día a día, no decimos una cosa y hacemos otra? Y eso, eso sí tiene que ver con la asertividad.

Generalmente, a la hora de relacionarnos, ya sea en relaciones amorosas, laborales, familiares, etc., solemos generar ciertas expectativas en el otro a través de nuestros planteamientos y luego, por muy distintos motivos, porque pueden ser muy variados, damos la espalda a esos planteamientos, a la o las expectativas que generaron y nos desentendemos de ellas, dejando al otro en confusión, angustia o ansiedad.

Veamos cómo está definida la asertividad para entender por qué podemos darle la espalda. La asertividad está definida como el comportamiento comunicacional en el cual una persona no agrede ni se somete a la voluntad de otras personas, sino que manifiesta sus convicciones y defiende sus hechos. Es también una forma de expresión consciente, congruente, directa y equilibrada, cuya finalidad es comunicar nuestras ideas y sentimientos o defender nuestros legítimos derechos sin la intención de herir o perjudicar, actuando desde un estado interior de autoconfianza, en lugar de la emocionalidad limitante típica de la ansiedad, la culpa o la rabia.

Podría considerarse que la asertividad ocupa un lugar intermedio, dentro de lo comunicacional, entre la pasividad y la agresividad, ya que no implica sumisión ni agresión, sino que es una manifestación consciente, congruente, directa y equilibrada, y justamente estos cuatro adjetivos que la caracterizan son los “responsables” de que a veces le demos la espalda.

Para una parte de la mente y a veces para la mente en su totalidad es más fácil recurrir a la evitación, lo que equivaldría a darle la espalda, a la huida, o a la evasión, que hacer un análisis detenido, consciente, congruente y equilibrado de una situación y actuar en consecuencia. Si nos vamos hacia la huida o la evitación, no tenemos que enfrentarnos o confrontarnos con sentimientos, emociones, sensaciones o realidades que no nos gustan, como si una parte de la mente creyera que por no confrontar una situación ésta dejara de existir o se fuera a resolver por sí misma o fuera mágicamente a desaparecer.

Entonces, claro que hay una gran parte de confort en no ser asertivos, mientras no lo seamos, no hay que reflexionar, que analizar, que confrontar, que decidir, etc., lo que efectivamente puede ser más cómodo pero no por ello más funcional. Al contrario, la falta de asertividad, habitualmente suele derivar en mayores conflictos, no sólo para quien no es asertivo sino para quienes lo rodean.

Pongamos un caso común hoy en día para tratar de ejemplificar más claramente a qué se refiere en términos prácticos este concepto en las relaciones interpersonales. Imaginemos a una pareja que comienza a salir, a conocerse y en la que al parecer el interés mutuo comienza a cobrar relevancia. Ambos se dicen palabras de amor, se ven a futuro como una pareja estable, no han definido si se casarán o no, o vivirán juntos o no, pero se han hecho comentarios en el sentido de compartir juntos el futuro próximo. Ninguno de los miembros de la pareja muestra desagrado por esta posibilidad, de modo, que frente a las palabras del otro, cada uno va generando sus propias expectativas sobre la naciente relación. Pasan algunos meses, y de repente, uno de los miembros de la pareja comienza a distanciarse sin dar explicación alguna o sin que haya motivo aparente, la comunicación es cada vez más y más espaciada, menos íntima y menos interesada, el otro mimbro de la pareja lo nota y lo pone sobre la mesa, entonces, el otro, lejos de dar una explicación, un motivo o una razón de tal alejamiento, simplemente ¡desaparece!, dejando a la otra persona en  ansiedad y angustia por la falta de respuesta.

Puede haber un millón de motivos por los que quién desapareció haya decidido hacerlo, sin embargo, eso no es lo relevante, lo que es relevante es la falta de asertividad, es decir, la dificultad o incapacidad de plantearle a su pareja los motivos por los que ya no quería continuar en esa relación y la muestra de falta de congruencia entre lo que expresaba y lo que hacía, porque por un lado alimentó las expectativas a futuro (lo que dijo) y luego desapareció (lo que actuó) y como se podrá observar, entre lo dicho y lo actuado no hay congruencia.

Ser asertivo implica hacer un ejercicio importante de honestidad con uno mismo y con los demás y actuar en consecuencia, claro que en cierto sentido es más fácil la evitación, sin embargo, el resultado puede ser mucho más complicado. Tratemos en la medida de lo posible de ser asertivos, de no mentirnos, porque no es al otro a quien se le miente, es a uno mismo. Finalmente al otro podemos evitarlo, o podemos evitar una situación, un acontecimiento, podemos evitar tomar una decisión, o

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*Mónica Herranz

Psicología Clínica – Psicoanálisis

facebook.com/psiherranz psiherranz@hotmail.com

 

Confrontar una realidad, pero no será posible, nunca, evitarnos a nosotros mismos.

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