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*Mónica Herranz

 

Si les contaran su propia historia quizá ni ellos mismos se la hubieran creido. Ella entrada en sus cincuentaytantos y él por terminar la sexta década se conocieron en una reunión, dónde un querido amigo, a modo de cupido, tuvo la fabulosa idea de hacerlos coicidir. Desde aquel día, que por cierto, fue cerca de finales de año y hasta hoy, comparten el camino y la vida, son luz el uno para el otro y a la par alumbran el camino de todos quienes los rodean. ¡De encanto!

 

Volvió a encontrarse a aquella peculiar señora a la hora de la comida en el pequeño restaurante frente al hospital. La mujer, ya entrada en años pero con una vitalidad envidiable, cabello teñido de rojo y una sombra de ojos entre naranja y dorada que resaltaba sus ojos miel, retomó como si nada la conversación que habían tenido la vez anterior que coicidieron. ¿Te acuerdas de la viejita que estaba yo cuidando en el hospital?, pues hace un ratito se murió. Entre la sopa, la ensalada y el plato fuete le contó los pormenores, -un infarto, parece, aunque aun no sale el certificado, quien sabe cuanto tardará. Sus hijos, como siempre despreocupados, aunque uno de ellos si se despidió y le pidió perdón. ¿Qué cosas verdad?, ¡cómo la gente se muere también en estos días, sin importar si viene Navidad o fin de año!. Pues nada, ya me voy que hay que ver lo de los trámites, buen provecho-. Desencanto.

 

Ya es de noche y ha llelgado a casa cansada y adolorida, la tarde de posada terminó en el consultorio del ortopedista. Su pequeña tiene un esguince en el pie. Reposo, muletas, bota por quince días…¿en serio?,-ha pensado- ¿en estas fechas?. ¡De desencanto!. No podrá correr o jugar durante las vacaciones, seguramente por momentos tendrá dolor o incomodidad, puede ser que esté llorosa o con muchas ganas de apapacho. Apapacho que ella le dará porque es una magnífica mamá, aunque a veces se desespere o se canse, simpre está al pie del cañon, cuidando y todos sabemos que amar es cuidar. ¡De encanto!.

 

Estas tres breves, brevísimas historias, tienen encanto y desencanto, junto o por separado. Si pudiésemos conocer cada una de ellas a detalle  podríamos ver los diferentes matices que desde el encanto hasta el desencanto hay. Las historias rara vez son blancas o negras como la vida msima, que de despliega y va transurriendo bajo un inmenso abanico de colores.

 

Diciembre, como cualquier mes, da y quita, es sólo que además nos invita a hacer un balance, a sentir que debemos cerrar ciclos, ventanas o  puertas, para abrir esperanzas, balcones e ilusiones. No dejemos de hacerlo, porque pase lo que pase siempre valdrá más la pena intentarlo que quedarse con las ganas.

 

Amemos o no, riamos o no, celebremos o no, aprovechemos o no, la vida de todos modos se nos va y si ha de ser así, porque es irremediable que así sea, al menos que se nos vaya bien bailada, bien cantada, bien bebida, bien comida, bien convivida y bien vivida.

 

Cambiamos de año y de década y mientras escribo surge inevitable la pregunta, ¿en qué andaba yo a finales de 2009?. ¿En dónde recibí el 2010?. Trás algo de esfuerzo van llegando algunos recuerdos, aunque a decir verdad, también he echado un ojo a una red social para corroborar; no me ha servido de mucho, cosas de no postearlo todo… ¿Usted se acuerda querid@ lector?, ¿cómo y dónde terminó y recibió la década que estamos a punto de despedir?.

 

¡Que la memoria y la buena salud nos acompañen por lo menos diez años más, dónde seguramente de nuevo estaremos haciéndonos tal pregunta o alguna similar!. Por lo que a mi repecta estoy segura que esta ocasión no se me va a olvidar, no necesitaré ver fotos o alguna red social para recordar. Dos mil diecinueve ha sido bueno conmigo  y el ya llamado veinte veinte, en principio, suena genial. ¡Dicen por ahí que grandes cosas vendrán!.

 

*Mónica Herranz

Psicología Clínica – Psicoanálisis

facebook.com/psiherranz psiherranz@hotmail.com

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