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Porta del libro, “Cuando Nanjing suspira”/ Cortesía: Penguin Random House

CIUDAD DE MÉXICO, 06 de mayo, (AlMomentoMX).- A través del ojo de la escritora y periodista luso-boliviana, Cristina Zabalaga, llega esta novela que muestra la manera de afrontar un duelo y reconstruir la vida encontrando un nuevo significado.

Estela llega a esa ciudad para escribir una guía de viajes y, además enterrar a su esposo. Ella se dedica a desarrollar guías inusuales de todos los rincones del mundo. Viajando se siente en casa. Libre. Sin embargo, esta vez es diferente: acaba de perder a su marido y se percibe como un negativo borroso, una mala copia de sí misma.

Con su estadía en Nanjing, sus visitas frecuentes al río Yangtzé y los encuentros con los habitantes de la ciudad, Estela hallará la fuerza para lidiar con su duelo y reencontrarse en esta ciudad habitada por miles, millones de suspiros.
Cuando Nanjing suspira es una novela entre neblina. Con un paisaje brumoso y un ritmo casi marítimo, Cristina Zabalaga construye una obra en la que el duelo, la ausencia y la reconstrucción adquieren un nuevo significado.

FRAGMENTOS

“Despiertas a tiempo para el desayuno.
Te cuesta despegar los labios.
Tu lengua adormecida se pasea por tu boca seca y tu saliva espesa.
Los comprimidos que te ayudan a dormir también te dan migrañas y dejan tu cuerpo adormecido y pesado. Te sientes incómoda en tu propia piel. La sientes ajena, una talla o dos más grande, como las camisas de Xao Xing que remangas con mucho cuidado antes de vestirlas por las noches.

Desde que comenzaste a tomar los comprimidos, caminas semidormida. Cuando estás despierta te sientes cansada, tan fuera de ti que todo lo que sucede a tu alrededor lo ves pasar como a través de una pantalla. Como en la tele. Te has convertido en un negativo borroso, una mala copia de ti misma.
No sabes cómo será tu mundo sin tu marido, y tampoco tienes ganas de averiguarlo.
No todavía.”

“Xao Xing era un observador, y a ti te gustó ser observada.
Cuando la mirada de Xao Xing se cruzó con la tuya por primera vez, te sentiste eléctrica, como con la risa de mamá. Su mirada te atravesó toda. Puede ver dentro de mí, pensaste. Al comienzo te sentiste avergonzada. Luego te dio rabia. Pero cuando Xao Xing se acercó y después de darte la mano para presentarse te volvió a mirar, su mirada te reconfortó. Como si no tuviesen que hablar para entenderse. Te sentiste completa.

Cuando creías que te quedarías sola por el resto de tu vida, porque mi felicidad sólo depende de mí, como solía decir tu querida Amelia, llegó Xao Xing. Como si la sensación de búsqueda constante y la pelea para no caer en la melancolía se hubiesen acabado.”

“Decidiste no vestirte de negro, como la abuela. Unos vestidos con botones por detrás a los que Laurinda, tu nana negra, les sacaba brillo, después de abotonarlos con mucho cuidado. Quizás por eso vivía sudando. La humedad de Limón no combinaba bien con el luto de la abuela, de una tela pesada que vestía primero por el abuelo, y después por mamá.

Sospechas que, por papá, la abuela jamás se habría vestido de negro. Recoges tu maleta. Esperas las de Xao Xing. Casi no traes ropa para ti. Más de la mitad la ocupan las camisas, los pantalones, los cinturones y los zapatos de tu marido. Pusiste casi toda su ropa en tu maleta y sus libros en la otra.

Mija, para qué cargar con toda la ropa de su marido si puede regalarla. Y los libros que pesan tanto, Estelica.
Todavía no sabes que harás con sus cosas, quizás se queden en Nanjing, quizás vuelvan contigo a Limón. Por ahora te consuelan y también te acompañan.”

AM-MX/mla

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