CIUDAD DE MÉXICO.- En la etapa final de la vida, el organismo experimenta una serie de cambios fisiológicos que forman parte del proceso natural del cuerpo al acercarse la muerte. Médicos, enfermeros y especialistas en cuidados paliativos han documentado distintos signos que pueden aparecer en las últimas horas de vida, especialmente en pacientes con enfermedades avanzadas o en estado crítico.
Aunque cada persona puede presentar síntomas diferentes dependiendo de su condición médica, algunos cambios físicos y conductuales suelen repetirse con cierta frecuencia en las últimas 24 horas. Identificar estas señales puede ayudar a familiares y cuidadores a comprender mejor el proceso y brindar acompañamiento adecuado durante esta etapa.
Uno de los signos más comunes en las horas previas a la muerte es la alteración en el patrón respiratorio. Los especialistas señalan que la respiración puede volverse irregular, más lenta o presentar pausas prolongadas entre inhalaciones y exhalaciones.
En algunos casos aparece un fenómeno conocido como respiración de Cheyne-Stokes, caracterizado por ciclos de respiraciones profundas seguidas de pausas. Este cambio ocurre porque el cerebro comienza a perder la capacidad de regular adecuadamente el ritmo respiratorio.
Durante las últimas horas de vida es común que las personas experimenten un descenso progresivo en su nivel de conciencia. Esto puede manifestarse como somnolencia profunda, dificultad para responder o largos periodos de sueño.
Los expertos explican que este fenómeno ocurre porque el organismo reduce su actividad metabólica y el cerebro recibe menos oxígeno y flujo sanguíneo. Como resultado, el paciente puede permanecer en un estado de semiinconsciencia o inconsciencia.
Otro síntoma frecuente es la alteración en la circulación sanguínea. A medida que el corazón pierde fuerza, la sangre comienza a concentrarse en los órganos vitales, reduciendo el flujo hacia las extremidades.
Por esta razón, es común que las manos y los pies se sientan fríos o adopten una coloración pálida o azulada. Este cambio refleja el proceso de disminución de la actividad cardiovascular.
En las últimas etapas de la vida, el cuerpo deja de requerir la misma cantidad de energía. Por ello, muchas personas pierden el interés por la comida o las bebidas.
Los médicos indican que este proceso es natural y forma parte de la preparación del organismo para el final de la vida. Forzar la alimentación en esta fase suele ser innecesario y puede generar incomodidad para el paciente.
La pérdida progresiva de fuerza es otro signo que suele observarse cerca del final de la vida. El paciente puede tener dificultades para levantarse, sentarse o incluso mover las extremidades.
Este debilitamiento ocurre porque el organismo dirige su energía hacia funciones básicas de supervivencia, mientras otros sistemas del cuerpo comienzan a disminuir su actividad.
La piel puede experimentar transformaciones visibles durante las últimas horas. Entre los cambios más frecuentes se encuentran manchas irregulares o una tonalidad moteada en brazos y piernas.
Los especialistas señalan que esto sucede debido a la reducción del flujo sanguíneo y a la disminución de la presión arterial, lo que altera la distribución normal de la sangre en la superficie del cuerpo.
En algunos pacientes puede aparecer un sonido característico al respirar, conocido en medicina como “estertor terminal”. Este ocurre cuando se acumulan secreciones en la garganta o en las vías respiratorias.
Debido a la debilidad muscular y a la disminución del reflejo de deglución, el paciente ya no puede eliminar estas secreciones con facilidad, lo que genera el sonido al respirar.
Algunas personas pueden experimentar confusión, desorientación o episodios de agitación en las horas finales de vida. Este estado también puede incluir dificultad para reconocer a familiares o responder a estímulos.
Los expertos explican que estos cambios pueden estar relacionados con la disminución del oxígeno en el cerebro, así como con alteraciones metabólicas que ocurren en el organismo en esta etapa.
Finalmente, uno de los signos más frecuentes es el aumento en la duración de los periodos de sueño. Muchas personas pasan la mayor parte del tiempo dormidas o con los ojos cerrados durante el último día de vida.
Según especialistas en cuidados paliativos, este fenómeno refleja el proceso natural de apagado del organismo, en el que el cuerpo reduce gradualmente su actividad hasta detener sus funciones vitales.
AM.MX/fm
