fbpx

*Mónica Herranz

 

Ella no sabía por dónde empezar, había ensayado el diálogo en su mente una y otra vez, pero luego, a la hora de tenerlo enfrente se quedaba sin palabras. Sentía dificultad en expresarle lo que estaba pasando porque era un tema delicado y no quería herirlo, ni a él ni a su virilidad.

 

Él sin duda era un hombre agradable, aunque a ojos de ella bastante ambiguo. Por un lado era un hombre atractivo físicamente, inteligente, responsable, trabajador e independiente y por el otro tenía conductas infantiles y aniñadas que resultaban disrruptivas tanto para su edad como en su comportamiento.

 

Y además…, ¡cómo decirlo!, a la mera hora del quiúbole qué, entre el juego previo y las caricias, ella se dio cuenta de que él…él… lo tenía chiquito, ¡muy chiquito!, vaya cuestión. En primera instancia a ella le generó sorpresa, porque si bien era una mujer con cierta experiencia sexual, nunca le había tocado una situación similar. Conocía digamos lo que concebía como un pene estándar, de unos 12 cm aproximadamente en erección, centímetro más, centímetro menos, que es de acuerdo a diversas fuentes médicas, el promedio de un pene masculino adulto en erección.

 

En fin, tras la sorpresa, apeló al famoso dicho popular de que el tamaño no importa y continuó en la faena pensando que quizá él podría recurrir a otras estrategias para que ella también la pasara bien, pero para su decepción, resultó ser el sexo menos satisfactorio que había tenido en su vida. Estaba estupefacta, no sintió nada, absolutamente nada a la hora de la penetración, aunque hizo el intento y probó en distintas posiciones. Para menor fortuna, terminó fingiendo un placer que en realidad no sintió en lo más mínimo porque no supo qué otra cosa hacer.

 

Él por su lado, parecía ajeno a toda aquella situación, tuvo lo que ella interpretó como un orgasmo lindo y tierno, pero no en un sentido de amor romántico, sino en un sentido infantil, ¿se han imaginado alguna vez a un osito cariñosito teniendo un orgasmo? Bueno, pues algo así es a lo que ella se trataba de referir y le generaba una especie de corto circuito interior.

 

Con este motivo de consulta fue que ella llegó a psicoterapia, se sentía contrariada, él era un hombre que apreciaba y al que podía haber contemplado como una posible pareja, pero dudaba, porque así como pueden resultar interesantes algunos aspectos en un candidato a pareja como que sea responsable o comprometido o trabajador, o caballeroso, etc., (cada quien su lista), en la de ella, la intimidad, la sexualidad, jugaba un papel importante también. Consideraba que ésta va mucho más allá de penetrar – ser penetrada, para ella tenía que ver con una compaginación de los cuerpos, de los ritmos, de un compás, de entendimiento, de deseo y eso no lo había experimentado con él.

 

En un primer momento incluso planteó que quizá aquel hombre podría padecer de una condición llamada microfalosomía o más popularmente conocida como micropene. Ésta es una condición genética que hace que la longitud del pene sea sumamente pequeña, específicamente hablando, menos de siete centímetros en erección después de que el varón ha alcanzado la adultez.

 

¿No se lo voy a ir a medir, no Doctora?, -planteó ella-, sin embargo, mujer ingeniosa, encontró la manera de confirmar o descartar. Midió su pulgar y a la hora de estar de nuevo con él y acariciarlo, discretamente comparó éste con el pene de él, quizá la libraba, apenas la libraba. El pulgar de ella medía 5 centímetros de largo, y acaso el pene de él llegaría a los siete u ocho centímetros aproximadamente.

 

Entonces, ¿decírselo o no?, porque evidentemente para él no representaba ningún conflicto. Ella decidió que no. La combinación entre la conducta aniñada e infantiloide de él, más la cuestión de la insatisfacción en la sexualidad, la hicieron concluir que no tenía sentido. Pensó que si él hubiera sido el hombre de su vida sí se lo habría dicho y juntos podrían haber encontrado la manera y hubieran planteado estrategias para resolver aquel inconveniente, pero no era así. También concluyó que efectivamente el tamaño no es lo que importa porque el que un hombre no haya sido dotado naturalmente de un tamaño de pene promedio no está en su dominio o control, sin embargo, hacer algo al respecto sí lo está.

 

La microfalosomía es una condición muy poco común que se presenta en 1 de cada 866 varones en el mundo y se debe a alteraciones en la meiosis (proceso de reproducción celular), resultando en la diferenciación inadecuada de las células productoras de testosterona que es la hormona sexual más importante en el varón.

 

Desde tiempos inmemoriales se ha reforzado la idea de que el tamaño del pene está directamente relacionado con la hombría y la virilidad y por lo tanto, psicológicamente, un hombre que considera que la longitud de su pene es insuficiente, tenderá a experimentar baja autoestima, frustración, soledad, obesidad e irritabilidad como síntomas principales.

 

Ahora, la longitud del pene no está relacionada directamente con el placer sexual del varón – quizá por ello él ni cuenta se dio de la situación -, pero el de la mujer sí, motivo por el que ella no pudo dejar pasar desapercibida esta situación.

 

El placer de la mujer está relacionado con el contacto con el clítoris, la zona exterior de la vulva y la entrada de la vagina y con el punto G, que está situado a varios centímetros de la entrada de la vagina; por tanto, la microfalosomía no permite que la mujer alcance un orgasmo vaginal durante el coito.

 

Ahora, ¿debe representar necesariamente la microfalosomía, o el hecho de que un varón tenga un pene de poco tamaño, aunque no califique como microfalosomía, un problema de pareja? No necesariamente.

 

Las parejas que atraviesan por esta situación pueden acudir a terapia juntos o pueden hacer psicoterapia individual. Esto, junto con la colaboración de un sexólogo, podrá dotar a ambos miembros de la pareja, tanto de un espacio para hablar y abordar cómo se siente cada uno de ellos a nivel individual y conjunto, como de una serie de estrategias y herramientas que ayuden a la satisfacción plena de ambos en la sexualidad, independientemente del tamaño del pene.

 

¿Sabe? -dijo ella para finalizar- he concluido que a él lo que le falta no es longitud en el pene, -bueno, sí, jajaja-  pero lo que realmente le falta es la intención; la intención de reconocer que por ese mismo motivo se han alejado otras parejas de él, la intención de procurar a su compañera en la intimidad, la intención de  compensar con otras alternativas que conduzcan a la satisfacción de ambos y no sólo a la de él, la intención de resolver, es ahí donde está verdaderamente la falta y no donde se cree.

 

*Mónica Herranz

Psicología Clínica – Psicoanálisis

facebook.com/psiherranz psiherranz@hotmail.com

Comentarios

comentarios